En
el año que se conmemora el 75 aniversario de la proclamación
de la República, el Colegio Andrés Manjón cumple
70, ostentando orgulloso el escudo de ese régimen que le vio
nacer como Grupo Escolar del Sector de Mediodía o Escuela Graduada
número 2. Conocido popularmente con el nombre de “Las Graduadas”
debe su impulso inicial a la figura del alcalde Francisco Díe
Losada, que en febrero de 1928 propuso en pleno y así se acordó
por unanimidad, solicitar la creación en Orihuela de dos escuelas
graduadas, una para niños y otra para niñas, de seis grados
cada una, bajo el compromiso municipal de construir los locales necesarios,
con el auxilio económico del estado.
En 1927 la corporación municipal oriolana, había formalizado
un préstamo con el Banco de Crédito Local por importe
de 650.000 pesetas destinadas a emprender un ambicioso proyecto de modernización
de la ciudad, que entre otras mejoras, ofrecía construir nuevas
escuelas municipales. El 23 de octubre de 1928, el Sr. Díe desarrollaba
su moción, en la que se mostraba decidido a “dotar a este
municipio de locales higiénicos que reúnan las debidas
condiciones para la enseñanza, asunto este que vivamente le interesa
por su decidido y entusiasta anhelo de mejorar la instrucción
de los habitantes de este pueblo”.
Tras incesantes gestiones personales, visitó la ciudad una comisión
de la Junta Provincial de Construcciones Escolares formada por el inspector
de primera enseñanza, llamado Senent y el que a la postre sería
autor del proyecto, el prestigioso arquitecto alicantino Juan Vidal
Ramos (1888-1975). Tras la favorable impresión causada por dicha
visita, se acordó por unanimidad la creación en el casco
urbano de tres escuelas graduadas y de catorce escuelas unitarias en
los distintos partidos del termino municipal .
Para decidir su ubicación y para la elección del arquitecto,
el consistorio otorgó un amplio voto de confianza a su presidente,
que como ya hemos dicho designaría a Juan Vidal, arquitecto formado
en Barcelona, autor entre otras obras de la Sede de la Diputación
Provincial y del Hospital de San Juan (actual MARQ) en Alicante o de
la Casa del Parque, actual museo arqueológico de Crevillente.
El 26 de abril de 1929, quedaron aprobados proyectos, planos y presupuestos
y se pidió a la Dirección General de Primera Enseñanza
las subvenciones necesarias para comenzar las construcciones. Las mismas,
estarían debidamente cercadas para la mejor utilización
de los campos escolares, encargándose el propio consistorio del
movimiento de tierras en los emplazamientos y de la dotación
de alcantarillado y caudal de agua necesario. El 29 de Noviembre de
1929, en la Gaceta de Madrid se publicaba la Real Orden, concediendo
la máxima subvención permitida por la ley, 10.000 pesetas
por sección. Multiplicando los tres edificios, por dos escuelas,
por tres secciones, la ayuda para construir los tres grupos del casco
ascendía a 180.000 pesetas.
Los edificios, incluyendo la compra de los tres solares se presupuestaron
en 432.721 pesetas y “ Don Paco Díe”, detalló
minuciosamente su financiación el 4 de febrero de 1930, a saber:
del préstamo concedido en 1927, quedaban 147.678 pesetas, que
se destinarían a este proyecto, desechando la construcción
de un nuevo puente que iba a unir la Plaza de Santiago con la margen
contraria del río. Sumando ese remanente disponible a la cantidad
subvencionada por el estado, faltaban 105.043 pesetas y se acordó
que tras pagar los solares necesarios para los emplazamientos, se abonarían
las certificaciones de obra ejecutada hasta donde alcanzase el referido
sobrante del empréstito y se traspasaría al contratista
el derecho a percibir las 180.000 pesetas de subvención. El resto
se le abonaría en tres anualidades consecutivas, consignadas
a los presupuestos de 1931, 1932 y 1933 a razón de 35.014 pesetas
por año, sin derecho a cobrar interés por la demora. El
alcalde había elegido inicialmente un solar en la Avenida de
la Vega para la graduada del sector de mediodía, pero había
sido vendido en palabras suyas, por un precio fabuloso, así que
optó por buscar algo mas barato, escogiendo un trozo de huerto
en la Alameda de la Estación cuyo usufructo pertenecía
a Doña Piedad Roca de Togores, Marquesa de Rubalcava en nuda
propiedad con Don Luis Roca de Togores y Fontes. Con el beneplácito
de los propietarios, cuyas circunstancias testamentales les impedían
enajenarlos, se solicitó su expropiación forzosa por declararse
de utilidad pública. En esa misma sesión, el promotor
y artífice del proyecto, Francisco Díe Losada, uniendo
su destino al de Primo de Rivera, presentó su dimisión
irrevocable como alcalde y concejal.
Los cambios políticos retrasarían bastante la construcción.
En julio de 1930, el entonces alcalde Antonio Balaguer, asumió
el proyecto con la oposición del Sr. Ballesteros, que considerando
el carácter interino de la corporación, se negaba a recoger
la herencia del anterior ayuntamiento, celebrando que el altruismo del
alcalde, llegase hasta el extremo de aceptar responsabilidades asumidas
por otros. Balaguer, tras agradecerle el altruismo atribuido, consideró
que no era tal responsabilidad propugnar que se invirtiera en escuelas
teniendo todo tan a la mano y además compensando el gasto, con
el futuro ahorro en los alquileres de locales para escuela que por aquellas
fechas pagaban.
En Abril de 1931 se proclamó la república. Aprovechando
el nombramiento de Antonio Guillén Martínez como vocal
del Consejo Local de Primera Enseñanza, en junio, el Sr. Martínez
Jacobo propuso invertir como estaba previsto por Díe, el remanente
del préstamo contratado con el Banco de Crédito Local,
en la necesaria construcción de escuelas, pero el nuevo alcalde
prefirió no adoptar acuerdo alguno, según él para
desvincularse de lo hecho por los anteriores ayuntamientos, limitándose
a dirigir una solicitud al Ministerio de Instrucción Pública,
en la que pedía la creación en esta ciudad de un instituto
de segunda enseñanza, de una escuela de artes y oficios, de escuelas
primarias en todos los partidos rurales y de una granja agrícola
experimental, casi nada.
En julio el Ministerio de Instrucción Pública a indicación
de la Inspección Provincial de Primera Enseñanza, creaba
de manera provisional, una escuela graduada de niños y otra de
niñas, siempre y cuando el ayuntamiento facilitase locales y
material, en el plazo improrrogable de dos meses. 1931 terminó
con una propuesta para estudiar si cabía llevar a presupuesto
extraordinario la construcción de los tres grupos escolares.
Ya en 1932, el 19 de enero, el gobierno anulaba la creación de
las escuelas concedidas a la ciudad, por no haberse proporcionado locales
para instalarlas. El alcalde explicó las gestiones que había
realizado ante el anterior Ministro de Instrucción. Marcelino
Domingo, para que ampliase el plazo referido y para que no se anulase
la subvención concedida para la construcción de escuelas,
cuyos proyectos decía tener aprobados. Como solución momentánea
ofrecieron el recién incautado Colegio Santo Domingo, donde se
podían instalar según la alcaldía “tantas
cuantas escuelas fueran precisas con los grados necesarios, determinados
por el número de alumnos que se presentasen”. Por fin el
22 de Marzo, presentaron la necesaria moción sobre edificios
escolares, en ella, solicitaban la confirmación de las tres escuelas
que funcionaban en Santo Domingo y reclamaban las 180.000 pesetas concedidas
en 1925. Para ello el Interventor, presentó un proyecto de presupuestos
extraordinarios formulado por la Comisión de Hacienda para la
construcción de dos grupos de escuelas graduadas, cuyo importe
ascendía a 267.678 pesetas. Pero la expropiación de nuestro
solar, el escogido para edificar el grupo escolar número 2 del
sector de mediodía, no se aprobaría hasta el 13 de julio
de 1933. Estaba situado en la Avenida de la Estación, entre la
casa de D. Francisco Canales y el antiguo Sindicato Agrícola.
El 13 de abril de 1934, Doña Piedad y Don Luis, recibieron 24.000
pesetas en concepto de “expropiación del terreno para la
construcción de un grupo escolar en la Alameda de la estación”.
El 20 de Julio de 1934 el arquitecto Juan Vidal, cobraba una minuta
de 3.177 pesetas, por el nuevo proyecto de cerca para rodear el edificio,
adaptándolo al nuevo emplazamiento y que incluía el embovedado
de la acequia que cruzaba el solar. Aún así, resultó
mas barata que la del proyecto inicial en la Avenida de la Vega. El
23 de febrero de 1935, los contratistas Antonio Poveda Quiles y F. Girona,
depositaban las 7.360 pesetas de fianza provisional para tomar parte
en la subasta. El primero se adjudicaría el remate depositando
el 8 de marzo la fianza definitiva en papel del estado por importe de
21.616 pesetas, dada cuenta de que no se había formulado reclamación
alguna durante los cinco días posteriores a la subasta.
Poveda Quiles, presentó la primera solicitud de certificación
de obra el 13 de agosto, quedando en estudio su pago a cuenta. El Concejal
Sr. Mazón, le presentó una queja tras visitar las obras,
pues los obreros contratados eran forasteros en su mayoría, rogándole
que escogiese por lo menos la mitad, de entre los parados que abundaban
en la ciudad. No sabemos si su reclamación fue atendida, pero
en menos de seis meses, las obras estaban a la altura de la viguería
del primer piso y de nuevo el contratista reclamaba el pago a cuenta.
Una nueva queja del Sr. Mazón, esta vez denunciando la baja calidad
de los materiales, necesitó la intervención de Juan Vidal
para certificar el cumplimiento de lo contratado. Todo estaba en orden,
pues tras un detenido estudio del arquitecto, se remitió el cargo
al Banco de Crédito Local en concepto de obras realizadas hasta
el mes de octubre. En abril de 1936 se aprobó la certificación
de obras finales. La suma de todas ellas, ascendía a 148.716
pesetas, 4.609 más de lo presupuestado, por exceso de obra empleada
en dar anchura a la cimentación dadas las dificultades halladas
en el nuevo terreno. Los pagos, se efectuaron de la siguiente forma:
37.000 pesetas en noviembre, 26.334 en diciembre, 41.059 en marzo, 13.213
en julio y 31.108 en agosto de 1936. Acabado el trabajo, se solicitó
la visita de inspección por parte de la Dirección General
de Primera Enseñanza, para tramitar el cobro de la subvención.
El 14 de mayo, se comunicaba al ayuntamiento que ya había sido
ordenada la preceptiva visita, y el secretario municipal, felicitó
a arquitecto y contratista por el emplazamiento, ejecución y
distribución del nuevo edificio.
El 14 de Julio, cuatro días antes del alzamiento militar, se
decidió dotarlo de agua y luz, así como talar los árboles
que tenía enfrente, subastándolos. La puja quedó
desierta y se adjudicaron directamente en 200 pesetas. Ese mismo mes,
la Dirección General concedía las 180.000 pesetas de subvención,
pero un oficio recibido el 6 de agosto, les aclaraba que dicha subvención
englobaba a los tres grupos previstos y que habían cometido un
error, pues tan solo les pertenecía la tercera parte de dicha
cantidad, al solo tener un edificio construido. Tras descontar los gastos
bancarios, el 17 de agosto les ingresaron 59.215 pesetas. Una semana
después Francisco Díe, artífice del proyecto, era
ejecutado en la carretera de Bigastro por dos milicianos, tras permanecer
recluido en otro colegio cercano, el de Jesús María.
El contratista consideraba su trabajo terminado, así que en septiembre
pidió que le devolvieran la fianza constituida. Para ello presentó
la certificación del arquitecto de recepción definitiva,
liquidación y carta de pago de la contribución industrial,
carta de pago acreditativa de la constitución de la fianza, carta
de pago del impuesto de derechos reales y liquidación del retiro
obrero. A pesar de cumplir todos los requisitos necesarios, el consistorio
aplazó la decisión, hasta efectuar una visita de reconocimiento,
para lo que creó una comisión. Una semana después,
se la denegaron, aduciendo que los ladrillos guarda aguas de las ventanas
estaban en su mayoría desprendidos y que los “water”
estaban a falta del tablero de madera. En noviembre subsanadas las faltas
se acordó devolverle la fianza pero aplazándola sesenta
días, según se especificaba en el pliego de condiciones,
pero el 21 de enero de 1937, se la volvían a denegar, alegando
vicios ocultos en la obra.
No hay constancia de cuales fueron los problemas ocultos, pero creemos
que estaban en los aseos, pues unos días después se negaron
a pagar una factura del maestro de obras municipal por desmontar los
lavabos, remitiéndosela al contratista y en agosto un oficio
del Consejo Local, solicitaba de nuevo su reparación. El 21 de
diciembre, el alcalde acompañado del delegado del Consejo Local
y del maestro municipal de obras, visitaron el edifico y decidieron
efectuar una reclamación al contratista, pues según ellos,
el edificio se encontraba en ruinas. Aquí se nos planteó
una cuestión; ¿Qué había ocurrido en el
flamante edificio para mostrar en pocos meses, ese aspecto ruinoso?.
La explicación la encontramos en los pagos con cargo a la décima.
En el verano de 1931 se estableció en Orihuela el llamado recargo
de la décima sobre la contribución territorial e industrial,
con la finalidad de emplear lo recaudado en el remedio del paro involuntario,
mediante la realización de obras públicas u otras actividades
en el término municipal. Sus libros de pagos, certifican que
durante la primavera de 1937, parte de las ruinas procedentes de la
excavaciones de refugios antiaéreos, se utilizaron para rellenar
el grupo escolar de Mediodía, suponemos que para levantar el
terreno y así aislarlo de la humedad propia de un huerto. El
caso quedó en manos de la Inspección Provincial.
No hemos podido documentar si al final devolvieron al Sr. Poveda su
fianza, aunque el alcalde así lo afirmaba. A instancias del concejal
Sr. Torres, entre los meses de noviembre de 1937 y enero de 1938, se
efectuaron obras de adecuación para “instalar a un conserje
que pasase la mayor parte del día en el edificio y se ocupara
de su conservación y limpieza”. Un mes después,
no había sido cubierta la plaza y la presidencia se comprometió
a retirar los escombros y a habilitar la parte del patio como jardín.
La última referencia en actas municipales, fechada en septiembre
de 1938, habla de un oficio enviado al consejo local de primera enseñanza,
para que gestionase la apertura de las graduadas que ya contaban con
locales habilitados, aunque no fuese en todos sus grados, a lo que “el
compañero Torres” contestó que el material se había
deteriorado grandemente por la falta de celo en ponerlo a salvo. No
se construyó ningún otro edificio escolar. Las autoridades
locales se limitaron a ofertar al gobierno viejos edificios como los
de la Beneficencia, la Caridad o el Colegio de San José (La Trinidad).
El 30 de Marzo de 1939, las tropas franquistas ocuparon el ayuntamiento
oriolano, tras la huida de los concejales republicanos. En 1940 a propuesta
de la alcaldía, las escuelas unitarias de niños números
1 y 4 se trasladaron a este edificio, pasando a denominarse el grupo
escolar de los andenes de la estación “Andrés Manjón”.