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LA DIVINA PASTORA |
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Por Mariano Cecilia Espinosa
El derribo del convento de los PP. Capuchinos de Orihuela supuso además de la consecuente pérdida patrimonial de un edificio de interés histórico, la disgregación de todo el patrimonio artístico, documental y bibliográfico que albergaba en su seno. Obras como el Cristo de la Sangre de Ponsoda, las Tres Ave Marías y la Divina Pastora de Galarza, numerosas piezas de orfebrería, lienzos como El Hallazgo de la Virgen de la Fé, la propia biblioteca de los capuchinos y su archivo, salieron de Orihuela para ser depositados en otros conventos de la provincia capuchina; Orito, Totana o Masamagrell fueron algunos de sus destinos. Unas décadas después, la Divina Pastora, obra cumbre de Enrique Galarza, escultor especialmente vinculado a Orihuela con trabajos tan relevantes como la Santa Cena o el Cristo del Calvario, ha vuelto temporalmente a nuestra ciudad, gracias a la iniciativa de la Asociación San Antonio de Padua. En los próximos días la imagen de la Divina Pastora tendrá
que volver de nuevo a Orito, lugar donde se ha conservado desde el derribo
del convento oriolano, a pesar de las reivindicaciones de muchos oriolanos
del barrio del Rabaloche y de nuestra propia asociación. Es una
pena que se obvie que esta pieza fue costeada por los oriolanos, tal como
consta en la libreta de las ?Cuentas de la Congregación de la Divina
Pastora de Capuchinos de Orihuela (1940 ? 1948)?, conservada en el Archivo
de la Provincia Capuchina. Según los datos publicados por don José
Vicente Ciurana Viguer, la imagen encargada a Galarza costó 4500
pesetas más 55 pesetas por los portes de la traída de la
imagen a Orihuela. La obra fue pagada por la Congregación de la
Divina Pastora integrada por vecinos del barrio, según parece los
capuchinos no aportaron cantidad alguna para sufragar los gastos de la
escultura. Desde la Asociación de Amigos de Orihuela pensamos que
esta imagen debe permanecer en Orihuela ya que es patrimonio del Rabaloche,
al igual que el resto de piezas disgregadas en conventos de Valencia y
de la región de Murcia, estas últimas corren el riesgo de
ser catalogadas como patrimonio de la Diócesis de Cartagena. Es
necesario que Orihuela reivindique aquel patrimonio que le ha sido expoliado
y del que desgraciadamente tenemos diversos ejemplos, las puertas del
órgano de la Iglesia de las Santas Justa y Rufina, conservadas
en Alicante o el LLibre del Repartiment, en Cataluña, son tareas
pendientes que debemos afrontar.
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