CASINO ORCELITANO
 

 


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En 1887 comienza la construcción del Casino de Orihuela proyectado por la Sociedad de recreo "Casino Orcelitano", cuya presidencia ostentaba por entonces Manuel Roca de Togores, quien iniciaría en Febrero de este año los trámites para su ejecución.

El nuevo edificio se situará en la Calle del Puente Nuevo (actual c/ Arzobispo Loazes) en terrenos adyacentes al local que la sociedad tenía como sede, ocupando el solar de la antigua posada de Pizana y el espacio que comprendía la casa del Molino de Cox.

La edificación del Casino conllevará una serie de modificaciones urbanísticas en el seno del pequeño callejón del molino, adyacente a su solar, siendo alineado en su primer tramo, eliminando el recoveco que formaba a su entrada. Con esta alineación se consiguió la regularidad que la planta de la nueva construcción requería, dado el carácter clasicista que se le pretendía dotar.

En Noviembre de 1888 se solicita parte de la vía pública para la construcción de la escalinata de mármol que debería ser el acceso al Casino, ya que el edificio se elevaba 1 m por encima del nivel de la calle, debido exclusivamente a la presencia del podium sobre el que se asienta el inmueble.

Según el proyecto, la estructura del edificio constaría de una planta, de extraordinarias dimensiones, en desarrollo horizontal, erigido con base a un podium que contendrá a toda la edilicia. La puerta de entrada a modo de arco triunfal, esta formada por dos grandes pilastras dóricas que sustentan un gran arco de medio punto que se eleva por encima del edificio en un claro recurso monumental. La entrada se divide en tres accesos bien delimitados por cuatro columnas de orden dórico quedando como motivo central de la arquitectura. La regularidad compositiva y sobre todo la simetría, será imperante en el diseño de la construcción, muy cercano a los dictámenes clasicistas de la Academia. De esta forma se distribuirán simétricamente tres vanos en cada lado, enmarcados por un guardapolvos clásico y balcones con barandilla de hierro. En los extremos de la fachada emergen dos grandes pilastras dóricas apoyadas en el podium que recorre el edificio buscando en todo momento la monumentalidad, objetivo que se está dando en toda la construcción, siendo no más que el reflejo de la mentalidad de la clase burguesa del momento. El sistema de cubrición del edificio es el tejado pero aunque la solución constructiva no es el terrado, el remate sigue siendo el tradicional antepecho de obra apoyado sobre plintos.

Aunque el edificio está dentro de la órbita clasicista, sin grandes innovaciones estilísticas, símbolo inequívoco del conservadurismo de la sociedad del momento, en especial de la clase burguesa, en sus interiores se dejará notar el gusto por los pujantes revivals historicistas, materializados en algunos de sus salones. La clase burguesa utilizará este recinto para sus reuniones y para exponer su concepto de clase firmemente establecida y dominadora de la vida social y política de la ciudad.

Con el transcurso de los años el edificio sufrió algunas transformaciones, tanto en sus interiores como en la propia fachada. De esta forma los vanos originales de la fachada fueron remozados en los años 20 para colocar grandes ventanales decorados con guirnaldas.
En la actualidad el edifico se encuentra muy deteriorado y necesita de una intervención que recupere sus valores históricos. Hace unos meses la empresa de Construcciones Doalco intentó comprar el edificio con el fin de derribar la parte trasera que no se encuentra catalogada y restaurar el resto del edificio. Dicha propuesta no fue aceptada por los socios del Casino Orcelitano.