El cuartel de infantería y caballería

 

 


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El cuartel de Infantería y Caballería
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Antonio J. Mazón Albarracín

Dejamos nuestro imaginario paseo en la plazuela del Sepulcro. Por la breve Travesía de la Armengola llegaremos a la calle Charamita, cuyo título es sinónimo de dulzaina. Este instrumento de viento llamado también xirimia en Cataluña y Valencia, se ha transformado fonéticamente en xaramia y luego en xaramita.

El Charamitero, acompañado de un pequeño tambor (tabalet) y generalmente del polvoristero, formaban un conjunto que marchando delante del pasacalles llamaba a la fiesta interpretando melodías populares. Por ello, en las comarcas del sur y en algunos pueblos de Murcia, el término castellanizado en charamita se utiliza también para denominar a dichos pasacalles. Gisbert, sitúa a los Dulzaineros muy lejos de aquí, pero ya hablaremos del tema en su momento.

Ante nuestros ojos aparece el lateral de la casa cuartel de la Guardia Civil. Como ya comentamos en la calle del Río, el benemérito cuerpo estaba instalado anteriormente en la Casa del Paso, trasladándose aquí en los años sesenta del pasado siglo. Pero para hablar de su actual emplazamiento al que dedicaremos esta entrega, debemos remontarnos más de 250 años.
A comienzos del siglo XVIII se empezó a considerar conveniente, la construcción de cuarteles militares que facilitaran las condiciones de vida y reforzaran la disciplina de las tropas, liberando a los pueblos de la carga económica y las molestias que suponía alojar a los soldados en mesones y casas particulares. Durante el reinado de Felipe V se creaban los ejércitos permanentes y en 1718 se redactó un reglamento para establecer cuarteles, ya fueran de nueva planta o en edificios antiguos adaptados a este nuevo uso. Paradójicamente, para liberar a los pueblos de la carga que implicaba alojar a las tropas, cada ciudad tenía que costear los gastos de construcción y el mantenimiento de sus propios cuarteles.

A mediados de siglo comenzaron a proliferar edificios militares por toda la geografía española. En el caso de Orihuela fue el obispo Juan Elías Gómez de Terán, quien en 1740 impulsó la construcción de un cuartel de infantería y caballería extramuros, en un huerto de palmeras propiedad de la Marquesa de Rafal, situado a cien pasos de la ciudad, entre el convento de Capuchinos y la Ermita del Sepulcro.
Montesinos y algún otro cronista cuentan que el propio obispo dirigió personalmente las obras. El trabajo documental recientemente publicado de José Mª Penalva y Manuel Sierras , demuestra que en su ubicación, diseño y construcción intervinieron profesionales escogidos de la talla de Nicolás Bodín, experto en fortificaciones, Sebastián Feringán Cortés, uno de los más prestigiosos ingenieros militares de la época y también Marcos Evangelio, arquitecto academicista que trabajó significativamente en la iglesia de Santa María de Elche.
Montesinos también dice que se construyó por orden del rey Fernando VI en 1749, pero cuando se inició el proyecto reinaba Felipe V, formándose los primeros planos en 1741. Dos años después las obras estaban en marcha, no obstante se interrumpieron, para seguir en 1747, ¿quizás por la muerte del rey?. Lo cierto es que tras la reanudación se decidió reforzar el grosor de los muros y ampliar el tamaño del cuartel para que pudiera albergar un regimiento de Dragones .
En 1749 las obras estaban casi finalizadas y el obispo, en una carta enviada a la ciudad, se mostraba orgulloso del resultado

“Apliqué mis oficios en la Corte, y Dios hizo el beneficio a V.S. para evitar muchas culpas, y el alivio en los aloxamientos, de el Cuartel magnifico que se está concluiendo, que la haze a V.S. tan famosa, como possehedora de una tan superior alhaxa, que a su todo para mil y quinientos hombres con la espaciosa explanada, y cavallerizas, no llega el Cuartel de Guardias de Madrid, ni le ai en España, ni en Francia, y solo se halla en Orihuela ”

En 1751, el ayuntamiento se dirigió a Fernando VI para ofrecerle el nuevo edificio, pero por desgracia para ellos, el esfuerzo no acababa ahí, la manutención y el costoso mantenimiento, valorado en mil pesos anuales, correrían de su cuenta a partir de ese momento.

La descripción de Montesinos fechada en 1791, dice que “Su disposición es famosa, sus abitaciones arrogantes y la exterior fachada primorosa”, mostrando las armas reales “en lo más elevado de la puerta principal”. También nos cuenta que de ordinario albergaba a un regimiento entero “sin que estén incómodos” y que lo ocupaban en ese preciso momento los Dragones de Almansa.

En manos municipales y sin partida específica para sus gastos, las obras de reparación y conservación se limitaron a lo estrictamente necesario, deteriorándose progresivamente con el paso del tiempo. Ante esta situación, en 1832 el ayuntamiento decidió deshacerse de él cediéndolo a la corona y ese fue el golpe de gracia. Deshabitado y sin utilidad, acabó convertido en guarida de mendigos, teniendo que tapiar sus puertas.

En 1849, el diccionario de Madoz, lo califica como deteriorado y en estado de abandono, pero debía ser muy hermoso para que a pesar de todo, el famoso escritor Hans Christian Andersen resaltara tan solo tres edificios monumentales a su paso por Orihuela en 1862: el grandioso Cuartel de Caballería, el Palacio del Arzobispo y la Catedral.

La desidia y el progresivo deterioro continuaron hasta que en las postrimerías del siglo XIX, quedó completamente arruinado.

“El domingo anterior, a eso de las dos de la tarde, de desprendió casi toda la pared de Levante del Cuartel de San Francisco, situado en la carretera de Murcia, habiendo ocasionando perjuicios de consideración en la casa de José Ruiz, distante unos 20 metros de dicho cuartel. No ha ocasionado desgracias personales” .

A comienzos del siglo XX, la antaño “superior alhaja” albergaba una modesta fábrica de licores, pero la dictadura de Primo de Rivera le daría otra oportunidad. En Febrero de 1927, la corporación municipal presidida por Francisco Díe lo adquirió por 76.650 pesetas para construir un cuartel de sementales aprovechando lo poco que quedaba en pie. Esta obra, pretendía ser el inicio de un proyecto más ambicioso, la trasformación y urbanización de la llamada barriada de San Francisco.

El martes 19 de junio de 1928 a las 12 de la mañana, tuvo lugar el acto oficial de entrega al estado y simultáneamente se colocó la primera piedra de las casas baratas que la Caja de Ahorros y Socorros de Nuestra Señora de Monserrate comenzaba a edificar en la explanada situada frente al renovado edificio. A la pomposa ceremonia acudieron entre otros el General Jefe de Caballería del Ministerio de Guerra, el Teniente Coronel Jefe del Depósito de Sementales de Valencia y multitud de oficiales, que fueron recibidos por “Paco Díe” a pie de tren y conducidos en lujosos automóviles de la época .

El servicio de Cría Caballar y Remonta, dependiente del Ministerio de Guerra, estaba gestionado por el arma de Caballería. Su función era criar y seleccionar los mejores ejemplares equinos para los depósitos de Sementales del Estado, poniendo además a disposición de los ganaderos caballos de raza para inseminar a sus yeguas. Durante la república, dicho servicio paso al Ministerio de Fomento, circunstancia que aprovechó el consistorio oriolano en el verano de 1931 para solicitar al estado la devolución del cuartel de sementales a instancias del concejal Antonio Cubí.

En Abril de 1932 el alcalde accidental, David Galindo, comunicaba dicha devolución por parte del Ministerio de Hacienda. Por aquellas fechas según la descripción del Semanario “El Radical”, contaba con una amplia cuadra capaz para cincuenta caballos, un enorme patio central, cocheras, guardarnés, pajera, retretes, enfermería, botiquín, herradero, una nave y un piso con espaciosas terrazas. En el vivía con su familia un capitán veterinario retirado llamado Juan Castro al mando de siete empleados que guardaban 35 ó 40 caballos.

En noviembre de 1934 la comisión gestora encabezada por Ricardo García López, se proponía construir una casa cuartel para las fuerzas del instituto de la guardia civil y buscaba para tal menester un solar en los andenes de la estación. En la siguiente sesión ofrecieron el cuartel de Sementales al Ministerio de la Gobernación, ante el excelente efecto que había producido a las autoridades provinciales dicho edificio, tanto por su emplazamiento como por su amplitud y solidez para instalar el cuartel de la benemérita. Con ello pensaban ahorrar al ayuntamiento las 1.200 pesetas anuales con las que contribuía al alquiler de la casa del paso.

La respuesta llegó a mediados de diciembre. El Ministerio aceptaba el ofrecimiento, quedando a su cargo las obras de adecuación necesarias, con el compromiso de devolver el edificio, si alguna vez dejara de destinarse a dicho servicio.

Así pues, cuando en octubre de 1935 el Teniente Coronel del Depósito Central de Remonta, les comunicó su intención de destacar de nuevo en Orihuela una de sus secciones, se le transmitió la imposibilidad de aceptar la oferta por haber cedido el cuartel. Pero en Junio de 1936, a punto de comenzar la contienda, recibieron un oficio de la Dirección General de la Guardia Civil, considerando imposible la instalación de un cuartel en Orihuela, si bien tomaban nota del ofrecimiento para el día en que pudieran hacerlo.

En enero de 1937 la Sección de Sementales del Estado, ofreció de nuevo al ayuntamiento la instalación de una parada de sementales y esta vez aceptaron la oferta . Ese mismo mes, a propuesta del Teniente Jefe del Batallón Orihuela, se permutó el nombre de Cuartel de la Remonta por Cuartel Azaña.

El 30 de mayo de 1950, el viejo proyecto acabó cumpliéndose y el ayuntamiento lo cedió ante el notario Aurelio Rodríguez-Molina. Convertido en casa cuartel de la guardia civil, comenzó a habitarse en 1962 . El cuartel de la Remonta se trasladó a la carretera de Molins.