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| De Santiago a Santa Justa pasando por Triana |
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Antonio José Mazón Albarracín
y
Jorge Belmonte Bas
Es curioso que esta antiquísima titulación haya sobrevivido precisamente en el tramo que entre los siglos XVII y XVIII fue nombrado como calle de Monserrate, como certifica Ojeda Nieto al hablar de dicho santuario: “en los inicios del XVII se llevaría a cabo una actuación mas completa, que sirvió a la postre para perfilar el trazado de la incipiente calle de Monserrate ”. En los repartos del Real Equivalente para gastos de defensa del primer tercio del siglo XVIII, entre la calle de Santiago y la Plaza del Raval Roche, continua figurando la calle de Monserrate, luego esta titulación desaparece y es la plaza la que acaba apellidándose definitivamente como plaza de Monserrate, pasando ese tramo a formar parte de la calle de Santiago.
La primera calle a la izquierda, daba paso a un entramado de callejas en la falda de la sierra, hasta que la construcción del colegio Virgen de la Puerta, ocupó parte de su espacio transformándola en un callejón sin salida, bautizado como calle de Benferri. Comunicaba con el Pocico a través de Espaldas de la Misericordia y de una travesía sin nombre que fue bautizada en 1861 por la “comisión para el arreglo del nomenclator, numeración de casas y rotulación de calles”: “En el cuartel del oeste, osea arrabal Roig solo existe una travesía sin nombre, que es la que conduce desde la calle del Pozico a Espaldas de la Misericordia. Se le denominara calle de Misericordia”.
“……Orihuela cuenta con innumerables pozos de aguas salobres, aunque también tiene algunos de potables en la raíz de la montaña, entre los que son dignos de mencionar, por su buena calidad, el de Santiago a la espalda de este templo ………” Comienza con un pequeño ensanche ornamentado con un brocal y a los lados parten dos calles: a la izquierda como ya hemos citado, Espaldas de la Beneficencia y a la derecha Espaldas de Santiago que como su nombre indica nos ofrece una vista trasera de la iglesia de Santiago, dando paso a una callejuela sin salida ya metida en la sierra y llamada del Pájaro. Tras un breve vagabundeo por estas caprichosas callejas, regresamos a la plaza de Santiago para detenernos frente a su iglesia parroquial, cuya portada es una auténtica joya arquitectónica culminada en el último tercio del siglo XV. Pertenece al Gótico Isabelino, también llamado flamígero porque evoca el fluir de una llama. Este estilo nació a la par del resurgimiento producido por el final de la cruzada ibérica y la unificación territorial, hechos históricos acaecidos durante el reinado de los Reyes Católicos. Consta de un arco apuntado y abocinado con arquivoltas de decoración vegetal. Hay que contemplarla detenidamente para hacerse una idea de la minuciosidad con la que los escultores tallaron las hojas de cardo y aún más para encontrar algunas figuras animales entre las que destaca una lechuza. El Santiago representado en el parteluz, es copia de la imagen gótica coetánea al resto de la portada que se destruyó en la guerra civil. Es obra del escultor madrileño Ángel Ferrant y la realizó a finales de la década de 1940. Arriba, junto al escudo de España sujeto por el águila de San Juan, se muestran el yugo y las flechas, emblemas de los reyes católicos. El haz de flechas, pertenecía a Isabel y el yugo con una cuerda suelta corresponde a Fernando, quien lo tomó como emblema junto a la divisa "tanto monta ”. Ambos símbolos, fueron adoptados y manipulados en el siglo XX primero por la falange y después por el régimen franquista .
De reconocida ideología conservadora, durante la Dictadura de Primo de Rivera fue nombrado concejal el 31 de marzo de 1925, accediendo a la alcaldía de Orihuela el 6 de mayo de 1926. Por encima de opciones políticas, fue un alcalde eficaz, acometiendo con entusiasmo obras públicas tan necesarias como la construcción de la lonja de contratación –actualmente auditorio y conservatorio-, un nuevo puente sobre el Segura y el cuartel para depósito de sementales. En su breve mandato se urbanizó Capuchinos y la calle Unión Agrícola -actual José Antonio-, se hermoseó la glorieta dotándola de un artístico templete recientemente restaurado, y también las plazas Nueva y de Monserrate con los jardines que aún conservan. Su legado fue el proyecto de construcción de las Escuelas Graduadas . Tras la renuncia de Primo de Rivera, presentó su dimisión irrevocable como alcalde y concejal el 4 de febrero de 1930 y se acordó dar su nombre a una calle de nueva creación próxima a la Glorieta. El alcalde entrante, Antonio Balaguer, decidió modificar el acuerdo municipal y retitular la de Santiago, pero el propio Francisco Dìe envió un escrito al ayuntamiento, pidiendo que no se rotulase dicha calle con su nombre. En la sesión del pleno del día 2 de abril, se acordó que fuese la plaza sin nombre oficial, conocida popularmente como de Santiago, la que adoptase el título de Plaza de Don Francisco Díe, pero la llegada de la república dejaría todo en suspenso.
Fue detenido y confinado en el colegio Jesús-María, acabando
sus días en manos de un desaprensivo pistolero, tristemente famoso
por sus violentos desmanes. La madrugada del 25 de agosto de 1936, “el
Pincelito”, acompañado de “el Cascaron” y del
hijo de uno de sus arrendadores, se lo llevó junto al jefe de
correos y en la carretera de Bigastro le disparó tres tiros en
el pecho con su propia pistola. En memoria de Paco Díe se levantó un monolito en el mismo lugar donde cayó abatido y el 15 de octubre de 1940, a pesar de que 10 años antes se había negado a aceptarlo, otorgaron su nombre a la mayor parte de la vieja calle de Santiago donde tenía su residencia, concretamente en el nº 40. A partir del templo, comienza la calle de Francisco Díe. Ocupando toda la manzana y hermoseado por dos románticos jardines en sus costados norte y sur encontramos a la derecha el palacio de Rubalcava.
El Marquesado de Rubalcava, es también relativamente reciente, fue concedido al Capitán General de la Armada y Ministro de Marina, Joaquín Gutiérrez de Rubalcava en 1875. Pasó a Joaquín Roca de Togores y Pérez de Meca en 1900 y de él a su sobrina Piedad Roca de Togores y Roca de Togores, que junto a su esposo el citado Eduardo Almunia, se hicieron construir esta impresionante mansión. Cuando esta nueva aristocracia (también la floreciente burguesía) emprendía la erección de sus señoriales mansiones, solían escoger el historicismo decimonónico, en un deseo de ennoblecerse con el prestigio de las formas arquitectónicas del pasado combinadas al gusto. La estructura y distribución del edificio, recuerda a los palacios barrocos oriolanos. En el zaguán, una escalera principal decorada con azulejos y cubierta con una elevada cúpula de media naranja da acceso a la planta noble en la que se muestran distintas estancias con ambientes y estilos claramente diferenciados: capilla neogótica, salón de baile neorrococó, salón verde estilo imperio y el llamado salón negro, cubierto por un techo de escayola que imita los artesonados renacentistas del Colegio de Santo Domingo y en cuyos casetones se pueden advertir los escudos de las principales casas nobles oriolanas. El exterior muestra el porte y la grandeza del estilo renacentista, observable en aspectos como la racionalidad en la decoración y sucesión de las ventanas, en la galería de arquillos de medio punto del piso superior protegidos por un amplio alerón de madera, así como en su torreón-mirador. Sobre la entrada principal, bajo la corona de marqués, un gran escudo cuartelado ostenta los apellidos: Roca de Togores por dos veces, Salcedo y Pérez de Meca con las armas de Rubalcava en el centro. El palacio perteneció al Marquesado de Rubalcava hasta el año 1981, fecha en la que fue adquirido por el consistorio oriolano. A la izquierda tenemos el museo de la reconquista, inaugurado en 1985 en los bajos del palacio anterior y trasladado recientemente a la nueva sede de la Asociación de Moros y Cristianos, edificio obtenido de la rehabilitación de dos antiguas casas. Rebasándolo contemplamos una artística fuente, también de reciente construcción, situada bajo un edificio-depósito asentado en la peña. Este enorme aljibe abastecido por los pozos llamados de Cremós, proveía de agua potable a un gran sector de la ciudad a comienzos del siglo XX. Fue rehabilitado para instalar en él el museo del agua, pero de momento permanece cerrado. El último tramo de esta calle conserva algunas preciosas casas, solo hay que levantar la vista e imaginarlas bien restauradas. Termina la calle de Francisco Díe y encontramos la del Maestro Esteban, que aparece en los repartos del siglo XIX, como callejón del Maestro Esteban. Esta titulación debió de popularizarse en la segunda mitad del siglo XVIII, lo cierto es que en el reparto de 1750, aun sin desgajar de la calle Santiago aparece inscrito “Estevan Viudes, maestro de niños”. En la actualidad abarca también la travesía al Hospital, que como dijimos en su momento tenía su propio nombre, calle de Eusebio.
“Estaba la judería al callejón de Viudes hasta el Estudio, y consta porque el año 1359 mandó el consejo a Francés Soler y Bernat Morrelles repartir los solares de la Peña que estaban sobre la judería, que es falda de la Peña .” Dice el profesor Vilar en su Orihuela musulmana, que “Las barriadas situadas en la ladera misma de San Miguel, al pie del castillo, nos dan todavía una idea bastante precisa de lo que debió ser la laberíntica población islámica. Calles y callejas tortuosas; desiguales trazados; recovecos y ensanchamientos caprichosos; plazuelas diminutas y escasez de espacios libres para protegerse mejor del calor. ” En la calle de Triana, nos topamos con una moderna y modesta capillita dedicada a la Virgen de la Esperanza, que reproduce a la que se venera en el homónimo y famoso barrio de Sevilla. En este punto podemos torcer a la izquierda y como bien saben los que utilizan estas rutas para esquivar las procesiones y desfiles, continuando por estas angostas callejas y sin bajar de la sierra, podríamos atravesar la ciudad. Pero nosotros giraremos a la derecha, disfrutando de dos estupendas perspectivas de la torre de Santa Justa que es nuestro siguiente destino. Bajaremos por la Travesía de Triana, cuyo nombre antiguo era calle de San Pablo, en honor a una antigua ermita situada frente a Santa Justa bajo la advocación del apóstol San Pablo y San Pedro de Verona, que fue escogida en el siglo XVI por el obispo Esteve para catequizar y dar instrucción a los moriscos y judíos conversos. Expulsados estos, quedó sin utilidad, clausurándose en 1624 . El mobiliario y objetos de culto pasaron a Santa Justa, habilitando el local para instalar un cuartel con capacidad para 200 hombres, conocido popularmente como “la corte de los soldados de marina”. A finales del XIX se convirtió en cuartel del ejército de voluntarios honrados del Reino de Valencia, un cuerpo armado provisional, compuesto por ciudadanos dispuestos a luchar ante una hipotética invasión francesa. Al salir del callejón, frente a nosotros se muestra majestuosa la torre de Santa Justa en la que se instaló el reloj de la villa en el siglo XV, a pesar de que El Salvador era la iglesia principal. Dicho reloj acompañado de su campana, tenía la doble función de marcar las horas y convocar a los vecinos para los actos religiosos y ante cualquier suceso. Podría así justificarse este emplazamiento, ya que al quedar situado en la torre más alta de la ciudad, sus campanadas serían percibidas desde los lugares más alejados de la huerta. Descrita por Mariano Cecilia en el número 14 de esta revista, nosotros nos centraremos en la portada norte, un buen ejemplo de la espléndida arquitectura que se desarrolló en Orihuela en el siglo XVI. Desconocemos el autor del diseño de esta obra singular en la que se intuye un programa iconográfico estudiado y lleno de simbología. En cuanto a su ejecución, gracias a las investigaciones del padre Agustín Nieto, tenemos noticia del concierto que en 1569 hicieron sus constructores, los canteros Juan Ruiz y Ferrando Vélez con el escultor Francisco Ayala . Éste último, pertenecía a un clan de maestros asentados en Murcia que dominaron el panorama escultórico durante la segunda mitad de esa centuria, en el vecino reino y sus zonas limítrofes como Orihuela. La portada se estructura, como es habitual en esta época, a la manera de los arcos de triunfo de la antigüedad clásica, que los artistas del Renacimiento se encargaron de rescatar. En el cuerpo inferior, junto a las columnas de orden corintio, permanecen vacías cuatro hornacinas que contuvieron una serie de esculturas lamentablemente desaparecidas. El cuerpo superior, aparece configurado como una estructura clásica con otras tres columnas del mismo orden, entre las que se disponen dos hornacinas más grandes que albergaron a las santas Justa y Rufina, titulares del templo. Las guirnaldas vegetales que penden en ambos lados, son características en el repertorio ornamental renacentista. Llama la atención la originalidad que supone que esta sólida estructura aparezca sostenida caprichosamente por pequeños ángeles-atlantes desnudos que contrastan con los elegantes ángeles mancebos vestidos a la clásica y portando airosos el escudo de la corona de Aragón. Queremos destacar la presencia de dos cartelas con el Oriol tal y como
se representaba en estos momentos, es decir doblemente, con las alas
explayadas y dotados de aureolas, dispuestos justo debajo de las hornacinas
donde estaban las Santas. ¿Casualidad?, nosotros pensamos que
no, que o bien aluden a su protección y patronazgo sobre la ciudad
o a la estrecha relación entre el Consell y la iglesia parroquial.
Por otro lado, el que se represente doblemente el escudo de Aragón
quizás no sea por la búsqueda de simetría y tenga
relación con los dos orioles y las dos Santas. Lo mejor es que
tras una detallada observación, saquen ustedes sus propias conclusiones. |