El
motivo que impulsó a denominar en octubre de 1955, a parte de
la Alameda Vieja de la Estación con el aristocrático nombre
del Duque de Tamames, fue la propiedad última de los terrenos
sobre los que se emplazó la Glorieta y el primer tramo de los
Andenes. En el número anterior, comentamos como fueron adquiridos
por el ayuntamiento, pero quizás el homenajeado, debió
ser el Marqués de las Hormazas.
Nicolás Ambrosio Garro Arizcun, Marqués consorte y a
la muerte de su esposa en 1800, Marques viudo de las Hormazas, nació
en Madrid en 1747, hijo de Ambrosio Garro Micheltorena. Consejero Real
de Hacienda y presidente del Tribunal de la Contaduría Mayor
(actual Tribunal de Cuentas), en el primer cuarto del siglo XIX, desempeñó
interinamente varios Ministerios, recibiendo la Gran Cruz de la Orden
de Carlos III en 1819. En las postrimerías del siglo XVIII, a
través de su apoderado en Orihuela, adquirió tierras en
Catral, Callosa de segura, Rojales, Almoradí, Torremendo , Elche,
Guardamar, Crevillente, Redován y Murcia, cientos de tahullas,
sobre todo de olivar y tierra blanca, que inmediatamente puso en arriendo.
Dicho apoderado, era el comisario de Guerra y contador titular de propios
de la ciudad, Pedro Martín de Migueltorena. También compró
propiedades en el Arrabal de San Agustín, levantando una casa
solariega en la esquina entre las calles de San Agustín y el
Rodeo. Este edificio, que albergó las Bodegas Paya, fue totalmente
modificado y dividido en el siglo XX y es difícil encontrar en
él algún vestigio exterior de su pasado. En parte de los
bajos convertidos en la actualidad en una fontanería, se conserva
una preciosa viguería. Con unas casas compradas en la calle del
Rodeo, se le añadirían cuadras y cocheras. Como último
dato, queremos citar que Pascual Madoz en su diccionario de 1848, calificó
como palacios tan solo nueve casas aristocráticas de Orihuela
y entre las elegidas estaba esta, ya en manos del Duque de Tamames .
El
cuarto Marqués de las Hormazas, Juan de Mata Garro Robles, además
de Ministro del Tribunal de Contaduría Mayor, ostentó
la alcaldía de Madrid en el periodo 1814-1816. Al contraer una
extraña y curiosa enfermedad “ Con frecuencia le insultaba
un cólico convulsivo y de propiedad reversiva, que a las veces
degeneraba en ictericia y de muy mala calidad” decidió
abandonar la corte y retirarse a vivir con su padre en Orihuela. Sabemos
que Nicolás Ambrosio falleció en Madrid el 20 de Abril
de 1825, pero desconocemos si su hijo que murió en 1830 a punto
de cumplir sesenta años, lo hizo en Orihuela. Por fortuna quedaron
grabados en la historia oriolana al figurar en el plano de Coello, confeccionado
a mediados del XIX, como propietarios del terreno comprendido entre
San Gregorio y San Sebastián, llamado Huerto del Marques de las
Hormazas, que pasó a manos del Duque de Tamames al igual que
su casa. No hemos podido documentar el parentesco entre el Marques y
el Duque, pero los apellidos del segundo por aquellos tiempos eran Mesía
y Garro.
La
prehistoria del Paseo de la Glorieta, comenzó el 18 de Noviembre
de 1800, fecha en la que el Rey Carlos IV, concedió a Antonia
María Fernández de Heredia Rocamora, Marquesa de Rafal
y Dama de la Reina, la real licencia y facultad para ceder, cambiar
y permutar cuatro tahullas, siete octavas y veintiocho brazas de tierra
huerta, blanca natural que pertenecían a su mayorazgo, situadas
en el término de la ciudad de Orihuela, por otras cuatro tahullas,
una octava y dieciséis brazas con barraca, pobladas de árboles
jóvenes, naranjos chinos, olivos y limoneros que gozaba y poseía
el Marqués de las Hormazas, en la huerta de la Villa de Callosa
de Segura.
Con la anexión de esta heredad, el Marques pretendía
cuadrar y cercar su propiedad ejecutando además un nuevo y espacioso
camino en lugar del transito angosto que surcaba los huertos de San
Gregorio, sirviendo además de paseo público con una extensión
y comunicación más agradable. Juan de la Carte , corregidor
de Orihuela, apoyó la solicitud, por la comodidad y conveniencia
publica de la ciudad. Entre el 29 y el 30 de noviembre, la Marquesa
apoderó a Josef Galindo y el Marques hizo lo propio con el citado
Pedro Martín de Migueltorena, para que les representasen en esa
operación. Diez días después, comparecieron ambos,
vecinos de esta ciudad, ante el notario de Orihuela, consumando la permuta.
Ese nuevo camino, es hoy la calle de San Gregorio.
La palabra glorieta procede del vocablo francés gloriette y
se refiere a las plazuelas que dentro de los jardines palaciegos, ostentaban
cenadores o pérgolas. Por asimilación con ese nombre se
identifico a los templetes o quioscos construidos en parques públicos
para que las bandas de música amenizasen las veladas festivas.
El nuevo paseo oriolano, se llamó así porque contaba con
uno de esos pabellones para la música, reformado en 1898 “con
sumo gusto y elegancia” bajo la dirección de Antonio Segura
. El Paseo de la Glorieta, estaba rodeado de una reja cuyas puertas
se colocaron en 1886, usándose a partir de entonces como parque
público vigilado por un guarda que lo abría y cerraba
puntualmente. En 1887 un comerciante llamado Francisco Salazar se quejaba
del exceso de celo, cuando un domingo a las once de la noche, quedó
encerrado junto a su familia y otras personas, teniendo que escalar
la verja con ayuda de algunos vecinos .
Sustituyó para siempre al Paseo de la Puerta Nueva o de Sagasta,
(actual Calvo Sotelo), como lugar de recreo para los oriolanos. Ese
mismo año, albergó la feria anual, por lo que Juan Rogel,
propietario del Café Europeo, solicitó al consistorio,
permiso para levantar un templete o Kiosco, para utilizarlo como café
y horchatería, que explotaría los días de feria
durante ocho años, quedando después a beneficio del municipio
.
El 1 de marzo de 1888, el portero mayor anunciaba la llegada al ayuntamiento
de cinco oriolanos , ataviados con levita y sombrero de copa. Venían
en nombre de la Sociedad Unión Agrícola, para donar a
la ciudad de manera irrevocable el Paseo de la Glorieta, construido
a sus expensas con el ahorro obtenido en las obras de la carretera a
la Estación (como han cambiado los tiempos, les sobró
dinero y lo invirtieron en la ciudad). La Unión Agrícola
se había creado en enero de 1878, bajo el amparo de San Isidro
Labrador y con la presidencia honorífica del obispo Cubero, como
sociedad de labradores y propietarios, para la protección y modernización
de la agricultura y de los agricultores. A nuestro parecer, la sociedad
tenía más propietarios que labradores, pues los apellidos
mas ilustres de la ciudad firmaron el acta de asociación y dos
años después, creaban la Caja de Ahorros y Socorros de
Orihuela, entidad pionera en el crédito agrícola. Pronto
sus proyectos educativos y científicos quedaron en el olvido,
pero no así los créditos y la distribución de productos
para el campo. A cambio, la corporación agradecida tituló
la nueva calle abierta en la Alameda Vieja como Calle de la Unión
Agrícola .
El antiguo templete, fue sustituido por el que diseñó
Severiano Sánchez Ballesta en 1925, dentro del paquete de mejoras
urbanas efectuadas bajo la presidencia de Francisco Díe. La obra
subastada en 1927 por 12.840 pesetas, quedó a cargo de su hermano,
el alarife Román Sánchez Ballesta. Es el que permanece
en la actualidad y dispone en su interior de un almacén en el
que se guardaban las sillas de la orquesta. La escalera de acceso, orientada
originalmente a la calle de San Gregorio, fue modificada en la última
y reciente restauración.
El 7 de octubre de 1929, día del libro , el nuevo semanario
“Renacer” mostraba los planos de una curiosa construcción,
una biblioteca municipal, que nació por iniciativa de la Sociedad
de Camareros. Funcionó durante la república, distribuyendo
sobre todo libros de Gabriel Miro y Pérez Galdós. Con
la llegada de la televisión, albergó uno de aquellos escasos
aparatos que amenizaban la estancia a los clientes del Kiosco cafetería
que con diferentes nombres (Medina, Alfil) se mantendría en el
lugar que ahora ocupa el parque infantil. Esta reliquia junto al tradicional
quiosco de la esquina con los andenes, desapareció en la última,
polémica y faraónica obra de remodelación.
El 22 de junio de 1931, el ayuntamiento recibió una instancia
solicitando la adquisición de un busto para colocarlo en la Glorieta
y que el nombre de Gabriel Miró figurase en una de las calles
de la ciudad. Había fallecido el 27 de mayo de 1930. También
se distribuyó por la ciudad una octavilla dirigida a los centros
de cultura y recreo y a los particulares oriolanos, titulada “Es
justicia que pedimos”. En ella reclamaban celebrar un homenaje,
“ quizás tardío pero eterno, al geógrafo
de Oleza, al que en sus páginas plasmó nuestros sentimientos,
nuestras pasiones y la esencia de nuestros tipos, creando un itinerario
espiritual por estas tierras Mironianas, santificadas por el obispo
leproso, que tendría su término en nuestra Glorieta, presidida
por su rostro venerable, que eternamente miraría al cielo de
Oleza”. Lo firmaban José Olmedo, José María
Pina, José María Ballesteros y “Ramón Sijé”,
parte del grupo de intelectuales oriolanos que se reunían en
la tertulia del Hotel Palace, empeñados en organizar dicho homenaje,
pero carentes de fondos para llevar a cabo el proyecto. El ayuntamiento
encabezaría la suscripción popular aportando 500 pesetas
y solicitando ayuda a la Diputación, pero dicho organismo se
negó a contribuir por haberlo hecho ya con 10.000 pesetas en
el homenaje que le organizaban en Alicante, su ciudad natal (acabaría
enviando 300 pesetas ). El 2 de octubre de 1932, tuvo por fin lugar
la inauguración del busto, obra del escultor murciano José
Seiquer Zanón en memoria del fallecido escritor que uniría
para siembre su nombre a este paseo, la Glorieta de Gabriel Miró.