Loazes, las gradas y el marqués de Arneva

 

 


fot

WWWWWW
 Callejeando por nuestra Historia
De las Graduadas al Manjón
Calle 5 de marzo
La Glorieta
Casa de Matías Sorzano de Nájera
Y se hizo la Luz
Los Andenes
Los Casinos Oriolanos
Muñoz, De Rozas y la Mancebía
La Barrera y las barracas
El Puente Viejo, La Sala y la Casa del Paso
Las Salesas y la Compañía de Jesús
La Merced, San Agustín y San Gregorio
Loaces, las gradas y el Marqués de Arneva
Los Carmelitas y el Hospital de San Bartolomé
El breve levantamiento oriolano de 1706
Por la puerta de Murcia hacia San Francisco
El cuartel de Infantería y Caballería
El convento de Capuchinos y la Virgen de la Fe
La Plaza del Raval, Monserrate y la Misericordia
De Santiago a Santa Justa pasando por Triana
Antonio José Mazón Albarracín y Jorge Belmonte Bas

Partiendo de las Salesas, dejamos a la izquierda un callejón perfectamente delimitado al costado del convento y que se llamaba de los jesuitas. En la actualidad está cerrado por una fachada con puerta y su salida a la plaza de Togores condenada, así que llegaremos a dicha plaza por la calle Meca, cuyo título recuerda a la familia Pérez de Meca.

Hasta la mitad del siglo XVIII, el primer tramo de esta calle se tituló de los Loazes, pues como indica un rótulo recién colocado, en la primera casa de la derecha nació Fernando de Loazes, el más internacional de nuestros vecinos. A su izquierda permanece el edificio del clausurado cine Casablanca, que a mediados del siglo XX fue palacio de boxeo y hasta pista de patinaje. Muy cerca y ocupando un solar contiguo a la plaza de Togores, se construyó a finales del siglo XVIII, otro gran edificio lúdico, del que Gisbert habla cuando cita las casas de comedias.

“Con licencia de 12 de Marzo de 1790, el empresario hacentista y catalán Francisco Baus, edificó desde sus cimientos otra en la calle de Meca en un solar del murciano don Mariano Aguado Martínez, marqués de Campo Hermoso , inscribiéndose en letras de oro sobre un arco CANENDO ET RIENDO CORRIGE MORES A EXPENSAS DE FRANCISCO BAUS AÑO DE MDCCLXXXX. Fue inaugurada el sábado 21 de Agosto de dicho año con la comedia “Las armas de la hermosura.”

En el artículo “El Coliseo de Comedias de la Calle Meca”, Mª Cruz López Martínez nos ofrece la traducción del texto latino “Cantando y riendo, corrijo las costumbres”, ampliando además la información sobre su construcción y distribución: Edificio en forma de paralelogramo con gran amplitud y solidez. Veinticuatro palcos, tres escaleras, cinco puertas y capacidad para ochocientas personas.

Casi un siglo después, se instalaba en la calle Meca, un asilo de las hermanitas de los ancianos desamparados, fruto de las gestiones practicadas por el obispo Victoriano Guisáosla y por la conferencia de San Vicente de Paul . Este instituto femenino, fundado tan solo hacía una década por Saturnino López Novoa y Teresa de Jesús Jornet, inauguró sus instalaciones el 2 de Mayo de 1883 en la casa propiedad de José Roca de Togores, con todo el apoyo y beneplácito municipal. El día 12 llegaron las religiosas que tras celebrar una ceremonia en Santa Justa, tomaron posesión del mismo.

Este establecimiento pronto se les quedó pequeño, así que en junio de 1923 el ayuntamiento reservando el perjuicio a terceros, cedió terreno del dominio público a la superiora del asilo, dándole a su vez permiso para emprender obras de ampliación . Pero sus vecinos, sintiéndose perjudicados, se negaron a perder el único ensanche de que disponía la calle Meca . Ante las alegaciones, el consistorio decidió dar marcha atrás . En marzo de 1924 seguían estudiando la posible ampliación del asilo, esta vez uniéndole una casa adyacente , pero la única solución fue trasladarlo a un local más espacioso. Dicho traslado al sitio en el que permanece actualmente no tendría lugar hasta1946.

La calle de los Loazes terminaba en la plazuela de Togores y el tramo que continua en dirección al río recordaba a otra ilustre familia, los Masquefas. En dicha calle vivieron los causantes de la actual titulación: el regidor Fernando Pérez de Meca, fallecido en 1730 y posteriormente el canónigo Alejandro Pérez de Meca .
En los padrones de cumplimiento de Santa Justa, la calle de los Loazes se cita por última vez en 1748 y la de los Masquefas en 1766. Ginjoleros se ha mantenido a través de los siglos, aunque su delimitación ha cambiado, pues comprendía la actual Madre Elisea. Por último y junto al río estaba el malecón, origen del nombre de la última calle a la izquierda.

Nosotros volvemos a la calle Marques de Arneva, llamada anteriormente de los Ruises y también de las Gradas haciendo referencia a “las gradas de piedra picada del portal mayor de la iglesia de Santas Justa y Rufina” situadas a nuestra derecha y que forman parte de la portada principal o también llamada por el mismo motivo Puerta de Las Gradas. La construcción de dicha portada, se proyectó a mediados del siglo XVIII para soportar el empuje de un edificio sobrecargado. En su artículo “Del gótico al barroco en la Puerta de las Gradas”, publicado en la revista de Moros y Cristianos de 1981, F. Javier Sánchez Portas documenta el accidentado proceso que llevó a emprender esta obra inacabada.

En 1749, un año después de la construcción de la capilla de la comunión y en plena vorágine recaudadora de diezmos, la junta parroquial decidió acabar con las goteras sustituyendo los terrados por tejados como ya se había hecho con éxito en la parroquia de Santiago, y al igual que aquella, dotarla de algunos remates y pirámides. Ya metidos en harina, o mejor en yeso, abrirían nuevas ventanas e intentarían centrar la antigua puerta, practicando un buque en la pared trasladando la portada “como cosa de una vara hacia tramontana”, piedra a piedra. La empresa resulto nefasta y antes de acabar el año 1750, comenzaron a aparecer grietas.
Dos años después, estaba reventada y a punto de desplomarse. Se llamó al maestro mayor de la Catedral de Murcia y a otros peritos. No había solución, era necesario demoler lo hecho y reconstruir la fachada de poniente. Inmediatamente se acometió el proyecto diseñado por Fray Antonio de Villanueva, que fue ejecutado por el maestro cantero Cristóbal Sánchez. Las obras se mantuvieron a trancas y barrancas desde 1753 hasta 1762, quedando tal y como permanecen, incompletas.

Podemos contemplar los agujeros de los andamios, los capiteles superiores y cuatro de los cinco medallones que quedaron sin desbastar (estos últimos iban a dedicarse a la vida y martirio de las Santas titulares). Las dos impresionantes columnas, le fueron encomendadas de una sola pieza al maestro Cristóbal que se comprometió en agosto de 1755 a “traer y poner en la portada, siendo cuenta de él el arrancarlas y traerlas desde la cantera de Abanilla, hasta el pie de la obra ”. Tenía de plazo hasta el fin de enero de 1756, pero llegó el mes de junio y no había podido sacar de la cantera dos piedras con las dimensiones necesarias, así que propuso que una de las dos llevase añadida una pequeña piedra imperceptible. Si se fijan, arriba en la columna de la derecha, pueden ver el trocito de piedra adosado.

A la izquierda, encontramos la que fue residencia del Marquesado de Arneva. El que hoy es sede del Ayuntamiento de Orihuela, constituye uno de los más espectaculares y destacados palacios barrocos de la ciudad, ejemplo de mansión nobiliaria del siglo XVIII. Fue construido por D. Victoriano Ordóñez de Villaquiránt a mediados de dicha centuria.

La parte baja de la fachada está íntegramente realizada en piedra, mientras que las superiores presentan un enlucido que imita sillares, el cual junto a la decoración que rodea a las ventanas se debe sin duda a una remodelación hecha en el siglo XIX, pues normalmente las fachadas eran casi totalmente lisas, sin embargo los balcones de hierro forjado son originales del XVIII.

La entrada principal al edificio se realiza a través de una portada adintelada de gran tamaño para permitir el acceso de carruajes, en la que destacan las puertas de madera decoradas con magníficos clavos, llamadores y cerraduras de bronce dorado y que veremos también en otros palacios. Para adaptar el antiguo palacio a su nuevo uso hubo que remodelarlo profundamente, perdiendo su primitiva distribución interior. En la esquina llama poderosamente la atención el enorme y barroquísimo escudo del marquesado. En la parte inferior, la esquina adopta forma de chaflán, habiéndose tallado en el mismo un ave por la que el vulgo la ha bautizado como “esquina del pavo”. En la fachada lateral, encontramos un panel de piedra realizado en 1607 con el escudo de España acompañado en ambos lados por el Oriol, símbolo de la ciudad. Procede del antiguo Ayuntamiento, o mejor del edificio que fue pósito municipal del grano y del que hablaremos en su momento.

A mediados del siglo XX, la casa de Arneva se arrendaría para albergar el Instituto Laboral. Posteriormente fue adquirido por el Consistorio oriolano, que se trasladó en 1967 desde sus antiguas dependencias de la Plaza Nueva.

Según reza en el libro de bautismos del archivo parroquial de la iglesia de Santiago, Victoriano Ignacio Ordóñez de Villaquiránt Rocafull y Juan, nació el 6 de diciembre de 1660. Quinto hijo y primer varón del matrimonio formado por Victoriano Ordóñez de Villaquirant y Valeriana Juan Gutiérrez.

Canónigo con dignidad de Sachriste de la Santa Iglesia Catedral de Orihuela, se hizo con la heredad con casa y almazara llamada de Arneva según la última voluntad de su tío, el presbítero Joseph Ordóñez en 1721. Para ello sostuvo un farragoso pleito (880 hojas) de un lado con los hijos de su fallecida hermana Ángela representados por su cuñado Diego de Alburquerque y de otro con la también menor Petronila Alvarado y Mesa, heredera a través de la familia Rocafull y representada por sus tíos Juan Alvarado y Alonso de Mesa. Recibió sentencia desfavorable en 1739, pero eso no le amedrentó. “Antes de emprender recurso, no queriendo guardar el tesón litigador en defensa de sus derechos con familiares tan próximos”, ofreció algo mas de 2500 libras a su cuñado, que harto de pleitear aceptó el trato, renunciando a su mitad en enero de 1741. Al sentirse solos contra Victoriano, los Alvarado aceptaron igualmente la enajenación, firmando la concordia en octubre del mismo año y allí mandó construir el célebre Jardín de Arneva que citó Carlos Beramendi en su obra “Viage por el Reyno de Valencia.”

“No lejos de Orihuela, hay un Jardín mui capaz proprio del Marqués de Arneva, dispuesto con mucha gracia y adornado con varias Estatuas de mármol”.

Por desgracia hoy sólo quedan ruinas de aquellos magníficos jardines que así describía Montesinos.

“Distante una media legua de la ciudad, camino de Hurchillo, con decente casa, frutales, flores, cenador, andadores, laberinto, plazuelas, calles de matas y varias estatuas de piedra blanca sobre medianas columnas, representativas de muchos personajes de la antigüedad y Reyes de España, que todo forma una vista deleitosa y es el embeleso de los extranjeros”.

El marquesado le fue concedido por Fernando VI el 26 de mayo de 1753. Falleció en 1765 y aunque Montesinos afirme que fue sepultado en la iglesia de Santiago, el libro de entierros del archivo de dicha parroquia certifica que lo hicieron en el vaso funerario que poseía la Cofradía de San Pedro en la Catedral.

El título recayó en su sobrino José Sannazar Ordóñez de Villaquiránt y pasó por los apellidos Pascual del Pobil (III y IV) y Carvajal (V y VI). En 1915 Adolfo Wandosell Calvache, hijo del acaudalado minero Pío Wandosell y jugador del recién creado Real Madrid , se casó con la VII marquesa María de las Mercedes de Echevarría y Carvajal. Su nieto José María Wandosell y Lloret, IX marqués de Arneva, ostenta el título desde 1987. La calle adoptó el nombre de este marquesado en el año 1858 , tras sufrir una profunda transformación. Un año antes, se había decidido que era de absoluta necesidad

“Dar ensanche a la calle de Santiago por la parte de enfrente de casa del Sr. Marqués de Arneva, pues que teniendo por aquella parte seis palmos de anchura y haciendo el esquinazo de la casa de enfrente una buelta muy violenta suceden comúnmente impedirse el transito, y acaecer desgracias ”.

Para remodelar y alinear la calle, necesitaban demoler las casas del “tramo comprendido desde la casa de Roque Gil hasta enfrente de la tahona de Rafael Guillén”, que según constaba pertenecían a José Aznar, José Fenoll, tres al Marques de Rafal y dos al de Arneva. Pero luego descubrieron que las siete casas, eran en realidad, propiedad del Marqués de Arneva, al que enviaron un escrito con la tasación efectuada por el maestro municipal. En marzo de 1858, el Marqués respondió donando a la ciudad casi la mitad del valor ajustado.

“El valor de todo el dicho terreno, comprehendiendo el de los quebrantos sufridos, según valoración practicada por el Maestro de obras titular de esta ciudad asciende a la cantidad de veinte y siete mil cuatrocientos veinte reales de los cuales cedo al Iltre. Ayuntº doce mil cuatrocientos veinte reales y solo habrán de abonárseme los quince mil restantes ”.

El consistorio agradecido por su gesto altruista, acordó titular como Marqués de Arneva el tramo comprendido entre el antiguo principio de la calle de Santiago y el Callejón del Maestro Esteban.

“Se den las gracias al Excmo. Sor. Marqués de Villalva y de Arneva por su generosa condona, y debiéndosele corresponder de alguna manera este obsequio que hace en beneficio de la Población y dar de ello un público testimonio, se acordó así mismo que en adelante lleve el nombre de la Calle del Marqués de Arneva, todo el trozo comprendido desde lo que antes era principio de la de Santiago, hasta el Callejón del Maestro Estevan desde el cual tomará ahora principio la Calle de Santiago ”.