Javier Sánchez Portas
Oriolano.
Próxima la conclusión de la exposición de La Luz
de las Imágenes en Orihuela, es momento de hacer balance desde
una óptica diferente de lo que han pregonado por doquier los organizadores.
No vale el decir todo es perfecto y el contador ya está en medio
millón de visitantes. Eso es falso.
Como conocedor, desde hace muchos años, del arte y la historia
de nuestra ciudad, no me vale todo, no voy a comulgar con ruedas de molino,
y tengo la obligación de dejar constancia de algunos hechos que
no quedarán reflejados en la crónica oficial.
El planteamiento de restaurar todos los monumentos de la ciudad en seis
meses ya resulta ridículo de inicio y lógicamente los resultados
son lamentables. No se pueden restaurar edificios y obras de arte a fecha
fija como si se tratara de una cita electoral con su correspondiente propaganda.
No se puede recuperar el abandono y desidia que ha sufrido nuestro patrimonio,
durante décadas, en unos días y pretender que todo está
bien. Ni los edificios se han hecho ahora, ni los objetos son de ahora,
todo existía ya y sólo se expone otra vez.
En
los preparativos de la exposición se tiró el Palacio del
Inquisidor. Era lo más fácil, pues estaba muy céntrico
y restaurarlo era imposible en tan poco tiempo y dejarlo allí parecía
antiestético,
por eso, al día siguiente de presentar en Orihuela el libro sobre
Palacios y casas nobles de la Provincia de Alicante, que incluía
éste, se derribó sin control ni licencia. Luego aparecieron
los pelota de turno descubriendo la maravillosa vista del Seminario y
pidiendo que no se repusiera el palacio, los mismos que no se han dado
cuenta que la vista del castillo y del Seminario se está perdiendo
precisamente donde era tradicional, en el puente de Levante.
-Derribo de la
casa del Inquisidor
-Su Plaza y la mía
La
sede del Colegio de Santo Domingo es buena prueba de lo mal que se han
realizado las restauraciones. Las dos portadas del Colegio están
ahora con andamios para proteger la caída de cascotes y parte
de la cornisa se cayó y no se ha repuesto desde hace un año.
La iglesia es el único lugar restaurado para la ocasión
y presenta múltiples fallos, el suelo se ha cambiado de mármol
por barro, sin ningún criterio ni necesidad, removiendo el subsuelo
sin una adecuada excavación arqueológica; se ha quitado
la cancela del siglo XVIII porque estaba deteriorada ¡vaya restauración!
y se han retirado y cambiado de sitio las tumbas que había en
el presbiterio. La capilla del Rosario que durante treinta años
ha estado apuntalada, por fin se ha restaurado, pero ha perdido su pavimento
original de piedra. Las pinturas de la Iglesia más que restaurarlas
se han repintado, igual que todos los dorados y corlados, de forma que
hoy es lo más parecido a una Falla. La restauración se
ha hecho sin ningún criterio y como ejemplo evidente, quien quiera
comprobarlo puede ver que las ventanas de la iglesia son reales en la
parte de la izquierda y están simuladas en la parte de la derecha;
antes cada una tenía dieciséis cristales, ahora solo cuatro,
razón, el arquitecto cambió las ventanas de madera por
cuatro cristales horizontales y la restauradora, fina y segura, repintó
los tranpantojos con la nueva imagen de la ventana, simulando solo cuatro
cristales. ¡Viva la rigurosidad!
En
la Catedral el desastre ha sido mayor, si cabe. Se ha cambiado el pavimento
ajedrezado blanco y rojo por otro gris, pero lo peor es que para ello
se levantó todo el subsuelo sin realizar la
pertinente excavación arqueológica que obliga la legislación,
echando una capa de hormigón sobre los sepulcros e impidiendo
que se conozca si existieron pilares en el centro del crucero y los
restos de la mezquita islámica que por tradición y documentalmente
estaba situada en este lugar. Ante las protestas de Amigos de Orihuela
los organizadores adujeron que no eran las tumbas del Vaticano, pero
está claro que nuestra catedral tampoco es San Pedro. La piedra,
tanto del interior como del exterior, en lugar de limpiarla se pintó,
o mejor se embadurnó, con una especie
de lechada de cal perdiendo la textura y color originales. El arquitecto
conservador de este monumento nos tiene acostumbrados a esta y mayores
lindezas, sin ir más lejos cuando cambió el techo del
archivo catedralicio lo dejó a cielo descubierto, sin retirar
los documentos y mobiliario, y cuando restauró la torre le quitó
una reja del siglo XV–XVI.
-Criptas
de la Catedral Selladas con Hormigón
-Pintada la Fachada de
la Catedral en vez de restaurada
En
el Palacio Episcopal, donde he entrado con asiduidad desde 1982, me
alegro de haber hecho, fotos pues prácticamente es como si entrase
a otro edificio. ¿Dónde está el salón amarillo,
su decoración, su altura, sus proporciones? ¿Dónde
está el salón del trono? ¿Dónde está
el retrete isabelino? ¿Dónde están los armarios,
puertas y ventanas de cuarterones? ¿Dónde está
la baranda de la escalera secundaria? La preciosa fachada de ladrillo
macizo con arcos de descarga y encintados de yeso que apareció
debajo del enfoscado, en la calle Mayor, no se recuperó, cuando
esa era la original del palacio barroco. El claustro cubierto parece
un invernadero y en el centro del patio, donde hubo un pozo, han colocado
la lápida de un sepulcro. La entrada actual a la exposición,
lugar donde proyecté instalar las piezas de mayores dimensiones
del futuro Museo Diocesano, se convertirá en un pasaje para que
resulte más rentable el garaje privado construido en lo que era
suelo público. La baranda de piedra de la galería del
río se ha sustituido por otra de mármol, más rica,
pero falsa. Las proporciones de las estancias están completamente
desvirtuadas y ha perdido el encanto palaciego, para convertirse en
un contenedor vulgar.
Santas
Justa y Rufina es, aparentemente, la menos castigada por las restauraciones,
pero cuando quiten la exposición se verá que también
es la menos restaurada. Las capillas laterales conservan todavía
la pintura gris con rayas simulando sillería y cubriendo la piedra
original, la capilla de la Comunión y la antecapilla se han quedado
sin restaurar, siendo partes muy importantes del templo; por no decir
la sacristía diseñada por el arquitecto de la fachada
barroca de la Catedral de Murcia –Jaime Bord Miliá- que
se ha utilizado para comer y dormitar por el personal de servicio de
la exposición.
En
la Parroquia de Santiago también se pensaba hacer una restauración
de seis meses, pero salió el tiro por la culata y todavía
no se ha abierto al público, cuando está a punto de concluir
la exposición. Las referencias sobre su restauración no
son muy halagüeñas, por las noticias que tengo. Las lámparas
de las capillas no se han repuesto, los zócalos de la capilla
de los Dolores se han sustituido por mármoles modernos, en el
archivo aparecen y desaparecen los libros, como si hubiera brujas, y
todas las tejas del siglo XVIII han desaparecido, cuando podían
utilizarse en futuras restauraciones en edificios eclesiásticos
de Orihuela ¿Dónde están? Alguien se ha planteado
lo que valen.
-La Restauración
de Santiag
En fin, estas son algunas de las múltiples cuestiones que me
planteo sobre esa falsa Luz que iba a resplandecer sobre Orihuela. Desgraciadamente
se comprueba que solo es una campaña de propaganda que utiliza
los monumentos nacionales para, literalmente, colocar gigantescos carteles
taladrando los sillares de nuestros más preciados edificios,
con una finalidad más terrenal que espiritual. Dónde están
las promesas de restaurar la Iglesia de San Agustín, el mayor
templo de la
ciudad. Ojalá me equivoque, pero me temo que acabará como
la Merced, hundiéndose la cúpula y derribándola
los próceres de Orihuela. Y de nuevo la penumbra, como una losa,
sigue cayendo sobre nuestro patrimonio.
-Abandono de la
Iglesia de San Agustínr
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