Y SE HIZO LA LUZ

 

 


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Antonio J. Mazón AlbarracínPincha en el nombre para enviar una nota al autor

A finales del siglo XIX en todo el mundo desarrollado comenzaron a implantarse las redes de distribución eléctrica. Inventos como el generador, el transporte de electricidad y la lámpara incandescente, popularizaron el uso de esta nueva fuente de energía.

A causa del lamentable estado financiero de las corporaciones municipales españolas, el alumbrado eléctrico quedó en manos de la iniciativa privada, creándose nuevas empresas que afrontaron los grandes riesgos derivados de una tecnología incierta y precaria.

En Orihuela, el 23 de marzo de 1893 ante el notario Pedro Turón Lozano, se formalizó la escritura de una nueva sociedad mercantil cuyo fundamento era “encargarse de producir electricidad para alimentar el alumbrado público y particular de esta ciudad” con un capital social de 100.000 pesetas. Se denominó “La Luz” y su primer objetivo fue buscar el emplazamiento adecuado para instalar los voluminosos generadores, alimentados por combustible.

Lo encontraron extramuros, en el Partido de San Antón. En mayo, Atanasio García Cubero alcalde por aquellas fechas, establecía un contrato verbal con su presidente Diego Roca de Togores, para venderle una finca urbana que contaba con dos casas, las números 16 y 19 de policía, con algo mas de 50 m2 cada una, más un trozo de terreno inculto, que lindaban a Levante con el llamado fuerte de San Fernando, a sur y poniente, con el que fue huerto de los dominicos y al norte con el Camino de San Antón.

En mayo de 1894 comenzaron las pruebas en la “fábrica de la luz” con focos de diferentes intensidades, al parecer con resultados brillantes , por fin Orihuela contaría con alumbrado público por electricidad. El lunes 21 del mismo mes, el obispo bendecía las maquinas, bautizadas con nombres tan oriolanos como María de Monserrate o Roca de Togores. Durante todo el verano, se sucedieron las quejas por incumplimiento del pliego de condiciones. El fluido era escaso, faltaban guías, en las calles estrechas habían sustituido las prometidas lámparas de 16 por otras de diez y para colmo a la una de la madrugada la ciudad quedaba totalmente a oscuras. A pesar de todo, para la feria de aquel año, se alquilaron las casetas con un suplemento de cinco pesetas por suministro e instalación de luz eléctrica, aunque para ello se suprimió el fluido en los sitios “mas apartados y menos transitables de la población” . Ante la falta de recursos para cumplir con el pliego de condiciones, el 31 de Marzo de 1895 la Junta General de Accionistas acordó ampliar el capital social en 70.000 pesetas, emitiendo 140 nuevas acciones al precio de 500 cada una, lo que permitió que modestos ciudadanos participasen con los mismos derechos y deberes que los socios fundadores.

El 27 de octubre de 1897, Alejandro Roca de Togores y Pérez de Meca, militar retirado, compró ante notario , en nombre de la sociedad, la finca apalabrada por 7.000 pesetas. Atanasio, ya desposeído de la vara municipal, se reservó la propiedad de las aguas y el derecho de entrada al nacimiento, cuyo uso concedió a “La luz”.


A comienzos del siglo XX, la torpeza mercantil de sus administradores, puso la empresa al borde de la ruina. Tras comprobar que el consumo de combustible, superaba las cuotas abonadas por los clientes, el director técnico, Sr. Gandía, dictaminó que la causa era el hurto de fluido “Es sabido que los abonados de mala fe, en aquellos puntos donde no se emplean los contadores, se valen para intercalar mas lámparas, de alfileres, trocitos de alambre ó cualquier otro medio que les sugiere la malicia” . Sin mas comprobaciones, la junta directiva acordó modificar los contratos, sustituyendo el recibo de luz fija, por el pago condicionado al contador. Para ello, necesitaban adquirir los contadores, pero la sociedad carecía de recursos, así que vendieron 100 acciones reservadas a los británicos Sturges y Foley, por el 65% de su valor. Con el dinero recibido, adquirieron un numero de contadores insuficiente para cubrir a todos los abonados, generando una situación en la que los recibos por contador, importaban el triple que los de los que carecían de él, además estos últimos quedaban en condiciones de seguir defraudando.

En diciembre de 1901, se acentuaron las dificultades económicas, y la sombra de la quiebra planeaba de nuevo sobre “la luz”. El principal acreedor, era la citada sociedad Sturges y Foley, con un crédito de 60.000 ptas. asegurado por la escritura del edificio y su maquinaria. En caso de liquidación definitiva de la sociedad, los ingleses creían tener las espaldas cubiertas, pero una de las cláusulas de concesión por parte del ayuntamiento, disponía que en caso de quiebra, el material y cuanto comprendiese a la instalación, quedaría a disposición del ayuntamiento, en concepto de propiedad, según los años transcurridos (habían firmado 50) y tras deducir los perjuicios que ocasionase la interrupción de suministro, abonarían el resto. Así que el asunto quedaba según la prensa local, entre el interés de los ingleses y el de “los hijos de la Armengola “, y por supuesto el ayuntamiento oriolano, debía defender a la población por encima de los de los accionistas por importantes que fueran. La visita del Señor Sturges, prometiendo remitir los contadores necesarios antes del mes de abril, tranquilizó a la junta directiva, pero no a los pequeños accionistas.

Por otra parte, el acaudalado Pío Wandosell, ya había adquirido el Molino de la Ciudad, y pronto comenzaría las obras para establecer un nuevo y moderno alumbrado eléctrico “de sol a sol”, aprovechando el hermoso salto de agua que allí existía. Se hicieron correr rumores interesados, de que la energía hidráulica, no sería suficiente para conseguir la fuerza motriz necesaria. Pero fueron acallados por la visita del prestigioso ingeniero Gustavo Boetticher , que comisionado por Wandosell, certificó la potencia en 500 caballos. Don Pío, tan pronto tuvo en sus manos la escritura de constitución, ordenó a sus representantes que comenzaran a apuntar abonados.

Mientras tanto, en junta general ordinaria, convocada el 9 de febrero de 1902 en los salones de la Unión Agrícola, los accionistas de “la luz” pedían la destitución de la directiva a la que exigieron responsabilidades. Sabían que la inmediata puesta en marcha de el Molino de la Ciudad, acabaría con toda esperanza de recuperación, así que lo mejor era salvar lo posible. Pío Wandosell, les hizo una oferta de compra de todas las acciones, en el deseo de evitar la competencia, pero no consiguió llegar a un acuerdo con Sturges y Foley, así que decidió “competir hasta aniquilar la sociedad La Luz”, eso sí manteniendo su oferta a precio razonable para cuantas acciones perteneciesen a modestos oriolanos, enfrentándose solo a los ingleses y sus amigos. Con esta decisión, quiso evitar el enojo de sus futuros clientes.


Sea como fuere, venció Wandosell, pues el 2 de Mayo de 1914 solicitaba el traspaso del alumbrado público de la sociedad “La luz” al Molino de la Ciudad. El ayuntamiento receloso, le exigió garantías de que la sequía estival o las inundaciones no iban a cortar el suministro, y José Ferrer Fuster, mecánico y constructor de maquinaria, tuvo que certificar que disponían de dos motores de gas suficientes para solucionar las posibles emergencias, así que el traspaso le fue concedido.

¿Y qué pasó con el edificio de “La luz”?. En Junio de 1929 era propiedad del municipio y ante la posibilidad de que el estado dejase de contribuir con el pago del alquiler de la casa cuartel de la Guardia Civil (la Casa del Paso), la corporación ofreció el desocupado edificio, para ser habilitado y destinado a dicho cuerpo. Esta circunstancia nunca llegó a materializarse, así que en febrero de 1930 decidieron deshacerse de él. El 22 de octubre de 1931, el nuevo ayuntamiento republicano desarrollaba una moción para su venta en las mejores condiciones posibles, “ya que no produce beneficio alguno y por el mal estado en que se encuentra”. Se acordó que fuese tasado por el maestro de obras del ayuntamiento para sacarlo a subasta. El asunto quedo paralizado y en septiembre de 1932, se ofrecía de nuevo al estado, esta vez para construir una nueva cárcel, a cambio de convertir la de la Carretera de Beniel en matadero. Tampoco prosperó la nueva propuesta así que en abril de 1937, tras ser valorado en 5.000 ptas. “debido a su estado ruinoso” se anunció la correspondiente subasta para su enajenación. La misma, tuvo lugar el 12 de junio y solamente concurrió un postor, Pascual Soriano Hellín, que tras pagar la fianza, presento un pliego cerrado ofreciendo la cantidad de 5.000 pesetas con 50 céntimos por la que se le adjudicó.

Finalizada la contienda, el 23 de agosto de 1939, el nuevo consistorio falangista, anulaba la subasta del edificio alegando defecto de forma y Pascual Soriano, ultimo alcalde republicano, fue declarado en paradero desconocido, quedando su fianza a beneficio del ayuntamiento. En Marzo de 1940, una instancia del rector del Colegio Santo Domingo, reclamaba “la demolición de determinadas obras realizadas por los rojos en la antigua fabrica de “La luz” que menoscabaron la propiedad respecto al huerto del colegio colindante con la fabrica”. En el verano de 1941 habían transcurrido mas de dos años “de la liberación” y el solar del desaparecido convento de Santa Lucía, se había convertido era un peligro para la higiene y en un atentado constante al ornato público. Jesús Botella Brotóns, propuso” la permuta del solar de las monjas de Santa Lucía cuya compra tiene concertada por el antiguo edificio de “La Luz” que tiene arrendado el Ayuntamiento mediante el abono de la diferencia de precio que arroje la peritación”. Cediéndoles el vetusto edificio, extramuros de la ciudad, darían a las religiosas, el albergue que necesitaban y “ se haría una justa y pública reparación a la ya nombrada comunidad de religiosas del acto vandálico cometido por los rojos, reduciendo a escombros su único patrimonio”.

Para ello solicitaron la oportuna autorización al Ministerio de la Gobernación y el 25 de Septiembre de 1941, el Gobernador Civil les anunció la imposibilidad de efectuar la permuta sin antes realizar un peritaje con la valoración de ambos inmuebles. Un mes después, el maestro de obras del Ayuntamiento, tasaba el edificio “Fabrica de la Luz” en 26.000 ptas. y el solar del convento de Santa Lucía en 24.385 ptas. La permuta se llevó a cabo, pero las religiosas dominicas, vendieron el edificio que permaneció como almacén de insecticidas y tras una profunda reforma, albergó la discoteca Momentos, antes de ser demolido en los años 90.