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Introducción
Dejando momentáneamente de lado nuestro recorrido urbano, el presente
trabajo pretende, tal y como refleja su título, aportar información
al poco estudiado tema de los edificios religiosos desamortizados en Orihuela.
Las memorias del Canónigo Alburquerque, relatan como el convento
de la Religiosa y Militar Orden de Nuestra Señora de las Mercedes
y su iglesia consagrada en el siglo XV (en cuyo solar se encuentra actualmente
el museo de la Semana Santa), pasaron a poder del gobierno entre los llamados
bienes nacionales y fueron adquiridos por un rico capitalista de Barcelona
llamado Juan Vilaregut, que pretendía convertirlos en almacén
y posada; y como la iglesia fue comprada y devuelta al culto por Juan
Roca de Togores y Alburquerque en 1846.
Diez años después, Juan Vilaregut había muerto y
Bibiana González Deghamante, su viuda, en viaje accidental efectuado
el 2 de enero de 1856, aprovechó su estancia en Orihuela, apoderando
a Julián Espinosa ante el notario Manuel Bosca , para que se encargara
de gestionar los múltiples arriendos de tres edificios. Gracias
a esta escritura, descubrimos que Vilaregut, además del ya citado
convento de la Merced, poseía otros dos, él de San Agustín
y el de San Gregorio, que tras sufrir drásticas reformas, se habían
convertido en casas de alquiler, almacenes, tiendas y posada. Además
como es sabido, él de los Agustinos fue adaptado para albergar
una plaza de toros. Pero las propiedades del fallecido Vilaregut, acabaron
en una junta de acreedores y los tres exconventos, fueron adquiridos por
dos oriolanas de origen riojano, a las que hemos investigado a través
de protocolos notariales. Vamos a remontarnos un poco en el tiempo para
contar el origen de estas señoras.
La
Familia Adalid-Vilar
El 31 de Julio de 1812, comparecieron ante el notario Julián Fernández
, el caballero de estado noble Matías Sorzano del que ya hemos
hablado varias veces y dos testigos más, para proceder a la partición
de bienes de José Adalid. Este próspero comerciante, había
hecho testamento el 5 de septiembre de 1811 “en el critico estado
de la signosa enfermedad epidémica que afligió a los habitantes
de esta población, sus huertas y campos”, eufemismos usados
para no nombrar a la fiebre amarilla de la que falleció poco después.
José Adalid de Iñigo era originario de La Rioja, concretamente
de Nestares de Cameros, localidad inmediata a Torrecilla en Cameros, pueblo
natal del Sr. Sorzano, con cuya esposa estaba emparentado. De los beneficiarios,
a la citada partición sólo acudió el cuñado
del finado, Manuel Pablo, pues sus padres Domingo Adalid y María
de Iñigo y su esposa Josefa Antonia Adalid, herederos naturales,
“se ausentaron de la población por la probia causa del contagio
que sufría, a el paraje titulado Senda Molina, donde los padres
fallecieron”. La misma enfermedad, acabó con su hermano Domingo,
“Soltero y desmemoriado”, así que María Adalid
de Iñigo, residente en Nestares de Cameros, se convirtió
en hija única y heredera universal de los bienes de toda la familia.
El suculento legado, incluía varias propiedades en Nestares, una
casa en la Mancebería, catorce tahullas en la Senda Molina, 43.000
reales en efectivo, géneros variados de comercio y sobre todo préstamos.
Tras descontar el quinto y la dote de su viuda, con la que solo llevaba
un año casado, se adjudicaron al matrimonio formado por los citados
María Adalid y Manuel Pablo 377.000 reales, toda una fortuna. En
aquellas fechas la pareja, tenía cinco hijos: Leandro, Julián,
Josefa, María y Manuela. Las pequeñas Feliciana y Braulia,
llegarían en 1821 y 1825 según consta en el censo oriolano
de 1876. Del matrimonio formado por la hija mayor, Josefa Pablo y el político
liberal oriolano Antonio Vilar, nacerían nuestras protagonistas,
Antonia y Petra Vilar Pablo y al menos una tercera hermana llamada Rosario.
A
pesar de que en el citado censo, aparecen nacidas en Orihuela, sus tías
Braulia y Feliciana eran oriundas de Nestares de Cameros y permanecieron
solteras regentando un comercio textil en la calle Mayor, aunque al igual
que sus sobrinas gran parte de sus rentas procedían de otro oficio,
el de prestamistas.
La Compra
A la muerte de su padre, Antonia y Petra Vilar Pablo reunieron sus caudales,
acordando en privado establecer una sociedad mercantil con el objeto de
emplearlos en la compra de géneros textiles, fincas rústicas
y urbanas y por supuesto en préstamos a ser posible con hipoteca,
el mejor modo de enriquecerse. Durante la década de 1866 a 1876,
en los protocolos de Ramón Roca, encontramos múltiples escrituras
de obligación, poderes, compras y ventas de fincas protagonizadas
por estas señoras. Concretamente en 1868, las hermanas Vilar Pablo,
realizaban la operación que nos interesa, acudiendo al concurso
de acreedores del fallecido Juan Vilaregut y comprando a su viuda los
tres conventos citados por 48.000 escudos (120.000 ptas.).
Entregaron 20.000 escudos a cuenta y firmaron escritura ante el notario
de Barcelona Miguel Martí Saguita, el 28 de julio de 1869. ¿Cómo
conocían a Vilaregut?, no podemos asegurarlo, lo cierto es que
su padre, Antonio Vilar, regidor liberal del ayuntamiento oriolano durante
la primera guerra carlista, fue el autor de la primera solicitud para
instalar una plaza de toros en el convento de San Agustín con fines
benéficos.
Las
dos hermanas continuaron juntas en los negocios hasta que el 25 de Junio
de 1870, ante el notario Ramón Roca , Antonia y Petra Vilar, decidieron
poner fin a la próspera sociedad, llamada “Antonia Vilar
y hermana”. Antonia está a punto de contraer matrimonio con
un sombrerero alicantino llamado Vicente López Durana y pensaba
marcharse a vivir a Alicante. Formados los inventarios, resultó
un capital a repartir de 40.000 escudos (100.000 ptas.), que pertenecían
a ambas por mitad. Como ya hemos dicho, Antonia pensaba ausentarse de
la ciudad, así que la sociedad quedó en manos de Petra,
con las siguientes condiciones: Antonia quedaba libre de toda responsabilidad,
desde ese mismo día ante la ley y el código de comercio,
asumiendo Petra todo el poder y obligándose a pagar los 28.000
escudos que faltaban por entregar por la compra de los tres conventos.
La parte de Antonia, 20.000 escudos, quedaba consignada en los tres edificios,
por los que recibiría un 5% anual desde el día de su boda.
Pudimos comprobar que la actividad mercantil de las hermanas Vilar relacionada
con los exconventos, se mantuvo con normalidad, pues el 31 de marzo ,
tres meses antes de la disolución, arrendaron por cinco años
a Francisco García Lucas un almacén, “el cual era
parte del edificio que fue convento de San Gregorio ”, a razón
de 200 escudos/año y un accesoria marcada con el número
uno, perteneciente al edificio que fue convento de agustinos por 140 escudos/año.
Este local, incluía un piso superior en el que pensaban criar capullos
de seda y una puerta por la que se accedía a la plaza de toros.
Por ello el contrato incluía la obligación de entregar las
llaves los días de corrida o función.
La Primera Partición
El caso es que en Julio, Antonia se casó, empadronándose
en Alicante. Ese mismo año 1870, Petra, sospechamos que por falta
de liquidez para hacer frente a los 28.000 escudos que se adeudaban, se
asociaba de nuevo también de manera privada, con sus tías
Braulia y Feliciana formando la mercantil “Petra Vilar y tías”,
cuya finalidad era la venta y compra de géneros del país
y extranjero de lencería, sedería y otros.
Pero el 13 de mayo de 1875, Petra también contraía matrimonio.
Se casó con Ramón Pastor Crespo, factor de comercio y vecino
de Orihuela. Tres meses después, el 10 de agosto , Antonia y Petra
decidieron dividir sus propiedades ya descritas anteriormente.
Cada una había de recibir 50.000 ptas. , a las que añadieron
5.555,50, mitad del importe de las obras realizadas en el acondicionamiento
del que fue convento de mercedarios. Antonia, se quedó con San
Gregorio , valorado en 12.812 ptas., más un
trozo que segregarían del edificio más valioso, el de la
Merced . Para ejecutar tan complicada partición, no se anduvieron
con aficionados, Antonia contrató como perito a José Guardiola
Picó, arquitecto municipal de Alicante y miembro de la Academia
de Nobles Artes de San Fernando y Petra a Jerónimo Ros Jiménez,
de la misma academia y arquitecto municipal de Murcia. Ambas convinieron
ante notario, aceptar el veredicto de los citados peritos, así
que el 1 de octubre del mismo año, llevaron el acuerdo a escritura
. Antonia, aceptó la siguiente fracción del edificio:
“ A partir del alfeizar derecho de la puerta principal en Los Hostales,
las casas números 17, 19, 21 y 23 y doblando la esquina y comprendiéndola,
siguiendo por el Ballet, las casas 1,3 y 5 hasta la pared divisoria, que
a esta última casa divide en dos. La longitud total de la fachada
es de 48,79 m., 22,38 a Hostales, 23,75 a Ballet y el resto chaflán.
Las
paredes divisorias, corren desde el alfeizar derecho de la puerta principal,
entrando, siguiendo el muro hasta la esquina de la casa de la portería,
desde donde toma la dirección a levante por el muro del patio y
comprendiendo la cuadra de los civiles, propiedad de Antonia, hasta buscar
la señal roja impuesta en la fachada de la casa nº 5 de la
calle Ballet, total 527,18 m.
Los gastos de medianía van por cuenta de las dos, y el muro deberá
tener el grueso suficiente, todos los huecos que se encuentren en las
paredes divisorias, serán tapiados y no podrán abrirse sin
el consentimiento de ambas. Las aguas pluviales verterán en la
propiedad de cada una, no existiendo servidumbres de ninguna especie,
entre ambas propiedades.”
Este fragmento, para quien no lo entienda, corresponde en la actualidad,
a la esquina entre Alfonso XIII y Ballesteros Villanueva. Comprende desde
la derecha de la entrada de carruajes hasta la peluquería. El resto
que luego detallaremos, quedó en propiedad de Petra junto al convento
de San Agustín , una finca en la localidad de Fortuna y los préstamos.
Ya hemos dicho, que tras separarse de su hermana, Petra se asoció
con sus tías y que se casó en Mayo de 1875. La tía
Braulia, utilizando el matrimonio de su sobrina como argumento, consideró
disuelta la mercantil “Petra Vilar y tías”. Nos consta
que las particiones enemistaron a Petra con su hermana y con su tía,
pues el 1 de agosto, Braulia testó ante notario , dejando como
heredera a su sobrina Antonia , además, tan sólo cuatro
días después de la disolución de la sociedad “Antonia
Vilar y hermana”, el 14 de agosto, Braulia otorgó plenos
poderes a Antonia sobre todas sus propiedades. Textualmente quería
que la representase en la sociedad que amistosa y familiarmente, estableció
con su sobrina Petra y su hermana Feliciana.
El 7 de febrero de 1876, Antonia, arrendó el almacén de
su ya propio exconvento de San Gregorio a José Martí de
Veles, vecino de Alcira, por cuatro años a razón de 500
ptas. cada uno . Un mes después, el 6 de Marzo , establecieron
por fin el convenio de disolución de “Petra Vilar y Tías”.
Braulia, dijo verse obligada por la imposibilidad de permanecer al frente
del establecimiento a causa de su edad y achaques.
Segunda
Partición
Valorado el capital en mas de 250.000 ptas., Petra pidió deducir
5.000 ptas. del valor asignado al inmueble de San Agustín, por
haber sufrido un incendio “El día uno de los corrientes”
. Como ya hemos dicho, la separación no fue amistosa, a Braulia
la representó el abogado oriolano Vicente Moreno Tovilla y a su
sobrina Petra, Teodoro López Aracil, de Aspe. Encomendaron al maestro
de obras de Alicante, Francisco Arques, una nueva partición del
edificio de la Merced.
El 12 de mayo, se reunieron ante notario y presentaron inventario con
un capital a repartir a razón de casi 80.000 pesetas por cabeza.
Lo que quedaba del edificio de la Merced, se valoró en 76.410 pesetas.
El perito encargado de la nueva división, encontró muchas
dificultades para repartirlo en igualdad por su figura irregular y anómala,
así que hizo dos partes, una valorada en 43.174 adjudicada a Petra
y otra de 33.235 que correspondía a Braulia y Feliciana por mitad.
Braulia, se hizo cargo de la hipoteca de la Calle Mayor (donde vivían
y tenían el comercio), recibiendo a cambio el resto de los créditos
escriturados. Ante la desconfianza de Petra, sus tías Braulia y
Feliciana hubieron de comprometerse a resarcir lo que pudiese faltar del
inventario, pues había pasado el tiempo y sus tías seguían
al frente de la tienda vendiendo y comprando géneros inventariados.
El 27 de Julio , Antonia hizo testamento y tampoco mencionó a
su hermana Petra. Se declaró hija de Antonio y Josefa, natural
de Orihuela y vecina de Alicante, casada y sin hijos, expresando su deseo
de ser enterrada en Orihuela, en el panteón familiar. Como albaceas,
nombró a sus tías Braulia y Feliciana .
Pero
volvamos al edificio de la Merced del que ya hemos citado la parte de
Antonia. El resto quedó distribuido de la siguiente forma: a Petra
le correspondió:
Desde la casa de los herederos de Rufino Cascales, hasta el alfeizar
izquierdo de la puerta principal, entrando, siguiendo el muro de este
lado hasta el que divide al norte el edificio de la iglesia, en el cual
se comprenden las casas números 9, 11, 13 y 15, las habitaciones
interiores números 10, 12, 13 y 14, la entrada a establecimiento
de instrucción primaria, la cochera de Francisco Almodóvar,
las habitaciones llamadas Archatas y Tribunal, mitad de los 94, 490 m2
de la entrada, mitad de los 230, 360 m2 de corredores y patio, mitad del
pozo y la habitación sobre la entrada, que es parte de la fonda.
Lo adjudicado a la izquierda de la entrada, forma un triángulo
y linda a levante con patio y entrada de sus tías, a poniente con
casa Rufino Cascales, mediodía calle Hostales y norte con la Merced.
Esta parte es el fragmento de fachada que aunque muy deteriorada, se
mantiene en la actualidad, exceptuando el trozo en el que se construyó
una casa a finales del XIX y que alberga una óptica. Y por último,
para las tías:
Las casitas que dan a la calle Ballet, desde la pared divisoria de la
casa nº 5, dividida en dos, la 7, 9, 11 con su cochera, la 13, la
cochera con salida a la plazuela de la Merced, las habitaciones interiores
con entrada por la puerta principal de la calle Hostales números
1,2,3,4,5,6,7,8,9, 20, y la que se conoce con el nombre de Carbonera,
mitad de la entrada y mitad de corredores, patio y pozo.
En la actualidad, desde la casa anexa a la peluquería de la calle
Ballesteros Villanueva, hasta el museo de Semana Santa. Es fácil
distinguir los tres fragmentos, porque están claramente diferenciados
en aspecto y altura.
San
Gregorio y San Agustín
A partir de aquí, no tenemos sino datos sueltos extraídos
de aquí y de allá. Antonia y su marido, Vicente López
Durana se instalaron en Orihuela dedicados plenamente al negocio inmobiliario.
En septiembre de 1885 Vicente solicitaba permiso, que le fue denegado,
para edificar en los terrenos de San Gregorio. Tras obligarle a presentar
los títulos de propiedad, la comisión de ornato le acusó
de apropiarse de la Alameda que era del común y de destruir la
columna y base de su cruz de término . En 1887 vendía una
casa de tres pisos en la calle del colegio. Tras un fallido intento de
adquirir el de Alicante, su ciudad natal, compró el “Teatro
de la Corredera” en 1896 . El último documento relativo a
esta pareja que hemos encontrado, es la solicitud de obras menores a realizar
en el edificio de la Merced en septiembre de 1902, cuyo plano adjuntamos
.
A Petra y Ramón, no les debieron marchar bien los negocios, el
10 de octubre de 1879 , enajenaron San Agustín con pacto de retroventa
a cinco años a Mateo Sáenz Ibarra, vecino de Orihuela, por
la cantidad de 10.000 ptas. en oro y plata , pero el 14 de noviembre de
1885 , hicieron uso de la oferta de retro, y recuperaron el edificio por
el mismo precio, sin gravámenes ni deudas. En los protocolos de
Ramón Amat de los años 90, figuran decenas de letras protestadas
a nombre de este matrimonio. Tan sólo en el primer semestre del
año 1897, José Balaguer Murcia, les protestó 35,
aceptadas por la sociedad ”Petra Vilar y Ramón Pastor”
y endosadas generalmente por empresas de Barcelona, pero también
por acreedores de Madrid, Valencia, Tarrasa, Onteniente, Alicante y Elche.
La definitiva venta del exconvento de los agustinos , tuvo lugar ante
el notario Ramón Amat, el 14 de noviembre de 1887 . Ramón
Belló Martínez , natural de Novelda y vecino de Orihuela,
presbítero con dignidad de Arcipreste de la Catedral, lo adquirió
por 14.625 ptas. Había entregado mediante cautela privada 1.000
ptas. pagando el resto en billetes de banco. Pero esta compra aún
reservaba otra sorpresa, en el testamento del religioso, redactado el
19 de enero de 1892 , dos días antes de su muerte, aparecía
una cláusula que revelaba:
“ Que el edificio que fue antes convento de San Agustín
convertido hoy en colegio de Jesús María, aunque la escritura
de dominio aparece a mi favor, no es de mi propiedad sino de la pertenencia
de las Señoras Superioras actuales encargadas de esta clase de
colegios en España, en cuyo edificio hicieron dichas señoras
algunas mejoras por su cuenta y a cuyo favor otorgará la correspondiente
escritura de traslación de dominio mi hermano Don Francisco Belló
y Martínez, sino lo hubiese yo verificado antes de ocurrir mi defunción,
siendo cuenta de dichas señoras el pago de toda clase de deudas
que aparezcan contra dicho edificio, y de que yo salí fiador por
estar dicho edificio a mi nombre.”
Suponemos que el miedo a nuevas desamortizaciones, o quizás las
hipotecas establecidas sobre el edificio, llevaron a las religiosas a
camuflar su compra. En la cesión de la finca por parte de Francisco
Belló y Martínez a favor de Sor María de San Hermenegildo,
conocida como Teresa Font y Barberá (Superiora del Colegio de Orihuela)
y otras , aparecen reseñadas dos hipotecas por 40.000 ptas., mucho
más que el importe pagado por el propio edificio. El hecho de que
tan sólo diez días después , formalizasen un contrato
de venta a favor de Doña Concepción Morell e Iseru y otras
señoras, vecinas de San Andrés del Palomar (localidad donde
establecieron su primer colegio), refuerza nuestra teoría del temor
a aparecer como propietarias del edificio.
Las religiosas, comenzaron su labor docente en la calle San Juan, el
mismo año que Ramón Belló compraba el convento. Dos
años después, en abril de 1889, el arquitecto de la diócesis
de Cartagena , Justo Millán, solicitaba desde Murcia permiso para
emprender las obras de restauración, y no lo citó como convento
de San Agustín, sino ya como Colegio de Jesús y María.
Adjuntamos el plano . Nos pareció extraño, que tan prestigioso
arquitecto, cuyas obras se circunscriben a Murcia y Albacete, aceptase
este trabajo y sospechamos que la clave pudo estar en que Francisco, el
hermano y heredero universal de Ramón Belló, era canónigo
magistral de la Catedral de Murcia.
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