Este artículo pretende ser una reflexión sobre la situación
actual de deterioro y degradación que presenta el Casco Histórico
de la Ciudad de Orihuela, en todas sus vertientes; históricas,
arquitectónicas, sociales, demográficas, funcionales y
turísticas.
La capital de la antigua gobernación de Orihuela, segunda ciudad
en importancia del reino de Valencia, esta calificada como una de las
ciudades de mayor monumentalidad de la Comunidad Valenciana, su importancia
histórica ha dejado huella en su callejero, conservando hasta
hace pocas décadas un Casco Histórico intacto que conservaba
innumerables joyas arquitectónicas.
A finales del siglo XVIII la visión urbanística de Orihuela
aún mostraba el esplendor de una ciudad cabeza de gobernación
y núcleo floreciente del Sur Valenciano, así nos mostraba
el ilustrado Cavanilles su impresión sobre la localidad oriolana;
“Hay en ella multitud de calles espaciosas y rectas, casas magníficas,
templos suntuosos adornados con vistosos mármoles del reyno;
viven allí muchos nobles, hacendados y ricos siendo los restantes
hay a casi el número de 5000 labradores, ó artesanos de
varios oficios que fabrican lo necesario á los de la ciudad y
pueblos de la comarca, Todo abunda en Orihuela, á donde los moradores
de la huerta llevan sus ricas producciones”.
A lo largo de todo el siglo XIX, la decadencia de Orihuela se acrecienta
con la supresión de la Universidad y el traslado de la capital
diocesana a Alicante quedando como una ciudad provinciana de segundo
orden, sin sus instituciones más señeras y significativas.
Todo esto quedará bien reflejado de nuevo en su urbanismo, así
nos lo describe a principios de siglo José Martínez Ruiz
Azorín:
“El Segura pasa entre dos ringlas de viejas casas. En las calles
estrechas y sucias se asoman vetustos caserones y conventos Van y vienen
por ella clérigos con la sotana recogida en la espalda, frailes,
monjas, mandaderos de conventos con pequeños cajones y cestas,
mozos vestidos de negro y afeitados”.
Estas dos descripciones de Orihuela nos muestran perfectamente el
viraje del esplendor a la decadencia de una ciudad que anclada en el
pasado no mostrará signos de recuperación hasta bien entrado
el siglo XX. Desde un punto de vista urbanístico serán
muy pocas las mejoras, si en el siglo XVIII la ciudad experimentará
un fervor constructivo sin precedentes, con obras fomentadas por la
nobleza y la Iglesia, durante todo el siglo XIX, la decadente economía
oriolana facilitará la escasa promoción de nuevas obras,
en donde tan solo podemos destacar la construcción en 1862 del
Paseo Nuevo de Orihuela y el abandono lento pero paulatino de sus edificaciones.
A partir de la segunda mitad del siglo XX, la especulación urbanística
y la desidia de diferentes corporaciones municipales han sido los desencadenantes
del comienzo de la destrucción del rico patrimonio tanto monumental
como residencial de la ciudad de Orihuela.
A pesar de la gran cantidad de edificios desaparecidos el casco histórico
aún conserva inmuebles dignos de conservación pero que
en la mayoría de los casos aún siguen en un estado precario
y necesitado de actuaciones decididas que les devuelvan el esplendor
de antaño.
En 1985, José Aledo y Emilio Diz en su ya conocida obra Orihuela,
un patrimonio arquitectónico rural y urbano en peligro, apuntaban
la situación alarmante de la Orihuela Monumental, vaticinando
que nuestros cinco monumentos nacionales quedarían rodeados de
un auténtico vertedero de inmuebles- basura que nada tendría
que ver con el entorno histórico en donde estaban situados. Desgraciadamente
este vaticinio esta cada día mas patente en el seno del Casco
Histórico de Orihuela.
LA DESTRUCCIÓN DEL PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO DE ORIHUELA
DURANTE LAS ÚLTIMAS DÉCADAS.
En 1969, la Ciudad de Orihuela fue declarada Conjunto Histórico
– Artístico, hasta aquellas fechas la capital del Bajo
Segura conservaba íntegramente aquel trazado que Coello había
plasmado en su Plano Callejero de 1848, la ciudad, apenas había
sufrido daños en sus monumentos, únicamente el Convento
de Santa Lucía había sido incendiado durante los primeros
días del alzamiento militar de 1936, siendo mas tarde derribado
durante la posguerra.
La primera mitad del siglo XX se había caracterizado por el respeto
al patrimonio de la ciudad, conscientemente o no, esto es una realidad
patente que queda reflejada en diversos ejemplos.
A principios de siglo, las bóvedas góticas de la Iglesia
de las Santas Justa y Rufina se derrumbaron. La iglesia que entonces
si mantenía sus edificios asiduamente, con reparaciones periódicas,
ayudaba con su interés y su dinero al mantenimiento y la conservación
de sus propiedades, en este caso reconstruyó las bóvedas
realizándolas idénticamente, pero con mucho menos peso,
las antiguas bóvedas de piedra fueron sustituidas por otras de
factura idéntica pero realizadas con cañizo.
En 1940, el Obispo Almarcha, trasladaba el antiguo claustro de la Merced
a la Catedral instalándolo en el antiguo fosar adosado a la Seo
oriolana. Esta medida providencial, conllevó la conservación
de este claustro renacentista para uso y disfrute de todos los ciudadanos,
evitando inconscientemente su destrucción, ya que décadas
mas tarde sería derribada la Iglesia de la Merced de donde procedía.
A partir de la declaración de 1969, paradójicamente comienza
la destrucción de gran parte del patrimonio arquitectónico
de Orihuela. Justo en este mismo año, los medios de comunicación
se hacían eco del derribo de un edificio singular para los oriolanos,
la Casa del Paso, un edificio de finales del siglo XVII que correspondía
a la Casa- Palacio de D. Luis Togores y Valenzuela, señor de
Jacarilla, según ha podido comprobar recientemente el historiador
oriolano Javier Sánchez Portas.
Durante la década de 1970 los derribos se aceleran, desapareciendo
entre los escombros importantes muestras de la arquitectura vernácula
de la localidad y edificios singulares dignos de toda conservación.
Se derribaron palacios como el del Conde de Pinohermoso, iglesias como
la de San Gregorio, la Merced, conventos como el de Capuchinos, la casa
de la misericordia, molinos y hasta el propio Ayuntamiento de la ciudad,
por citar algunos ejemplos destacados.
Junto a esta destrucción paulatina de inmuebles históricos
ha corrido paralela la degradación y el abandono del Casco Histórico
por parte la población. Durante las últimas tres décadas
la degeneración que ha sufrido el Centro histórico de
Orihuela y la desaparición de inmuebles de interés histórico
y artístico viene dada por una serie de factores que interrelacionados
han actuado en detrimento del legado patrimonial de la ciudad.
A partir de la década de 1970 se inicia el abandono paulatino
del Casco Histórico por parte de la población hacia nuevas
zonas de expansión de la ciudad, siguiendo el modelo periférico
americano en perjuicio de la ciudad mediterránea.
Esta situación ha desencadenado la perdida de vitalidad económica
y social de los sectores tradicionales de la ciudad en favor de las
zonas más modernas que concentran más población
y en consecuencia son más atractivas para el sistema capitalista
imperante en estos momentos.
Como consecuencia inmediata, el abandono de los inmuebles conlleva el
aumento progresivo de su deterioro a veces acrecentado por la desidia
de algunos propietarios y la especulación de otros, que ven en
estos solares nuevas formas de enriquecimiento a través de la
urbanización.
La Iglesia dado el gran peso que históricamente ha tenido en
esta ciudad es uno de los principales propietarios de inmuebles históricos
de la ciudad. El abandono de su patrimonio durante el siglo XX ha posibilitado
el estado de deterioro de gran parte de los Monumentos que posee Orihuela.
Sí analizamos los diferentes libros de fábrica y de las
Juntas de Parroquia de cualesquiera de las iglesias parroquiales de
Orihuela, podremos comprobar como la iglesia se preocupaba de realizar
periódicamente reparaciones en sus templos, manteniéndolos
en óptimo estado de salud. Las visitas regulares de los diferentes
obispos de la diócesis servía de acicate y de inspección
de los templos para subsanar sus deficiencias. Pero este cuidado de
su patrimonio no se limitaba exclusivamente a la arquitectura sino también
a todo tipo de elementos religiosos de diversa índole; ornamentos
litúrgicos, orfebrería, retablos, imágenes,...
Hasta principios del siglo XX estas prácticas fueron bastantes
comunes, con la entrada del nuevo siglo la iglesia se despreocupará
de su patrimonio y comenzará un lento abandono cuyas consecuencias
las sufrimos hoy. Para la buena salud de los edificios es necesario
que cada cincuenta años se realicen reparaciones para la buena
conservación de este tipo de inmuebles. Sin embargo, la iglesia
ha dejado el mantenimiento de sus edificaciones y es en la actualidad
el estado, como consecuencia de las leyes de patrimonio, quien debe
hacer frente a la recuperación de estos edificios por su significación
histórica y cultural.
A esta falta de actuaciones de conservación y el consecuente
deterioro de estos edificios hemos de unir la destrucción consentida
de edificios de carácter religioso. A principios de los 80 desaparece
el Convento de Capuchinos de Orihuela, localizado a las afueras de la
ciudad, en el antiguo arrabal Roig para construir viviendas de pisos,
que en la actualidad son el principal foco de marginalidad que existe
en Orihuela. Con la desaparición de este inmueble se pierde la
biblioteca de los Capuchinos y las imágenes devocionarias, que
en muchos casos habían sido costeadas por los propios vecinos
del barrio siendo trasladadas a otros conventos, entre ellas las tallas
del imaginero valenciano Enrique Galarza.
En 1982, la iglesia de la Merced cerrada al culto por su mal estado
de conservación, pierde su cúpula al desplomarse por el
excesivo peso de algunas reparaciones que se había hecho anteriormente.
Todo lo contrario a lo sucedido a principios de siglo con las bóvedas
de la Iglesia de las Santas Justa y Rufina, la iglesia de la Merced
es derribada inmediatamente con todo su mobiliario y objetos de culto
en su interior; lámparas, altares, retablos, incluso los lienzos
de las pechinas realizados por Antonio Villanueva desaparecen entre
los escombros. El órgano neogótico es recuperado por un
grupo de oriolanos que intentan rescatar todo lo posible de las ruinas
y trasladado a la Iglesia de la Visitación, en el convento de
las Salesas, eso sí con las reticencias de la curia oriolana.
Entre los muros de la iglesia aparecieron arquerías góticas
originales del edificio, que en algún caso fueron recuperadas
por algún particular y actualmente conservadas.
Sirvan estos ejemplos, a los que habría que añadir otros,
como fiel reflejo del grave problema que ha supuesto la conservación
del patrimonio de la iglesia en la segunda mitad del siglo XX en Orihuela.
El poder político tiene el deber y la obligación de velar
por la conservación de nuestro patrimonio, sin embargo en los
últimos tiempos la desidia de los poderes públicos con
respecto a la conservación y la recuperación del patrimonio
y la ausencia de políticas revitalizadoras del Centro Histórico
y de planes concretos de actuación efectivos y reales junto a
las carencias de inversiones decididas en favor del Patrimonio Histórico
por parte de la administración han facilitado la degeneración,
el deterioro y en muchos casos la perdida del Casco Histórico.
Como complemento a este grupo de factores que han posibilitado el estado
actual de la ciudad histórica de Orihuela hay que unir la escasa
concienciación ciudadana sobre la importancia del legado histórico
que ha recibido de sus antepasados y su despreocupación por su
recuperación.
LA SITUACIÓN ACTUAL DEL CASCO HISTÓRICO DE ORIHUELA
Ante este panorama analicemos el estado actual de nuestro Casco Histórico
y sus expectativas de futuro inmediato ante un evento de gran importancia
para la Ciudad, como es la macroexposición la Luz de las Imágenes.
En los últimos años, con la aplicación de las diferentes
leyes en defensa del Patrimonio, Ley del Patrimonio Histórico
(1985) y la Ley de Patrimonio Cultural Valenciano (1998), todo parecía
entrever que se frenaría la degradación y el abandono
del Casco Histórico y que se sentarían las bases para
su recuperación
En 1994, se aprueba el Plan Especial de Ordenación y Conservación
del Centro Histórico de Orihuela y se crea una oficina municipal
que gestionará este plan cuyo fin principal es la recuperación
del Casco Histórico de Orihuela. Con su redacción parece
que se inicia una nueva etapa en la Conservación del Patrimonio
Histórico de Orihuela.
Se realizan algunas restauraciones, Palacio del Conde de la Granja,
Teatro- Circo o la Iglesia de San Juan de Dios por citar algunos ejemplos
destacados. Sin embargo, las inversiones en el Casco Histórico
de Orihuela aún siguen siendo bastante precarias. El citado plan
que había nacido con bastantes deficiencias, comenzando por la
propia delimitación del Casco Antiguo en donde no se incluyen
zonas históricas como el Arrabal medieval de San Juan Bautista,
queda totalmente en entredicho cuando no aparecen soluciones a la problemática
de la ciudad histórica o cuando se incumplen sus propias directrices.
En 1997, las carencias son muy acusadas, así lo reflejaba el
Consell Valenciá de Cultura, que celebro Pleno en nuestra ciudad,
exponiendo la falta de inversiones públicas y el abandono de
las administraciones que había repercutido en el estado actual
del Casco Histórico de Orihuela.
En los últimos cinco años, han sucedido situaciones que
ponen de relieve la falta de voluntad de las autoridades por la recuperación
real del Patrimonio Arquitectónico de Orihuela. Inmediatamente
después de la puesta en vigencia del Plan Especial comienza la
restauración de una manzana de viviendas del entorno de la iglesia
de las Santas Justa y Rufina (B.I.C), la mayoría con origen en
el siglo XVIII. En sus aledaños se recupera la antigua configuración
de la Plaza de la Compañía (actual Pz. De las Salesas),
con la creación del edificio del Colegio de Abogados. Sin embargo,
ante la sorpresa de todos, la corporación municipal decide instalar
allí la Sede de la Universidad Miguel Hernández, llevándose
a cabo el derribo de las viviendas que poco antes el Ayuntamiento de
Orihuela había restaurado.
El incumplimiento del Plan Especial se pone de manifiesto en diversas
situaciones, una de ellas recientemente con el derribo ilegal del Palacio
Ruiz de Villafranca (1725) en la madrugada de un domingo con el beneplácito
de las autoridades y que ahora se trata de legalizar por ser su propietario
un importante empresario de la localidad.
Durante los últimos años, se ha incrementado el número
de intervenciones en los edificios del Casco Histórico, muchos
de ellos de iniciativa pública y con estas actuaciones ha surgido
una nueva problemática para la conservación del patrimonio;
la falta de rigor en las restauraciones.
La ausencia de estudios rigurosos y el escaso conocimiento de la arquitectura
vernácula de la localidad ha conllevado que las restauraciones
realizadas en gran parte de los inmuebles intervenidos no se adapten
a las características de la arquitectura tradicional oriolana
y por tanto falsificando la autenticidad de estas muestras de patrimonio
arquitectónico que han sido características de la zona
durante las diferentes etapas históricas por las que ha atravesado.
La falsificación conlleva la perdida de valor de la obra ya que
las alteraciones ponen en duda la autenticidad general del conjunto
y por tanto resta para el futuro los valores históricos, artísticos
y arquitectónicos tanto del inmueble como del entorno en donde
se encuentre ubicado.
La falta de rigor en las rehabilitaciones, ha transformado los edificios
en híbridos históricos que poco tienen que ver con el
aspecto original del casco urbano. La mala utilización del cromatismo
de las fachadas, ante la falta de una carta cromática que establezca
las diferentes gamas de colores y tonalidades utilizados en la arquitectura
tradicional, la variación de las proporciones y las dimensiones
de los inmuebles, la mayor parte por la agregación de nuevas
plantas, la sustitución de las carpinterías por el aluminio,
la restitución de rejerías y en algunos casos la transformación
del estilo de las fachadas bajo criterios poco objetivos relativos al
gusto personal, han acabado por desvirtuar la apariencia y quizá
la esencia de nuestro casco histórico.
Ejemplos tenemos muchos y de diversa índole, desde rehabilitaciones
lamentables como el Palacio Sorzano de Tejada antigua casa neoclásica
de los señores de Rebagliato, transformada en un revival historicista
de magnitudes neoárabes y andaluzas hasta las falsificaciones
cromáticas del frente fluvial.
Uno de los principales problemas de esta falta de rigurosidad y de criterio
se debe a la escasez de documentación histórica que se
utiliza en las intervenciones, máxime cuando la ciudad de Orihuela
posee un rico patrimonio documental en donde se puede localizar los
planos de fachadas de nueva planta o reformas que desde el siglo XVIII
han ido depositándose en el Archivo Municipal de la ciudad. Esta
documentación ayudaría en gran medida a la correcta recuperación
de las características de los inmuebles intervenidos, en una
ecuación en donde prevaleciera el conocimiento del edificio a
la actuación, es decir, máxima documentación y
mínima actuación.tal como indica la Carta de Barcelona
de defensa del Patrimonio Cultural.
Sin embargo esta problemática no se centra exclusivamente en
los inmuebles y viviendas del Centros Histórico sino que es extrapolable
a los Monumentos Nacionales, hoy B.I.C, que con motivo de la macroexposición
la Luz de las Imágenes han sido restaurados con criterios poco
ortodoxos para la recuperación del patrimonio de la ciudad, que
no es mas que el fin teórico de la exposición.
No obstante la existencia de otras motivaciones de carácter político
y la premura de tiempo en que se han hecho las intervenciones en los
antiguos monumentos nacionales han acabado por perjudicar y en ocasiones
dañar la integridad cultural de estos inmuebles.
Las intervenciones realizadas en la Iglesia de Santo Domingo de Orihuela
son un buen ejemplo de actuaciones dañinas para el patrimonio,
eliminándose pavimentos de piedra originales, sustituyendo la
cancela del siglo XVIII por una nueva de cristal o la “restauración”
de las pinturas murales en donde no se ha tenido en cuenta las bases
de toda buena restauración, es decir; el respeto, la reversibilidad
y el reconocimiento.Esto es una buena muestra de lo que ha sido la exposición
la Luz de las Imágenes para el patrimonio histórico- artístico
de Orihuela
Durante los últimos años los proyectos de nueva construcción
en los entornos históricos de la ciudad han destacado por su
falta de sensibilidad histórica y artística y en poca
consonancia con el entorno inmediato en donde se encuentran ubicados,
con edificaciones discordantes dentro de los tipos arquitectónicos
actuales que nada tienen que ver con la arquitectura tradicional de
la ciudad.
Como ejemplo podemos citar la reciente construcción de la sede
de la Fundación “Miguel Hernández”, junto
al Colegio de Sto. Domingo, joya arquitectónica y monumental
del levante español. El edificio se construyó bajo las
directrices mas vanguardistas actuales y que distorsiona el entorno
histórico en donde está enclavado, que no es otro que
un B.I.C.
La utilización de un mobiliario urbano acorde con el entorno
histórico aunque parezca una menudez es imprescindible ya que
la utilización de modelos antiguos de farolas, diseños
de bancos y fuentes puede ayudar y mejorar el paseo de los ciudadanos
por el centro histórico. Sin embargo, en Orihuela se producen
distorsiones tan importantes y tan dañinas para la percepción
de los entornos históricos como por ejemplo los aledaños
del Colegio de Santo Domingo.
La agregación de elementos modernos discordantes en las zonas
históricas poco o nada tiene que ver con políticas de
conservación y recuperación de los centros históricos
y si con otras políticas de renovación urbanística
CONCLUSIONES FINALES Y PROPUESTAS PARA LA RECUPERACIÓN DEL CASCO
HISTÓRICO DE ORIHUELA:
La alarmante situación actual del Casco Histórico de
Orihuela implica la necesidad de adoptar medidas y soluciones a la problemática
que presenta, si realmente se pretende recuperar el patrimonio arquitectónico
de la ciudad.
Desde nuestra perspectiva creemos indispensable la concienciación
de la ciudadanía con respecto a la importancia y el valor cultural
del patrimonio monumental de Orihuela ya que en realidad ellos son sus
verdaderos destinatarios. Es necesaria la creación de programas
específicos que fomenten entre los escolares el conocimiento
y la valoración de su patrimonio para que aprendan a respetarlo
y cuidarlo.
La desconocida riqueza patrimonial de esta ciudad valenciana debe ser
objeto de estudio y divulgación por parte de las instituciones,
significativamente por parte de las regionales con el fin de acentuar
la valencianidad de Orihuela entre sus habitantes y entre el resto de
comarcas de la Comunidad. La frecuencia de símbolos valencianos
en sus monumentos con la presencia de las cuatro barras, la existencia
de celebraciones tan similares como el día de la reconquista
con la señera de Valencia, deben servir de acicate para el conocimiento
de la historia de esta ciudad por toda la Comunidad Valenciana.
A nivel político es necesario una implicación directa
y una mayor voluntad de la administración local y autonómica
con respecto a la recuperación del patrimonio residencial, aumentando
las ayudas a sus propietarios, créditos a fondo perdido, ayudas
para restaurar fachadas o créditos con bajo interés. Asimismo
es imprescindible la inversión en las obras arquitectónicas
de mayor monumentalidad para su restauración, ya que en si mismas
reúnen mayor riqueza artística e histórica que
cualquier otra obra patrimonial de la ciudad.
Es necesario la implicación de la iniciativa privada en la recuperación
del Casco Histórico, con incentivos que fomenten esta participación
a la hora de recuperar viviendas, locales comerciales e inmuebles.
Para evitar falsificaciones históricas la administración
debe fomentar los estudios referentes al conocimiento y evolución
de la arquitectura tradicional para luego su aplicación en las
intervenciones que se realicen en el Casco Histórico, con la
supervisión de los técnicos competentes.
Uno de los principales problemas del Casco Histórico de Orihuela
es la degradación social de sus barrios, con la aparición
de focos marginales que crean sensaciones de peligro e inseguridad.
Con el fin de revitalizar la ciudad histórica y acabar con esta
problemática hay que establecer políticas que fomenten
la renovación demográfica de los habitantes de estas zonas,
en la mayoría de los casos personas de avanzada edad con la inclusión
de familias jóvenes capaces de recuperar viviendas y sobre todo
de dar vitalidad al centro histórico.
Sin embargo, para que esto sea efectivo, la administración debe
incentivar a la población con proyectos serios de rehabilitación,
incentivos económicos a la hora de comprar la vivienda y la dotación
de infraestructuras comerciales, de ocio, infantiles... que sean capaces
de atraer a la población.
El casco histórico debe recuperar su funcionalidad, afortunadamente
Orihuela no ha perdido completamente la función administrativa,
la pervivencia del Ayuntamiento y de los juzgados es buena prueba de
ello. No obstante, es importante la recuperación de la función
artesanal con la instalación de pequeños talleres artesanales
(herreros, carpinteros, canteros...), ya que son imprescindibles para
la recuperación patrimonial además de convertirse en una
demanda de empleo juvenil y con ello una perpetuidad de los oficios
tradicionales.
La función comercial perpetuada en la actualidad en la calle
Mayor debe recuperar el esplendor de antaño, siendo objeto de
ayudas por parte de la administración local con exenciones tributarias,
créditos a bajo interés y créditos a fondo perdido.
En la actualidad el turismo cultural se ha convertido en un fenómeno
social de primer orden con la llegada de turistas a las ciudades históricas
en busca de una oferta diferente y sobre todo con identidad propia.
El turismo cultural reportaría beneficios a la administración
y compensaría las inversiones realizadas en el Casco Histórico.
Para ello la ciudad histórica debe ofrecer un ambiente acogedor
y distintivo que muestre las señas de identidad del pueblo y
sea una semblanza de su historia. En este sentido la hostelería
puede jugar un papel fundamental a la hora de revitalizar los Cascos
Históricos, no obstante para conseguir estos objetivos se debe
controlar el aspecto y la oferta de estos establecimientos, con ordenanzas
municipales que posibiliten este ambiente tradicional de ciudad mediterránea
que busca este tipo de turismo.
Por último, recordar que el patrimonio es un legado cultural
que hemos recibido de nuestros antepasados y que debe ser transmitido
a las futuras generaciones en el mejor estado posible, como símbolo
de la identidad de los pueblos.
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