Hace
unas semanas, se anunciaba un evento localizado en la casa de la familia
Romero de Tejada, edificio a caballo entre los siglos XVIII y XIX.
Tras averiguar que hablaban de la casa de Matías Sorzano, también
llamada Sorzano de Tejada. Nos explicaron que figuraba con ese nombre
en el libro “Palacios y Casas Nobles de la provincia de Alicante”.
Ante este baile de nombres, queremos dejar claro que esa era la casa
de Matías Sorzano de Nájera. Nacido en 1777 en “
la Villa de Torrecilla de Cameros, Reyno de Castilla la Vieja, provincia
de Burgos (la provincia de Logroño no se creó hasta
1833) y Obispado de Calahorra”, según reza en uno de
sus testamentos redactado en 1808.
Matías llegó a Orihuela muy joven, a finales del siglo
XVIII y amasó una incalculable fortuna con sus negocios y sobre
todo con los préstamos. Casó en Santa Justa en 1802
con Ángela Adalid, otra riojana, natural de Nestares de Cameros.
Dos años después obtendría del ayuntamiento oriolano,
el reconocimiento de nobleza, condición que le permitió
ostentar su escudo, pero no en cualquier sitio, decidió edificar
su casa frente a la mas aristocrática de la ciudad. Para ello,
en enero de 1820 pagó 51.439 reales en monedas de oro y plata
a Josefa Sardo de Raymundo, viuda de Bernardo Ferro y a su hija Bárbara,
ante el notario Julián Fernández, por dos casas adyacentes
que tenían madre e hija pro indiviso, adquiridas en 1787 y
1797. Una en la calle de la Feria a la que sacaba dos puertas y otra
que estaba situada en la calleja antes citada y que lindaba con la
suya, pues el Señor Sorzano era propietario de la que hacía
esquina entre la entonces llamada calle del Ángel (actual López
Pozas) y una traviesa sin nombre que luego adoptaría el de
la Guardia.
Sorzano fue uno de los protagonistas de la primera mitad del siglo
XIX en Orihuela, no vamos a contar su biografía que daría
seguro para un artículo completo, pero si nos parece interesante
citar que el escudo de la izquierda que sirvió al autor del
libro antes citado, para otorgar el palacio a los Romero de Tejada,
es el blasón que comparten los Solares de Tejada y Valdeosera,
dos instituciones jurídico-nobiliarias nacidas en el año
844. La historia de este escudo se funde con la leyenda en la famosa
batalla de Clavijo, hazaña en la que cuentan que participó
Santiago Matamoros. El rey Ramiro I, en su lucha con los musulmanes,
penetró en la Rioja con un nutrido ejército cuyo maestre
de campo era el Señor de Cameros, Sancho Fernández de
Tejada. Cuenta la tradición que tras esa importante victoria,
Sancho fue nombrado Alcaide de los fuertes de Viguera y de Clavijo,
y junto a sus 13 hijos se dedicó a mantener los caminos, entre
ellos el de Santiago, seguros y transitables fundando la primera Orden
de Caballería.
Ramiro les mostró su agradecimiento otorgándoles el
privilegio de ser dueños y señores de sus tierras hasta
el fin de los tiempos, concediéndoles además un símbolo,
un escudo que representaría esta historia para siempre. Jurídicamente
estos solares, constituyen una modalidad de propiedad colectiva e
indivisa, ya que la titularidad la ostenta una comunidad y todos los
comuneros tienen derecho global sobre el patrimonio.
Estos señoríos, han sido heredados por diversas ramas
de varios linajes riojanos, arraigados desde tiempo inmemorial en
la Sierra de Cameros. Dicho blasón, se compone de cuatro cuarteles,
divididos por una cruz patada, de la orden de San Juan.
En el primer campo, muestra dos castillos almenados de los que sale
una bandera, en recuerdo de las que puso Sancho en los fuertes de
Viguera y Clavijo. En el segundo, dos medias lunas con trece estrellas
alrededor representan a Sancho, su esposa y sus trece hijos. En el
tercer campo, un león rampante recuerda su parentesco con la
casa real de León y en el último, se evidencia la vinculación
de los solares de Tejada y de Valdeosera con un tejo al que está
atado un oso. Las trece veneras y las cruces de Santiago que orlan
los cuarteles del escudo muestran la relación de sus trece
hijos con la orden de Santiago y las trece banderas circundantes recuerdan
sus batallas triunfales frente a los musulmanes, como manifiestan
las puntas hacia abajo de las medias lunas que portan. Por último,
en la bordura se lee “Laudeamus viros gloriosus et parentes
nostros in generatione sua” (Honremos a nuestros gloriosos antepasados
en todas las generaciones).