Aportaciones para el estudio de los conventos de La Merced, San Agustín y San Gregorio.

 

 


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Antonio José Mazón Albarracín y Jorge Belmonte BasPincha en el nombre para enviar una nota al autor

Introducción

Dejando momentáneamente de lado nuestro recorrido urbano, el presente trabajo pretende, tal y como refleja su título, aportar información al poco estudiado tema de los edificios religiosos desamortizados en Orihuela.

Las memorias del Canónigo Alburquerque, relatan como el convento de la Religiosa y Militar Orden de Nuestra Señora de las Mercedes y su iglesia consagrada en el siglo XV (en cuyo solar se encuentra actualmente el museo de la Semana Santa), pasaron a poder del gobierno entre los llamados bienes nacionales y fueron adquiridos por un rico capitalista de Barcelona llamado Juan Vilaregut, que pretendía convertirlos en almacén y posada; y como la iglesia fue comprada y devuelta al culto por Juan Roca de Togores y Alburquerque en 1846.

Diez años después, Juan Vilaregut había muerto y Bibiana González Deghamante, su viuda, en viaje accidental efectuado el 2 de enero de 1856, aprovechó su estancia en Orihuela, apoderando a Julián Espinosa ante el notario Manuel Bosca , para que se encargara de gestionar los múltiples arriendos de tres edificios. Gracias a esta escritura, descubrimos que Vilaregut, además del ya citado convento de la Merced, poseía otros dos, él de San Agustín y el de San Gregorio, que tras sufrir drásticas reformas, se habían convertido en casas de alquiler, almacenes, tiendas y posada. Además como es sabido, él de los Agustinos fue adaptado para albergar una plaza de toros. Pero las propiedades del fallecido Vilaregut, acabaron en una junta de acreedores y los tres exconventos, fueron adquiridos por dos oriolanas de origen riojano, a las que hemos investigado a través de protocolos notariales. Vamos a remontarnos un poco en el tiempo para contar el origen de estas señoras.


La Familia Adalid-Vilar


El 31 de Julio de 1812, comparecieron ante el notario Julián Fernández , el caballero de estado noble Matías Sorzano del que ya hemos hablado varias veces y dos testigos más, para proceder a la partición de bienes de José Adalid. Este próspero comerciante, había hecho testamento el 5 de septiembre de 1811 “en el critico estado de la signosa enfermedad epidémica que afligió a los habitantes de esta población, sus huertas y campos”, eufemismos usados para no nombrar a la fiebre amarilla de la que falleció poco después.


José Adalid de Iñigo era originario de La Rioja, concretamente de Nestares de Cameros, localidad inmediata a Torrecilla en Cameros, pueblo natal del Sr. Sorzano, con cuya esposa estaba emparentado. De los beneficiarios, a la citada partición sólo acudió el cuñado del finado, Manuel Pablo, pues sus padres Domingo Adalid y María de Iñigo y su esposa Josefa Antonia Adalid, herederos naturales, “se ausentaron de la población por la probia causa del contagio que sufría, a el paraje titulado Senda Molina, donde los padres fallecieron”. La misma enfermedad, acabó con su hermano Domingo, “Soltero y desmemoriado”, así que María Adalid de Iñigo, residente en Nestares de Cameros, se convirtió en hija única y heredera universal de los bienes de toda la familia.

El suculento legado, incluía varias propiedades en Nestares, una casa en la Mancebería, catorce tahullas en la Senda Molina, 43.000 reales en efectivo, géneros variados de comercio y sobre todo préstamos. Tras descontar el quinto y la dote de su viuda, con la que solo llevaba un año casado, se adjudicaron al matrimonio formado por los citados María Adalid y Manuel Pablo 377.000 reales, toda una fortuna. En aquellas fechas la pareja, tenía cinco hijos: Leandro, Julián, Josefa, María y Manuela. Las pequeñas Feliciana y Braulia, llegarían en 1821 y 1825 según consta en el censo oriolano de 1876. Del matrimonio formado por la hija mayor, Josefa Pablo y el político liberal oriolano Antonio Vilar, nacerían nuestras protagonistas, Antonia y Petra Vilar Pablo y al menos una tercera hermana llamada Rosario.

A pesar de que en el citado censo, aparecen nacidas en Orihuela, sus tías Braulia y Feliciana eran oriundas de Nestares de Cameros y permanecieron solteras regentando un comercio textil en la calle Mayor, aunque al igual que sus sobrinas gran parte de sus rentas procedían de otro oficio, el de prestamistas.

La Compra

A la muerte de su padre, Antonia y Petra Vilar Pablo reunieron sus caudales, acordando en privado establecer una sociedad mercantil con el objeto de emplearlos en la compra de géneros textiles, fincas rústicas y urbanas y por supuesto en préstamos a ser posible con hipoteca, el mejor modo de enriquecerse. Durante la década de 1866 a 1876, en los protocolos de Ramón Roca, encontramos múltiples escrituras de obligación, poderes, compras y ventas de fincas protagonizadas por estas señoras. Concretamente en 1868, las hermanas Vilar Pablo, realizaban la operación que nos interesa, acudiendo al concurso de acreedores del fallecido Juan Vilaregut y comprando a su viuda los tres conventos citados por 48.000 escudos (120.000 ptas.).

Entregaron 20.000 escudos a cuenta y firmaron escritura ante el notario de Barcelona Miguel Martí Saguita, el 28 de julio de 1869. ¿Cómo conocían a Vilaregut?, no podemos asegurarlo, lo cierto es que su padre, Antonio Vilar, regidor liberal del ayuntamiento oriolano durante la primera guerra carlista, fue el autor de la primera solicitud para instalar una plaza de toros en el convento de San Agustín con fines benéficos.

Las dos hermanas continuaron juntas en los negocios hasta que el 25 de Junio de 1870, ante el notario Ramón Roca , Antonia y Petra Vilar, decidieron poner fin a la próspera sociedad, llamada “Antonia Vilar y hermana”. Antonia está a punto de contraer matrimonio con un sombrerero alicantino llamado Vicente López Durana y pensaba marcharse a vivir a Alicante. Formados los inventarios, resultó un capital a repartir de 40.000 escudos (100.000 ptas.), que pertenecían a ambas por mitad. Como ya hemos dicho, Antonia pensaba ausentarse de la ciudad, así que la sociedad quedó en manos de Petra, con las siguientes condiciones: Antonia quedaba libre de toda responsabilidad, desde ese mismo día ante la ley y el código de comercio, asumiendo Petra todo el poder y obligándose a pagar los 28.000 escudos que faltaban por entregar por la compra de los tres conventos. La parte de Antonia, 20.000 escudos, quedaba consignada en los tres edificios, por los que recibiría un 5% anual desde el día de su boda. Pudimos comprobar que la actividad mercantil de las hermanas Vilar relacionada con los exconventos, se mantuvo con normalidad, pues el 31 de marzo , tres meses antes de la disolución, arrendaron por cinco años a Francisco García Lucas un almacén, “el cual era parte del edificio que fue convento de San Gregorio ”, a razón de 200 escudos/año y un accesoria marcada con el número uno, perteneciente al edificio que fue convento de agustinos por 140 escudos/año. Este local, incluía un piso superior en el que pensaban criar capullos de seda y una puerta por la que se accedía a la plaza de toros. Por ello el contrato incluía la obligación de entregar las llaves los días de corrida o función.

La Primera Partición

El caso es que en Julio, Antonia se casó, empadronándose en Alicante. Ese mismo año 1870, Petra, sospechamos que por falta de liquidez para hacer frente a los 28.000 escudos que se adeudaban, se asociaba de nuevo también de manera privada, con sus tías Braulia y Feliciana formando la mercantil “Petra Vilar y tías”, cuya finalidad era la venta y compra de géneros del país y extranjero de lencería, sedería y otros.

Pero el 13 de mayo de 1875, Petra también contraía matrimonio. Se casó con Ramón Pastor Crespo, factor de comercio y vecino de Orihuela. Tres meses después, el 10 de agosto , Antonia y Petra decidieron dividir sus propiedades ya descritas anteriormente.
Cada una había de recibir 50.000 ptas. , a las que añadieron 5.555,50, mitad del importe de las obras realizadas en el acondicionamiento del que fue convento de mercedarios. Antonia, se quedó con San Gregorio , valorado en 12.812 ptas., más un
trozo que segregarían del edificio más valioso, el de la Merced . Para ejecutar tan complicada partición, no se anduvieron con aficionados, Antonia contrató como perito a José Guardiola Picó, arquitecto municipal de Alicante y miembro de la Academia de Nobles Artes de San Fernando y Petra a Jerónimo Ros Jiménez, de la misma academia y arquitecto municipal de Murcia. Ambas convinieron ante notario, aceptar el veredicto de los citados peritos, así que el 1 de octubre del mismo año, llevaron el acuerdo a escritura . Antonia, aceptó la siguiente fracción del edificio:

“ A partir del alfeizar derecho de la puerta principal en Los Hostales, las casas números 17, 19, 21 y 23 y doblando la esquina y comprendiéndola, siguiendo por el Ballet, las casas 1,3 y 5 hasta la pared divisoria, que a esta última casa divide en dos. La longitud total de la fachada es de 48,79 m., 22,38 a Hostales, 23,75 a Ballet y el resto chaflán.

Las paredes divisorias, corren desde el alfeizar derecho de la puerta principal, entrando, siguiendo el muro hasta la esquina de la casa de la portería, desde donde toma la dirección a levante por el muro del patio y comprendiendo la cuadra de los civiles, propiedad de Antonia, hasta buscar la señal roja impuesta en la fachada de la casa nº 5 de la calle Ballet, total 527,18 m.

Los gastos de medianía van por cuenta de las dos, y el muro deberá tener el grueso suficiente, todos los huecos que se encuentren en las paredes divisorias, serán tapiados y no podrán abrirse sin el consentimiento de ambas. Las aguas pluviales verterán en la propiedad de cada una, no existiendo servidumbres de ninguna especie, entre ambas propiedades.”

Este fragmento, para quien no lo entienda, corresponde en la actualidad, a la esquina entre Alfonso XIII y Ballesteros Villanueva. Comprende desde la derecha de la entrada de carruajes hasta la peluquería. El resto que luego detallaremos, quedó en propiedad de Petra junto al convento de San Agustín , una finca en la localidad de Fortuna y los préstamos.

Ya hemos dicho, que tras separarse de su hermana, Petra se asoció con sus tías y que se casó en Mayo de 1875. La tía Braulia, utilizando el matrimonio de su sobrina como argumento, consideró disuelta la mercantil “Petra Vilar y tías”. Nos consta que las particiones enemistaron a Petra con su hermana y con su tía, pues el 1 de agosto, Braulia testó ante notario , dejando como heredera a su sobrina Antonia , además, tan sólo cuatro días después de la disolución de la sociedad “Antonia Vilar y hermana”, el 14 de agosto, Braulia otorgó plenos poderes a Antonia sobre todas sus propiedades. Textualmente quería que la representase en la sociedad que amistosa y familiarmente, estableció con su sobrina Petra y su hermana Feliciana.

El 7 de febrero de 1876, Antonia, arrendó el almacén de su ya propio exconvento de San Gregorio a José Martí de Veles, vecino de Alcira, por cuatro años a razón de 500 ptas. cada uno . Un mes después, el 6 de Marzo , establecieron por fin el convenio de disolución de “Petra Vilar y Tías”. Braulia, dijo verse obligada por la imposibilidad de permanecer al frente del establecimiento a causa de su edad y achaques.

Segunda Partición

Valorado el capital en mas de 250.000 ptas., Petra pidió deducir 5.000 ptas. del valor asignado al inmueble de San Agustín, por haber sufrido un incendio “El día uno de los corrientes” . Como ya hemos dicho, la separación no fue amistosa, a Braulia la representó el abogado oriolano Vicente Moreno Tovilla y a su sobrina Petra, Teodoro López Aracil, de Aspe. Encomendaron al maestro de obras de Alicante, Francisco Arques, una nueva partición del edificio de la Merced.

El 12 de mayo, se reunieron ante notario y presentaron inventario con un capital a repartir a razón de casi 80.000 pesetas por cabeza. Lo que quedaba del edificio de la Merced, se valoró en 76.410 pesetas. El perito encargado de la nueva división, encontró muchas dificultades para repartirlo en igualdad por su figura irregular y anómala, así que hizo dos partes, una valorada en 43.174 adjudicada a Petra y otra de 33.235 que correspondía a Braulia y Feliciana por mitad. Braulia, se hizo cargo de la hipoteca de la Calle Mayor (donde vivían y tenían el comercio), recibiendo a cambio el resto de los créditos escriturados. Ante la desconfianza de Petra, sus tías Braulia y Feliciana hubieron de comprometerse a resarcir lo que pudiese faltar del inventario, pues había pasado el tiempo y sus tías seguían al frente de la tienda vendiendo y comprando géneros inventariados.

El 27 de Julio , Antonia hizo testamento y tampoco mencionó a su hermana Petra. Se declaró hija de Antonio y Josefa, natural de Orihuela y vecina de Alicante, casada y sin hijos, expresando su deseo de ser enterrada en Orihuela, en el panteón familiar. Como albaceas, nombró a sus tías Braulia y Feliciana .

Pero volvamos al edificio de la Merced del que ya hemos citado la parte de Antonia. El resto quedó distribuido de la siguiente forma: a Petra le correspondió:

Desde la casa de los herederos de Rufino Cascales, hasta el alfeizar izquierdo de la puerta principal, entrando, siguiendo el muro de este lado hasta el que divide al norte el edificio de la iglesia, en el cual se comprenden las casas números 9, 11, 13 y 15, las habitaciones interiores números 10, 12, 13 y 14, la entrada a establecimiento de instrucción primaria, la cochera de Francisco Almodóvar, las habitaciones llamadas Archatas y Tribunal, mitad de los 94, 490 m2 de la entrada, mitad de los 230, 360 m2 de corredores y patio, mitad del pozo y la habitación sobre la entrada, que es parte de la fonda. Lo adjudicado a la izquierda de la entrada, forma un triángulo y linda a levante con patio y entrada de sus tías, a poniente con casa Rufino Cascales, mediodía calle Hostales y norte con la Merced.

Esta parte es el fragmento de fachada que aunque muy deteriorada, se mantiene en la actualidad, exceptuando el trozo en el que se construyó una casa a finales del XIX y que alberga una óptica. Y por último, para las tías:

Las casitas que dan a la calle Ballet, desde la pared divisoria de la casa nº 5, dividida en dos, la 7, 9, 11 con su cochera, la 13, la cochera con salida a la plazuela de la Merced, las habitaciones interiores con entrada por la puerta principal de la calle Hostales números 1,2,3,4,5,6,7,8,9, 20, y la que se conoce con el nombre de Carbonera, mitad de la entrada y mitad de corredores, patio y pozo.

En la actualidad, desde la casa anexa a la peluquería de la calle Ballesteros Villanueva, hasta el museo de Semana Santa. Es fácil distinguir los tres fragmentos, porque están claramente diferenciados en aspecto y altura.

San Gregorio y San Agustín

A partir de aquí, no tenemos sino datos sueltos extraídos de aquí y de allá. Antonia y su marido, Vicente López Durana se instalaron en Orihuela dedicados plenamente al negocio inmobiliario. En septiembre de 1885 Vicente solicitaba permiso, que le fue denegado, para edificar en los terrenos de San Gregorio. Tras obligarle a presentar los títulos de propiedad, la comisión de ornato le acusó de apropiarse de la Alameda que era del común y de destruir la columna y base de su cruz de término . En 1887 vendía una casa de tres pisos en la calle del colegio. Tras un fallido intento de adquirir el de Alicante, su ciudad natal, compró el “Teatro de la Corredera” en 1896 . El último documento relativo a esta pareja que hemos encontrado, es la solicitud de obras menores a realizar en el edificio de la Merced en septiembre de 1902, cuyo plano adjuntamos .

A Petra y Ramón, no les debieron marchar bien los negocios, el 10 de octubre de 1879 , enajenaron San Agustín con pacto de retroventa a cinco años a Mateo Sáenz Ibarra, vecino de Orihuela, por la cantidad de 10.000 ptas. en oro y plata , pero el 14 de noviembre de 1885 , hicieron uso de la oferta de retro, y recuperaron el edificio por el mismo precio, sin gravámenes ni deudas. En los protocolos de Ramón Amat de los años 90, figuran decenas de letras protestadas a nombre de este matrimonio. Tan sólo en el primer semestre del año 1897, José Balaguer Murcia, les protestó 35, aceptadas por la sociedad ”Petra Vilar y Ramón Pastor” y endosadas generalmente por empresas de Barcelona, pero también por acreedores de Madrid, Valencia, Tarrasa, Onteniente, Alicante y Elche.

La definitiva venta del exconvento de los agustinos , tuvo lugar ante el notario Ramón Amat, el 14 de noviembre de 1887 . Ramón Belló Martínez , natural de Novelda y vecino de Orihuela, presbítero con dignidad de Arcipreste de la Catedral, lo adquirió por 14.625 ptas. Había entregado mediante cautela privada 1.000 ptas. pagando el resto en billetes de banco. Pero esta compra aún reservaba otra sorpresa, en el testamento del religioso, redactado el 19 de enero de 1892 , dos días antes de su muerte, aparecía una cláusula que revelaba:

“ Que el edificio que fue antes convento de San Agustín convertido hoy en colegio de Jesús María, aunque la escritura de dominio aparece a mi favor, no es de mi propiedad sino de la pertenencia de las Señoras Superioras actuales encargadas de esta clase de colegios en España, en cuyo edificio hicieron dichas señoras algunas mejoras por su cuenta y a cuyo favor otorgará la correspondiente escritura de traslación de dominio mi hermano Don Francisco Belló y Martínez, sino lo hubiese yo verificado antes de ocurrir mi defunción, siendo cuenta de dichas señoras el pago de toda clase de deudas que aparezcan contra dicho edificio, y de que yo salí fiador por estar dicho edificio a mi nombre.”

Suponemos que el miedo a nuevas desamortizaciones, o quizás las hipotecas establecidas sobre el edificio, llevaron a las religiosas a camuflar su compra. En la cesión de la finca por parte de Francisco Belló y Martínez a favor de Sor María de San Hermenegildo, conocida como Teresa Font y Barberá (Superiora del Colegio de Orihuela) y otras , aparecen reseñadas dos hipotecas por 40.000 ptas., mucho más que el importe pagado por el propio edificio. El hecho de que tan sólo diez días después , formalizasen un contrato de venta a favor de Doña Concepción Morell e Iseru y otras señoras, vecinas de San Andrés del Palomar (localidad donde establecieron su primer colegio), refuerza nuestra teoría del temor a aparecer como propietarias del edificio.

Las religiosas, comenzaron su labor docente en la calle San Juan, el mismo año que Ramón Belló compraba el convento. Dos años después, en abril de 1889, el arquitecto de la diócesis de Cartagena , Justo Millán, solicitaba desde Murcia permiso para emprender las obras de restauración, y no lo citó como convento de San Agustín, sino ya como Colegio de Jesús y María. Adjuntamos el plano . Nos pareció extraño, que tan prestigioso arquitecto, cuyas obras se circunscriben a Murcia y Albacete, aceptase este trabajo y sospechamos que la clave pudo estar en que Francisco, el hermano y heredero universal de Ramón Belló, era canónigo magistral de la Catedral de Murcia.