De Santiago a Santa Justa pasando por Triana

 

 


fot

WWWWWW
 Callejeando por nuestra Historia
De las Graduadas al Manjón
Calle 5 de marzo
La Glorieta
Casa de Matías Sorzano de Nájera
Y se hizo la Luz
Los Andenes
Los Casinos Oriolanos
Muñoz, De Rozas y la Mancebía
La Barrera y las barracas
El Puente Viejo, La Sala y la Casa del Paso
Las Salesas y la Compañía de Jesús
La Merced, San Agustín y San Gregorio
Loaces, las gradas y el Marqués de Arneva
Los Carmelitas y el Hospital de San Bartolomé
El breve levantamiento oriolano de 1706
Por la puerta de Murcia hacia San Francisco
El cuartel de Infantería y Caballería
El convento de Capuchinos y la Virgen de la Fe
La Plaza del Raval, Monserrate y la Misericordia
De Santiago a Santa Justa pasando por Triana
Antonio José Mazón Albarracín y
Jorge Belmonte Bas

Continuamos nuestro paseo en el inicio de la calle de Santiago, “de extraordinaria longitud porque se extiende, cual tenemos indicado, desde el principio del arrabal hasta la Plaza de Monserrate ”. Esta calificación fue veraz durante varios siglos, pero tras sufrir dos recortes, la calle de Santiago se ajusta en la actualidad, al trayecto entre la plaza del mismo nombre y la de Monserrate.

Es curioso que esta antiquísima titulación haya sobrevivido precisamente en el tramo que entre los siglos XVII y XVIII fue nombrado como calle de Monserrate, como certifica Ojeda Nieto al hablar de dicho santuario: “en los inicios del XVII se llevaría a cabo una actuación mas completa, que sirvió a la postre para perfilar el trazado de la incipiente calle de Monserrate ”. En los repartos del Real Equivalente para gastos de defensa del primer tercio del siglo XVIII, entre la calle de Santiago y la Plaza del Raval Roche, continua figurando la calle de Monserrate, luego esta titulación desaparece y es la plaza la que acaba apellidándose definitivamente como plaza de Monserrate, pasando ese tramo a formar parte de la calle de Santiago.

Esta autentica arteria del Raval medía más de 350 metros hasta el recorte del siglo XIX - ya comentado en el nº 10 de esta revista-, que se llevó a cabo para honrar al Marqués de Arneva “en adelante lleve el nombre de la Calle del Marqués de Arneva, todo el trozo comprendido desde lo que antes era principio de la de Santiago, hasta el Callejón del Maestro Estevan desde el cual tomará ahora principio la Calle de Santiago ”. Pero este fue minúsculo, perdió apenas 70 metros. El último y definitivo, que la dejó convertida en una callejuela se hizo para homenajear a otro ilustre vecino, asesinado durante la guerra civil del que hablaremos inmediatamente.

La primera calle a la izquierda, daba paso a un entramado de callejas en la falda de la sierra, hasta que la construcción del colegio Virgen de la Puerta, ocupó parte de su espacio transformándola en un callejón sin salida, bautizado como calle de Benferri.

Comunicaba con el Pocico a través de Espaldas de la Misericordia y de una travesía sin nombre que fue bautizada en 1861 por la “comisión para el arreglo del nomenclator, numeración de casas y rotulación de calles”:

“En el cuartel del oeste, osea arrabal Roig solo existe una travesía sin nombre, que es la que conduce desde la calle del Pozico a Espaldas de la Misericordia. Se le denominara calle de Misericordia”.

Para hacernos una idea del caprichoso urbanismo de estas calles recoletas, nos adentraremos en el citado Pocito de Santiago, nombrado durante el siglo XVIII como calle o callejón del Pocico, en referencia a un antiguo pozo del que se abastecían sus vecinos.

“……Orihuela cuenta con innumerables pozos de aguas salobres, aunque también tiene algunos de potables en la raíz de la montaña, entre los que son dignos de mencionar, por su buena calidad, el de Santiago a la espalda de este templo ………”

Comienza con un pequeño ensanche ornamentado con un brocal y a los lados parten dos calles: a la izquierda como ya hemos citado, Espaldas de la Beneficencia y a la derecha Espaldas de Santiago que como su nombre indica nos ofrece una vista trasera de la iglesia de Santiago, dando paso a una callejuela sin salida ya metida en la sierra y llamada del Pájaro.

Tras un breve vagabundeo por estas caprichosas callejas, regresamos a la plaza de Santiago para detenernos frente a su iglesia parroquial, cuya portada es una auténtica joya arquitectónica culminada en el último tercio del siglo XV. Pertenece al Gótico Isabelino, también llamado flamígero porque evoca el fluir de una llama. Este estilo nació a la par del resurgimiento producido por el final de la cruzada ibérica y la unificación territorial, hechos históricos acaecidos durante el reinado de los Reyes Católicos.

Consta de un arco apuntado y abocinado con arquivoltas de decoración vegetal. Hay que contemplarla detenidamente para hacerse una idea de la minuciosidad con la que los escultores tallaron las hojas de cardo y aún más para encontrar algunas figuras animales entre las que destaca una lechuza. El Santiago representado en el parteluz, es copia de la imagen gótica coetánea al resto de la portada que se destruyó en la guerra civil. Es obra del escultor madrileño Ángel Ferrant y la realizó a finales de la década de 1940.

Arriba, junto al escudo de España sujeto por el águila de San Juan, se muestran el yugo y las flechas, emblemas de los reyes católicos. El haz de flechas, pertenecía a Isabel y el yugo con una cuerda suelta corresponde a Fernando, quien lo tomó como emblema junto a la divisa "tanto monta ”. Ambos símbolos, fueron adoptados y manipulados en el siglo XX primero por la falange y después por el régimen franquista .

Algunos han querido ver en estos emblemas la confirmación de que los Reyes Católicos celebraron cortes en este añejo templo, pero no tiene por que ser así ya que la mayoría de los templos erigidos durante su reinado, incluyeron en sus fachadas los emblemas y símbolos de estos monarcas. Lo más lógico es que las cortes se celebrasen en la iglesia mas importante de la ciudad - la colegiata y actual catedral-, pero sobre el tema hay opiniones diversas.
La capilla de la Comunión adosada a su derecha, se edificó en el siglo XVIII y muestra una interesante portada de dos cuerpos al más puro estilo barroco. Tras el concilio de Trento, la iglesia católica decidió combatir la reforma protestante, dando mayor importancia entre otras cosas a los sacramentos y en especial a la eucaristía. Muchas iglesias como la de Santiago erigieron capillas de la comunión y en esta exaltación las fachadas tuvieron gran importancia convertidas en vehículo de propaganda. Frente a la sencillez luterana, en las iglesias católicas las líneas definidas y rectas del Renacimiento desaparecen para dar preferencia a la línea curva, con abundante ornamentación y exuberancia de flora y fauna sobre cornisas y columnas siendo las más comunes las llamadas salomónicas con forma de espiral.
Esta portada es un ejemplo de todo ello y esta íntegramente dedicada a la eucaristía, mostrando una alegoría de la fe que también tuvo que ser reconstruida por Ángel Ferrant tras haber perdido en la guerra más o menos la mitad superior. Nos resulta curioso, que este artista de vanguardia y cercano al arte abstracto aceptara este tipo de trabajo, pero todo encargo debió de ser un lujo en los duros años de la posguerra.


Francisco Díe Losada nació en Orihuela el 11 de abril de 1877. Según su partida de nacimiento, era hijo de Francisco Díe Pescetto, Teniente Coronel de Infantería y natural de Orihuela y de Paula Losada Botarull, nacida en Reus. Fue bautizado en la Catedral con los nombres: Francisco de Asís, Esteban, Juan y León.

Este militar metido a político, fue un personaje clave en la política oriolana de los años 20, como cabeza visible de un grupo de acaudalados ciudadanos que bajo la dictadura de Primo de Rivera, transformaron el aspecto de la ciudad tras muchos años de dejadez municipal.

Muy lejos todavía de su etapa política –era entonces Teniente de Artillería-, “Paco Díe” se casó en diciembre de 1901 con Enriqueta Pescetto y Román en la iglesia de Santiago. Abandonó su carrera militar con el grado de comandante, para dedicarse a la administración de sus fincas agrícolas, desempeñando el cargo de juez de aguas.

De reconocida ideología conservadora, durante la Dictadura de Primo de Rivera fue nombrado concejal el 31 de marzo de 1925, accediendo a la alcaldía de Orihuela el 6 de mayo de 1926. Por encima de opciones políticas, fue un alcalde eficaz, acometiendo con entusiasmo obras públicas tan necesarias como la construcción de la lonja de contratación –actualmente auditorio y conservatorio-, un nuevo puente sobre el Segura y el cuartel para depósito de sementales. En su breve mandato se urbanizó Capuchinos y la calle Unión Agrícola -actual José Antonio-, se hermoseó la glorieta dotándola de un artístico templete recientemente restaurado, y también las plazas Nueva y de Monserrate con los jardines que aún conservan. Su legado fue el proyecto de construcción de las Escuelas Graduadas .

Tras la renuncia de Primo de Rivera, presentó su dimisión irrevocable como alcalde y concejal el 4 de febrero de 1930 y se acordó dar su nombre a una calle de nueva creación próxima a la Glorieta. El alcalde entrante, Antonio Balaguer, decidió modificar el acuerdo municipal y retitular la de Santiago, pero el propio Francisco Dìe envió un escrito al ayuntamiento, pidiendo que no se rotulase dicha calle con su nombre. En la sesión del pleno del día 2 de abril, se acordó que fuese la plaza sin nombre oficial, conocida popularmente como de Santiago, la que adoptase el título de Plaza de Don Francisco Díe, pero la llegada de la república dejaría todo en suspenso.

Propietario de extensas fincas como ya hemos dicho, colaboró con Luis Almarcha en la creación de la Federación de Sindicatos Agrícola-Católicos, de los que fue presidente. Hombre de misa diaria, también presidió la cofradía de la Virgen de Monserrate y fue caballero cubierto. Al estallar la guerra y con la esperanza de evitar el saqueo, trasladó la imagen con su corona de oro y piedras preciosas a la iglesia de Santiago, encargando a su sobrina Ascensión Germán Pescetto que escondiera gran parte de las valiosas joyas de la patrona.

Fue detenido y confinado en el colegio Jesús-María, acabando sus días en manos de un desaprensivo pistolero, tristemente famoso por sus violentos desmanes. La madrugada del 25 de agosto de 1936, “el Pincelito”, acompañado de “el Cascaron” y del hijo de uno de sus arrendadores, se lo llevó junto al jefe de correos y en la carretera de Bigastro le disparó tres tiros en el pecho con su propia pistola.

El mismo Pincelito, fue autor de los dos tiros que destrozaron la imagen de su amada virgen, que además fue quemada. La valiosa corona se perdió para siempre, pero mejor suerte corrieron el resto de las joyas, que trasladadas discretamente en seis capazos por su sobrina con ayuda de otras dos mujeres, durmieron enterradas bajo un montón de estiércol en la cuadra de una casa situada en la carretera de Arneva .
Acabada la guerra tres años después, entregaron las alhajas al cura de Monserrate.

En memoria de Paco Díe se levantó un monolito en el mismo lugar donde cayó abatido y el 15 de octubre de 1940, a pesar de que 10 años antes se había negado a aceptarlo, otorgaron su nombre a la mayor parte de la vieja calle de Santiago donde tenía su residencia, concretamente en el nº 40.

A partir del templo, comienza la calle de Francisco Díe. Ocupando toda la manzana y hermoseado por dos románticos jardines en sus costados norte y sur encontramos a la derecha el palacio de Rubalcava.

En el espacio que ocupa el jardín que mira a la plaza estaba la casa del curato de Santiago y en su esquina una fuente municipal trasladada a mediados del siglo XIX . Y es que a pesar de su engañoso aspecto, esta mansión fue construida a principios del siglo XX, como demuestran las solicitudes municipales efectuadas en octubre de 1914 y en marzo de 1916 por el entonces marqués Eduardo Almunia. En la primera se le autorizó para variar puerta y reja en la fachada de su casa y mediante la segunda desplazó el callejón para aislar y embellecer con otro jardín su nuevo palacio que ocupaba toda la manzana. Para ello derribó un almacén de su propiedad, parte de cuyo solar es la calle Dátil.

El Marquesado de Rubalcava, es también relativamente reciente, fue concedido al Capitán General de la Armada y Ministro de Marina, Joaquín Gutiérrez de Rubalcava en 1875. Pasó a Joaquín Roca de Togores y Pérez de Meca en 1900 y de él a su sobrina Piedad Roca de Togores y Roca de Togores, que junto a su esposo el citado Eduardo Almunia, se hicieron construir esta impresionante mansión. Cuando esta nueva aristocracia (también la floreciente burguesía) emprendía la erección de sus señoriales mansiones, solían escoger el historicismo decimonónico, en un deseo de ennoblecerse con el prestigio de las formas arquitectónicas del pasado combinadas al gusto.

La estructura y distribución del edificio, recuerda a los palacios barrocos oriolanos. En el zaguán, una escalera principal decorada con azulejos y cubierta con una elevada cúpula de media naranja da acceso a la planta noble en la que se muestran distintas estancias con ambientes y estilos claramente diferenciados: capilla neogótica, salón de baile neorrococó, salón verde estilo imperio y el llamado salón negro, cubierto por un techo de escayola que imita los artesonados renacentistas del Colegio de Santo Domingo y en cuyos casetones se pueden advertir los escudos de las principales casas nobles oriolanas.

El exterior muestra el porte y la grandeza del estilo renacentista, observable en aspectos como la racionalidad en la decoración y sucesión de las ventanas, en la galería de arquillos de medio punto del piso superior protegidos por un amplio alerón de madera, así como en su torreón-mirador.

Sobre la entrada principal, bajo la corona de marqués, un gran escudo cuartelado ostenta los apellidos: Roca de Togores por dos veces, Salcedo y Pérez de Meca con las armas de Rubalcava en el centro. El palacio perteneció al Marquesado de Rubalcava hasta el año 1981, fecha en la que fue adquirido por el consistorio oriolano.

A la izquierda tenemos el museo de la reconquista, inaugurado en 1985 en los bajos del palacio anterior y trasladado recientemente a la nueva sede de la Asociación de Moros y Cristianos, edificio obtenido de la rehabilitación de dos antiguas casas. Rebasándolo contemplamos una artística fuente, también de reciente construcción, situada bajo un edificio-depósito asentado en la peña. Este enorme aljibe abastecido por los pozos llamados de Cremós, proveía de agua potable a un gran sector de la ciudad a comienzos del siglo XX. Fue rehabilitado para instalar en él el museo del agua, pero de momento permanece cerrado. El último tramo de esta calle conserva algunas preciosas casas, solo hay que levantar la vista e imaginarlas bien restauradas.

Termina la calle de Francisco Díe y encontramos la del Maestro Esteban, que aparece en los repartos del siglo XIX, como callejón del Maestro Esteban. Esta titulación debió de popularizarse en la segunda mitad del siglo XVIII, lo cierto es que en el reparto de 1750, aun sin desgajar de la calle Santiago aparece inscrito “Estevan Viudes, maestro de niños”. En la actualidad abarca también la travesía al Hospital, que como dijimos en su momento tenía su propio nombre, calle de Eusebio.

Tomamos a la izquierda y ascendiendo por su empinada pendiente, haremos un pequeño desvío para mostrarles este barrio asentado en terreno desigual, un puñado de callejas sinuosas y laberínticas que crecieron adaptándose a la sierra. Hemos llegado al que popularmente se llamó de Barrio de Triana, adoptando oficialmente ese nombre en el siglo XX, la calle que lo atraviesa. Antes fue otro elemento el que decidió su titulación, el estudio de gramática que el consell instaló en el siglo XVI. Este establecimiento motivó que se nombrase como “Lo carrer del estudi” y ya en castellano, la calle del estudio viejo. Antes aún, unas sesenta casas de este barrio formaban la judería oriolana.

“Estaba la judería al callejón de Viudes hasta el Estudio, y consta porque el año 1359 mandó el consejo a Francés Soler y Bernat Morrelles repartir los solares de la Peña que estaban sobre la judería, que es falda de la Peña .”

Dice el profesor Vilar en su Orihuela musulmana, que “Las barriadas situadas en la ladera misma de San Miguel, al pie del castillo, nos dan todavía una idea bastante precisa de lo que debió ser la laberíntica población islámica. Calles y callejas tortuosas; desiguales trazados; recovecos y ensanchamientos caprichosos; plazuelas diminutas y escasez de espacios libres para protegerse mejor del calor. ”

En la calle de Triana, nos topamos con una moderna y modesta capillita dedicada a la Virgen de la Esperanza, que reproduce a la que se venera en el homónimo y famoso barrio de Sevilla. En este punto podemos torcer a la izquierda y como bien saben los que utilizan estas rutas para esquivar las procesiones y desfiles, continuando por estas angostas callejas y sin bajar de la sierra, podríamos atravesar la ciudad. Pero nosotros giraremos a la derecha, disfrutando de dos estupendas perspectivas de la torre de Santa Justa que es nuestro siguiente destino.

Bajaremos por la Travesía de Triana, cuyo nombre antiguo era calle de San Pablo, en honor a una antigua ermita situada frente a Santa Justa bajo la advocación del apóstol San Pablo y San Pedro de Verona, que fue escogida en el siglo XVI por el obispo Esteve para catequizar y dar instrucción a los moriscos y judíos conversos. Expulsados estos, quedó sin utilidad, clausurándose en 1624 . El mobiliario y objetos de culto pasaron a Santa Justa, habilitando el local para instalar un cuartel con capacidad para 200 hombres, conocido popularmente como “la corte de los soldados de marina”. A finales del XIX se convirtió en cuartel del ejército de voluntarios honrados del Reino de Valencia, un cuerpo armado provisional, compuesto por ciudadanos dispuestos a luchar ante una hipotética invasión francesa.

Al salir del callejón, frente a nosotros se muestra majestuosa la torre de Santa Justa en la que se instaló el reloj de la villa en el siglo XV, a pesar de que El Salvador era la iglesia principal. Dicho reloj acompañado de su campana, tenía la doble función de marcar las horas y convocar a los vecinos para los actos religiosos y ante cualquier suceso. Podría así justificarse este emplazamiento, ya que al quedar situado en la torre más alta de la ciudad, sus campanadas serían percibidas desde los lugares más alejados de la huerta. Descrita por Mariano Cecilia en el número 14 de esta revista, nosotros nos centraremos en la portada norte, un buen ejemplo de la espléndida arquitectura que se desarrolló en Orihuela en el siglo XVI.

Desconocemos el autor del diseño de esta obra singular en la que se intuye un programa iconográfico estudiado y lleno de simbología. En cuanto a su ejecución, gracias a las investigaciones del padre Agustín Nieto, tenemos noticia del concierto que en 1569 hicieron sus constructores, los canteros Juan Ruiz y Ferrando Vélez con el escultor Francisco Ayala . Éste último, pertenecía a un clan de maestros asentados en Murcia que dominaron el panorama escultórico durante la segunda mitad de esa centuria, en el vecino reino y sus zonas limítrofes como Orihuela.

La portada se estructura, como es habitual en esta época, a la manera de los arcos de triunfo de la antigüedad clásica, que los artistas del Renacimiento se encargaron de rescatar. En el cuerpo inferior, junto a las columnas de orden corintio, permanecen vacías cuatro hornacinas que contuvieron una serie de esculturas lamentablemente desaparecidas. El cuerpo superior, aparece configurado como una estructura clásica con otras tres columnas del mismo orden, entre las que se disponen dos hornacinas más grandes que albergaron a las santas Justa y Rufina, titulares del templo. Las guirnaldas vegetales que penden en ambos lados, son características en el repertorio ornamental renacentista. Llama la atención la originalidad que supone que esta sólida estructura aparezca sostenida caprichosamente por pequeños ángeles-atlantes desnudos que contrastan con los elegantes ángeles mancebos vestidos a la clásica y portando airosos el escudo de la corona de Aragón.

Queremos destacar la presencia de dos cartelas con el Oriol tal y como se representaba en estos momentos, es decir doblemente, con las alas explayadas y dotados de aureolas, dispuestos justo debajo de las hornacinas donde estaban las Santas. ¿Casualidad?, nosotros pensamos que no, que o bien aluden a su protección y patronazgo sobre la ciudad o a la estrecha relación entre el Consell y la iglesia parroquial. Por otro lado, el que se represente doblemente el escudo de Aragón quizás no sea por la búsqueda de simetría y tenga relación con los dos orioles y las dos Santas. Lo mejor es que tras una detallada observación, saquen ustedes sus propias conclusiones.