El Marqués de las Hormazas y la Glorieta de Gabriel Miró

 

 


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Antonio J. Mazón AlbarracínPincha en el nombre para enviar una nota al autor

El motivo que impulsó a denominar en octubre de 1955, a parte de la Alameda Vieja de la Estación con el aristocrático nombre del Duque de Tamames, fue la propiedad última de los terrenos sobre los que se emplazó la Glorieta y el primer tramo de los Andenes. En el número anterior, comentamos como fueron adquiridos por el ayuntamiento, pero quizás el homenajeado, debió ser el Marqués de las Hormazas.

Nicolás Ambrosio Garro Arizcun, Marqués consorte y a la muerte de su esposa en 1800, Marques viudo de las Hormazas, nació en Madrid en 1747, hijo de Ambrosio Garro Micheltorena. Consejero Real de Hacienda y presidente del Tribunal de la Contaduría Mayor (actual Tribunal de Cuentas), en el primer cuarto del siglo XIX, desempeñó interinamente varios Ministerios, recibiendo la Gran Cruz de la Orden de Carlos III en 1819. En las postrimerías del siglo XVIII, a través de su apoderado en Orihuela, adquirió tierras en Catral, Callosa de segura, Rojales, Almoradí, Torremendo , Elche, Guardamar, Crevillente, Redován y Murcia, cientos de tahullas, sobre todo de olivar y tierra blanca, que inmediatamente puso en arriendo. Dicho apoderado, era el comisario de Guerra y contador titular de propios de la ciudad, Pedro Martín de Migueltorena. También compró propiedades en el Arrabal de San Agustín, levantando una casa solariega en la esquina entre las calles de San Agustín y el Rodeo. Este edificio, que albergó las Bodegas Paya, fue totalmente modificado y dividido en el siglo XX y es difícil encontrar en él algún vestigio exterior de su pasado. En parte de los bajos convertidos en la actualidad en una fontanería, se conserva una preciosa viguería. Con unas casas compradas en la calle del Rodeo, se le añadirían cuadras y cocheras. Como último dato, queremos citar que Pascual Madoz en su diccionario de 1848, calificó como palacios tan solo nueve casas aristocráticas de Orihuela y entre las elegidas estaba esta, ya en manos del Duque de Tamames .

El cuarto Marqués de las Hormazas, Juan de Mata Garro Robles, además de Ministro del Tribunal de Contaduría Mayor, ostentó la alcaldía de Madrid en el periodo 1814-1816. Al contraer una extraña y curiosa enfermedad “ Con frecuencia le insultaba un cólico convulsivo y de propiedad reversiva, que a las veces degeneraba en ictericia y de muy mala calidad” decidió abandonar la corte y retirarse a vivir con su padre en Orihuela. Sabemos que Nicolás Ambrosio falleció en Madrid el 20 de Abril de 1825, pero desconocemos si su hijo que murió en 1830 a punto de cumplir sesenta años, lo hizo en Orihuela. Por fortuna quedaron grabados en la historia oriolana al figurar en el plano de Coello, confeccionado a mediados del XIX, como propietarios del terreno comprendido entre San Gregorio y San Sebastián, llamado Huerto del Marques de las Hormazas, que pasó a manos del Duque de Tamames al igual que su casa. No hemos podido documentar el parentesco entre el Marques y el Duque, pero los apellidos del segundo por aquellos tiempos eran Mesía y Garro.


La prehistoria del Paseo de la Glorieta, comenzó el 18 de Noviembre de 1800, fecha en la que el Rey Carlos IV, concedió a Antonia María Fernández de Heredia Rocamora, Marquesa de Rafal y Dama de la Reina, la real licencia y facultad para ceder, cambiar y permutar cuatro tahullas, siete octavas y veintiocho brazas de tierra huerta, blanca natural que pertenecían a su mayorazgo, situadas en el término de la ciudad de Orihuela, por otras cuatro tahullas, una octava y dieciséis brazas con barraca, pobladas de árboles jóvenes, naranjos chinos, olivos y limoneros que gozaba y poseía el Marqués de las Hormazas, en la huerta de la Villa de Callosa de Segura.

Con la anexión de esta heredad, el Marques pretendía cuadrar y cercar su propiedad ejecutando además un nuevo y espacioso camino en lugar del transito angosto que surcaba los huertos de San Gregorio, sirviendo además de paseo público con una extensión y comunicación más agradable. Juan de la Carte , corregidor de Orihuela, apoyó la solicitud, por la comodidad y conveniencia publica de la ciudad. Entre el 29 y el 30 de noviembre, la Marquesa apoderó a Josef Galindo y el Marques hizo lo propio con el citado Pedro Martín de Migueltorena, para que les representasen en esa operación. Diez días después, comparecieron ambos, vecinos de esta ciudad, ante el notario de Orihuela, consumando la permuta. Ese nuevo camino, es hoy la calle de San Gregorio.

La palabra glorieta procede del vocablo francés gloriette y se refiere a las plazuelas que dentro de los jardines palaciegos, ostentaban cenadores o pérgolas. Por asimilación con ese nombre se identifico a los templetes o quioscos construidos en parques públicos para que las bandas de música amenizasen las veladas festivas. El nuevo paseo oriolano, se llamó así porque contaba con uno de esos pabellones para la música, reformado en 1898 “con sumo gusto y elegancia” bajo la dirección de Antonio Segura . El Paseo de la Glorieta, estaba rodeado de una reja cuyas puertas se colocaron en 1886, usándose a partir de entonces como parque público vigilado por un guarda que lo abría y cerraba puntualmente. En 1887 un comerciante llamado Francisco Salazar se quejaba del exceso de celo, cuando un domingo a las once de la noche, quedó encerrado junto a su familia y otras personas, teniendo que escalar la verja con ayuda de algunos vecinos .

Sustituyó para siempre al Paseo de la Puerta Nueva o de Sagasta, (actual Calvo Sotelo), como lugar de recreo para los oriolanos. Ese mismo año, albergó la feria anual, por lo que Juan Rogel, propietario del Café Europeo, solicitó al consistorio, permiso para levantar un templete o Kiosco, para utilizarlo como café y horchatería, que explotaría los días de feria durante ocho años, quedando después a beneficio del municipio .

El 1 de marzo de 1888, el portero mayor anunciaba la llegada al ayuntamiento de cinco oriolanos , ataviados con levita y sombrero de copa. Venían en nombre de la Sociedad Unión Agrícola, para donar a la ciudad de manera irrevocable el Paseo de la Glorieta, construido a sus expensas con el ahorro obtenido en las obras de la carretera a la Estación (como han cambiado los tiempos, les sobró dinero y lo invirtieron en la ciudad). La Unión Agrícola se había creado en enero de 1878, bajo el amparo de San Isidro Labrador y con la presidencia honorífica del obispo Cubero, como sociedad de labradores y propietarios, para la protección y modernización de la agricultura y de los agricultores. A nuestro parecer, la sociedad tenía más propietarios que labradores, pues los apellidos mas ilustres de la ciudad firmaron el acta de asociación y dos años después, creaban la Caja de Ahorros y Socorros de Orihuela, entidad pionera en el crédito agrícola. Pronto sus proyectos educativos y científicos quedaron en el olvido, pero no así los créditos y la distribución de productos para el campo. A cambio, la corporación agradecida tituló la nueva calle abierta en la Alameda Vieja como Calle de la Unión Agrícola .

El antiguo templete, fue sustituido por el que diseñó Severiano Sánchez Ballesta en 1925, dentro del paquete de mejoras urbanas efectuadas bajo la presidencia de Francisco Díe. La obra subastada en 1927 por 12.840 pesetas, quedó a cargo de su hermano, el alarife Román Sánchez Ballesta. Es el que permanece en la actualidad y dispone en su interior de un almacén en el que se guardaban las sillas de la orquesta. La escalera de acceso, orientada originalmente a la calle de San Gregorio, fue modificada en la última y reciente restauración.

El 7 de octubre de 1929, día del libro , el nuevo semanario “Renacer” mostraba los planos de una curiosa construcción, una biblioteca municipal, que nació por iniciativa de la Sociedad de Camareros. Funcionó durante la república, distribuyendo sobre todo libros de Gabriel Miro y Pérez Galdós. Con la llegada de la televisión, albergó uno de aquellos escasos aparatos que amenizaban la estancia a los clientes del Kiosco cafetería que con diferentes nombres (Medina, Alfil) se mantendría en el lugar que ahora ocupa el parque infantil. Esta reliquia junto al tradicional quiosco de la esquina con los andenes, desapareció en la última, polémica y faraónica obra de remodelación.

El 22 de junio de 1931, el ayuntamiento recibió una instancia solicitando la adquisición de un busto para colocarlo en la Glorieta y que el nombre de Gabriel Miró figurase en una de las calles de la ciudad. Había fallecido el 27 de mayo de 1930. También se distribuyó por la ciudad una octavilla dirigida a los centros de cultura y recreo y a los particulares oriolanos, titulada “Es justicia que pedimos”. En ella reclamaban celebrar un homenaje, “ quizás tardío pero eterno, al geógrafo de Oleza, al que en sus páginas plasmó nuestros sentimientos, nuestras pasiones y la esencia de nuestros tipos, creando un itinerario espiritual por estas tierras Mironianas, santificadas por el obispo leproso, que tendría su término en nuestra Glorieta, presidida por su rostro venerable, que eternamente miraría al cielo de Oleza”. Lo firmaban José Olmedo, José María Pina, José María Ballesteros y “Ramón Sijé”, parte del grupo de intelectuales oriolanos que se reunían en la tertulia del Hotel Palace, empeñados en organizar dicho homenaje, pero carentes de fondos para llevar a cabo el proyecto. El ayuntamiento encabezaría la suscripción popular aportando 500 pesetas y solicitando ayuda a la Diputación, pero dicho organismo se negó a contribuir por haberlo hecho ya con 10.000 pesetas en el homenaje que le organizaban en Alicante, su ciudad natal (acabaría enviando 300 pesetas ). El 2 de octubre de 1932, tuvo por fin lugar la inauguración del busto, obra del escultor murciano José Seiquer Zanón en memoria del fallecido escritor que uniría para siembre su nombre a este paseo, la Glorieta de Gabriel Miró.