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IGLESIA
DEL SANTO SEPULCRO
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Reseña Histórica
Localización Geográfica La ermita del Santo Sepulcro se encuentra ubicada en las últimas postrimerías de la ciudad de Orihuela, próxima al convento de Santa Ana de los PP. Franciscanos y en las primeras estribaciones del monte Oriolet (156 m de altitud) a unos 40 m por encima del nivel del mar. El edificio estaba ligado a los franciscanos observantes de Santa Ana ya que era regentado por la orden tercera del citado convento. Su privilegiada situación geográfica como punto dominante en altura sobre el Arrabal Roig, permitía que fuera una destacada referencia visual, algo imprescindible dado su carácter de lugar sagrado y de cohesión social. Funcionalmente respondía como un espacio en donde se congregaban los fieles para las diferentes manifestaciones religiosas, especialmente las expresiones de fe pública, como es el caso del Vía Crucis que tenía lugar en sus inmediaciones y que concluía en su recinto. El vía Crucis y la función del Descendimiento. El trayecto de este Vía Crucis se iniciaba en la Iglesia del Convento de Sta. Ana, recorriendo su paseo, para emprender luego la subida hacia la ermita, situada en una pequeña elevación, que representaba, como es propio de estas manifestaciones, el calvario de la pasión de Jesucristo. Esta función religiosa derivó en el actual topónimo de la calle que hoy accede a la Iglesia del Santo Sepulcro (c/Calvario). El recorrido de este Vía Crucis se iniciaba junto a la alameda de San Francisco en los aledaños del Convento de Santa Ana recorriendo un trayecto que estaba jalonado por catorce capillas con altares que, como indica Gisbert Ballesteros en su historia de Orihuela, fueron demolidas y reconstruidas en 1762, ya que se encontraban muy deterioradas. Estas capillas quedaron muy maltrechas tras la guerra civil, siendo restauradas durante la posguerra, pero como siempre ocurre y parece ser ya tradición en Orihuela, desaparecieron definitivamente durante la década de los 70, al igual que buena parte del patrimonio de nuestra ciudad. Historia de la ConstrucciónLos primeros datos conocidos de la existencia de la Iglesia del Santo Sepulcro se remontan hasta 1666 cuando Montesinos cita su construcción a expensas de un hermano tercero de origen francés Juan Brocal, natural de París. Por otro lado una serie de documentos localizados por el Padre Agustín Nieto nos hablan de varios sucesos acontecidos en la ermita entre los años 1693-1695 y por tanto de su existencia en el siglo XVII. La reedificación de la Iglesia durante el siglo XVIII En la década de 1720 tenemos constancia documental de la reedificación de la Iglesia del Santo Sepulcro, según aparecía reflejado en el Libro I de Actas de la V.O.T: “Tambien fue propuesto por dicho Hº Mayor que en atención a estarse haciendo la Hermita del Sto. Sepulcro nueva, y muy adelantada la obra a expensas de los Hnos. Sacristanes y limosnas que en aplicación, cuidado y zelo recogen... se les diese de las limosnas de las Bestas, para ayudar a la obra ocho libras moneda del Reino”.
El 20 de Mayo de 1733 se acordó conceder licencia al Hermano Juan Pacheco para edificar una casita a espaldas del Santo Sepulcro, bajo las condiciones de habitar solo en ella con el fin de hacer vida solitaria y penitente, sin familia alguna y que tras su muerte dicha casa pasaría a ser propiedad de la Venerable Orden Tercera. La fachada principal; portada y escudo de armas de la V.O.T. La portada de la ermita se construyó hacia la década de 1720 según se deduce del estilo en la que esta construida similar a otras tantas portadas conservadas en la ciudad es el caso de la portada principal del desaparecido Palacio Ruiz de Villafranca (1725). Se encuentra realizada en piedra labrada, enmarcada entre dos pilares cajeados de estilo dórico decorados con arquitrabe, friso y cornisa lisa. Los pilares descansan sobre un podium que a su vez se alza sobre una escalinata de acceso de grandes lajas de piedra, que sirve para salvar el desnivel que existe entre la capilla y la calle. Destaca encima del dintel de la puerta el escudo de armas de la V.O.T colocado en el año 1762 que nos muestra bajo que tutela fue construida la ermita. Cita Montesinos que este escudo de armas fue colocado porque la Iglesia Parroquial de Santiago a la que pertenecía la feligresía de este lugar pretendió que esta ermita fuese suya y quedara bajo su regencia. La venerable Orden Tercera se defendió colocando sus armas sobre el dintel de la puerta y desde entonces el Prelado de los franciscanos, el Padre Provincial, visita el edificio junto al Convento de Santa Ana. A la altura del coro se abría una ventana oval, hoy ligeramente transformada, que ocupaba un lugar central en la fachada y que serviría para iluminar la estancia. Como es típico en las ermitas, la fachada se cierra con una espadaña en donde estaría colocada la campana, que desgraciadamente ha desaparecido, y que fue colocada en 1764, según la inscripción que tenía inscrita “MARIA JOSEPHA SE HIZO EN EL AÑO 1764. JESÚS”. Planta del edificio El actual edificio presenta tres estructuras bien diferenciadas; la Iglesia y dos casas adosadas a ambos lados. La Iglesia, que es lo que aquí realmente nos interesa, tiene una planta de cruz latina con una nave central cuyo crucero se encuentra poco acusado en planta. La cabecera la forma un amplio ábside de planta poligonal que corresponde a la capilla mayor, a la cual se accede por una escalera lateral. Adosada a ésta hallamos un pequeño absidiolo, con la misma estructura, que en su origen estaba cubierto por una cúpula de tejas árabes coronada por una linterna, que funcionaría como sacristía. La definición barroca de la construcción en donde preponderaba la luminosidad ante todo, hizo que se abrieran vanos para que penetrara la luz y la Iglesia estuviera bien iluminada, distribuyendo ventanas ovales a ambos lados del crucero y en los laterales del presbiterio, así como también en el interior del camarín, (algunos de ellas están cegados actualmente). En lo que refiere a la cubierta, se puede apreciar en la primera crujía una bóveda de cañón con arcos fajones y lunetos, que con vistas al exterior forma una cubierta de vertiente a dos aguas, esta bóveda se ha derrumbado recientemente, símbolo inequívoco del alarmante estado de la edificación. El crucero estaba rematado por una gran cúpula sobre tambor de tejas de media caña de tipo árabe, también tristemente desaparecida y que fue rellenada con hormigón. Materiales y Técnicas constructivas. Los materiales utilizados en la edificación son esencialmente piedras sin trabajar recogidas de las inmediaciones del lugar, (calizas, metabasitas –este último material nos confirma este hecho, ya que es propio del Monte Oriolet -), tejas fragmentadas y ladrillos utilizados para erigir los pilares, el arco del altar mayor o la puerta de acceso al camarín. Como técnica de construcción de los paramentos se utiliza la mampostería de piedras irregulares cogidas con argamasa. Las paredes y muros exteriores se encuentran revestidos por un enlucido, mientras en los interiores se aprecian diferentes capas de estuco, en donde hay que destacar la capa originaria con pinturas barrocas que enmarcan el altar mayor, cuyos motivos decorativos son principalmente los símbolos de la pasión. Hay que destacar otros restos de pinturas que simulan el mármol en la puerta de acceso al camarín. Ornamentación interior: Pinturas murales y retablos La Iglesia tenía retablos en las capillas laterales del crucero, como se puede apreciar en los huecos que quedan de ensamblaje y en el altar mayor, como atestiguan las fotografías anteriores a la guerra civil y la documentación existente sobre su ejecución. Los tres retablos se realizaron prácticamente a la misma vez, en el año 1761, siendo encargados un año antes. En la Junta del 20 de Enero de 1760 se comisionó al Hº Ministro y al Hº D. Juan Carrobet para que trataran el adorno del camarín del Santo Sepulcro. El 18 de Enero de 1761 el hermano ministro D. Pedro Miravete propuso realizar dos altares colaterales al Santo Sepulcro, es decir en las capillas laterales del crucero del templo. Estos retablos ya estaban ajustados en la Junta del 18 de Junio de 1761 al precio de 80 libras cada uno, especificándose que uno de ellos ya estaba concluido. El 18 de Octubre de este año se cita la colocación del camarín tallado de madera del Santo Sepulcro; de los dos altares colaterales con sus imágenes y cuadros superiores. El retablo de la capilla mayor lo conformaban dos grandes columnas ornamentadas con rocallas, motivos vegetales y florales, en su intradós aparecían cabezas de angelitos policromados, dentro del más puro estilo barroco. La Imagen del Santo Sepulcro y la urna. En la Junta del 27 de Noviembre de 1763 se acordó realizar la urna del Santo Sepulcro. El 22 de Abril de 1764 ya estaba concluida y se comisiona de nuevo al Hº Ministro Dr. D. Pedro Miravete, “para que se dore lo que sea necesario y el cascaron del camarín”. Los trabajos del dorado del camarín y la urna del Santo Sepulcro costaron 3000 reales. En 1765 se adquirió una nueva urna con cristales para el Santo Sepulcro que costó mas de 300 pesos. En este camarín se colocaba un Cristo yacente que por tradición se atribuyó a Nicolás de Bussi, aunque se dijo que en los años previos a la guerra civil era de cartón, por tanto pudo haber sido sustituto del anterior. Lo que sí está claro es que como relatan algunos testimonios orales, la imagen fue quemada en Julio del 36, durante la persecución religiosa, en la misma puerta de la Iglesia. Deterioro del edificio Los primeros signos de deterioro de la Iglesia del Santo Sepulcro aparecen documentados desde las primeras décadas del siglo XX. El 6 de Septiembre de 1932 el concejal socialista del ayuntamiento republicano, Sr. Cubí, denunció ante la corporación “el estado ruinoso y las denuncias de los vecinos por el peligro que amenaza”. Tras esto se acordó, previo informe de la comisión de ornato, el derribo de la Iglesia. Por motivos hasta ahora desconocidos este acuerdo no se llevó a cabo y afortunadamente permaneció en pie. Unos cuantos años antes, el 20 de Junio de 1920, la V.O.T acordó “ reparar la cúpula del Santo Sepulcro que amenazaba ruina”. Durante los comienzos de la guerra civil el templo fue saqueado y destrozado surgiendo la necesidad, tras la guerra, de repararlo y recuperar el edificio para el culto. La penuria económica de aquellos momentos hizo difícil hacer frente a las costosas reparaciones que debía afrontar la V.O.T. cuyo patrimonio había quedado muy maltrecho tras la guerra (destrucción de imágenes, enseres religiosos...) que urgentemente había que reparar. Pero la lucha que mantuvieron algunos oriolanos integrantes de la V.O.T fue constante durante las dos décadas inmediatamente posteriores a la guerra civil. En los años 40 y 50 fueron muchas las obras que se llevaron a cabo en la Iglesia; reconstrucción de la pared del ábside en 1944, recuperación de los “ pasos” del vía – Crucis... obras que a menudo eran suspendidas por falta de fondos. Para conseguir dinero se recurría a rifas o se utilizaba el dinero obtenido del besapie de Ntro. Padre Jesús pero el estado de la Iglesia exigía más medios económicos que la V.O.T no podía afrontar a pesar de todos sus esfuerzos. Desde entonces su deterioro se ha acrecentado paulatinamente, hasta el grado de deterioro que presenta en la actualidad. A finales de la década de los 70, la V.O.T vendió la ermita a una Comparsa de Moros y Cristianos, los Caballeros del Rey Fernando que ostentan en la actualidad su propiedad. En los últimos años se ha derrumbado toda la bóveda de cañón que cubría la nave principal del templo y en estos momentos el riesgo de desaparición de este inmueble es inminente. |
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