LOS CASINOS ORIOLANOS Y EL VÍNCULO DE PIZANA

 

 


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Antonio J. Mazón AlbarracínPincha en el nombre para enviar una nota al autor

El “Circulo Orcelitano”, precursor y germen del actual casino, se fundó en 1848 quedando inmortalizado en el plano de Coello que lo cita en su punto 16 localizándolo en la calle llamada del Ángel (actualmente López Pozas), esquina con la subida al puente. Concretamente estaba emplazado en el edificio que construyó Luis Abadía utilizando los terrenos resultantes de la demolición del viejo Ayuntamiento y que su viuda, Josefa Larranzi se vería obligada a malvender ese mismo año, para hacer frente a sus múltiples acreedores. Más tarde se trasladarían a la Puerta Nueva (actualmente paseo de Calvo Sotelo). Otra sociedad recreativa llamada “Casino Orcelitano”, se domiciliaba en la casa de Pizana en 1864 y acabaría sustituyendo a la posada del mismo nombre. Pero ¿quién era ese Pizana que titulaba casa y posada ?

En 1747, Luis Roca y Moncada había “principiado a construir y edificar una casa principal, en el sitio que estaban fundadas las pertenecientes a su mayorazgo, fronteras a las del mayorazgo de Gerónimo Pizana y Ruiz, posada incluida”. Con el propósito de hermosear el frontis y dar línea recta al edificio, pidió licencia al ayuntamiento y “principió el simiento de la fachada”. Pero el de Pizana, “salió en justicia, poniendo denunciación de nueva obra”, alegando perjuicios a sus casas.

Para evitar “costosos litigios, inquietudes y enemistades más dignas de reparo entre personas ilustres de tan cercano parentesco”, firmaron una concordia ante el escribano Juan Ramón de Rufete . En ella, Jerónimo aceptó retirar la demanda, permitiendo continuar la obra “sin embarazo alguno”. A cambio Don Luis, demolió una pequeña casa de su propiedad, sita al costado de levante de las de Pizana, quedando el solar a beneficio de ambas partes. Además el de Pizana, se comprometió de por vida a no elevar obra alguna, por encima de la alzada que entonces tenía, a fin de no impedir las vistas de la nueva y preciosa casa, la misma que hoy alberga el Hotel Tudemir.

A comienzos del siglo XIX, el mayorazgo de Pizana, estaba en manos del oriolano Gerónimo Pizana y Muñoz, Coronel de los Ejércitos Nacionales fallecido en 1820. Le sucedió en el vínculo Luis Manuel Pizana Ramírez, vecino de Madrid, heredando entre otras propiedades, la añeja posada y las casas números 2, 4 y 6 de la calle de los Hostales. En diciembre de 1840, compró a un cura de Lorca dos casas anexas a las suyas . El religioso actuaba como albacea testamentario de Francisca J. Molina Muro, viuda de Gerónimo García de Espejo, antes Pizana y Avellán. La primera casa esquinaba con el callejón y la segunda, muy descuidada estaba dentro del mismo. Así que a mediados de siglo, la manzana comprendida entre la calle de los Hostales, la del Puente Nuevo y el callejón del molino pertenecían a Luis Manuel Pizana. Aclarado un poco el linajudo origen de este apellido, continuaremos hablando de los casinos.

En 1868, desaparecía el “Círculo Orcelitano”, fusionado con el “Casino Orcelitano”, pero antes de terminar la centuria, nacería otra sociedad para el recreo de las clases dominantes. Si recuerdan el artículo sobre los andenes, publicado en el número 2 de esta revista, la versión oriolana del llamado pacto del Pardo entre Canovas y Sagasta, había devuelto la vara municipal al fusionista Francisco Ballesteros Villanueva a comienzos de 1886. De mala gana, el partido conservador encabezado por Matías Rebagliato y Pedro Ramón Mesples cedió el gobierno municipal, dejando en manos de Ballesteros las importantísimas obras de ensanche y modernización de la ciudad. Estas disputas políticas dividieron a la oligarquía oriolana, incapaz de continuar reuniéndose bajo el mismo techo, circunstancia de la que la prensa se hizo eco.

“ ¡ Lastima grande que la pícara política invadiéndolo todo, atice todavía la tea de la discordia y sostenga dos casinos en una población de escaso vecindario como es la nuestra, quitando a lo viejo, a lo que solo es de Orihuela, valiosos elementos únicamente separados en círculo aparte por el apasionamiento de los partidos ¡ ”

Se referían a un nuevo establecimiento recreativo llamado “Circulo de la Unión”. El también llamado “casino de la calle Mayor” , fue inaugurado con banda de música la mañana del sábado 17 de julio de 1886 , estaba presidido por el citado político conservador Pedro Ramón Mesples. A partir de entonces, ambas sociedades rivalizarían por organizar las más interesantes veladas musicales y las más concurridas fiestas.

A pesar de que algunos socios jóvenes del “Casino Orcelitano”, en un gesto de apertura, llegasen a proponer que se invitase a las oriolanas, para que los domingos por la tarde, después de terminado el paseo por la Glorieta, concurriesen a sus espaciosos salones , no pudieron evitar que el nuevo establecimiento, fuese adquiriendo cada vez más protagonismo, reflejado como es natural en los diarios.

“La fiesta de más grandes alcances celebrada en el domingo que finó anoche, fue el magnífico y brillantísimo baile del Circulo de la Unión, primero celebrado en tan elegante sociedad y digno de figurar en la crónica coreográfica de Orihuela. Puede estar orgulloso el novel círculo y sus socios satisfechos de haber llevado a cabo una fiesta cuyo esplendor honra sobremanera al casino de la calle Mayor”

Como hemos dicho, adyacente a la casa que albergaba el “Casino Orcelitano”, estaba el Hospedaje o Posada de Pizana, un añejo edificio que ocupaba de más de mil quinientos metros cuadrados de superficie, que el consistorio necesitaba derribar para el ensanche y alineamiento de la calle del Puente Nuevo, imprescindible para completar esa especie de arteria que enlazaría la estación con el centro comercial.

Fallecido Luis Manuel Pizana en 1875, el mayorazgo había pasado a manos de su única hija , María del Carmen Pizana del Castillo. El 30 de octubre de 1886, Ballesteros se encargaba personalmente de comprarle la Posada ante el notario de Murcia Juan de La Cierva Soto, con el fin de que “ la demoledora piqueta del material progreso, echase al suelo el vetusto edificio, esparciendo las ruinas de pasados siglos para que sobre sus restos se elevasen modernos edificios más en armonía con las leyes de la arquitectura moderna y de la urbana policía”, utilizando palabras de la prensa de la época.

El “Casino Orcelitano”, no desaprovechó la oportunidad que les brindaba el alcalde y en la junta general celebrada el 21 de noviembre de aquel año, se decidió por sugerencia de Antonio Aguilar, la compra del solar resultante y la construcción de un lujoso edificio que fuese propiedad de los socios, recuperando así el protagonismo perdido ante los del Círculo.

Dicho y hecho. En febrero de 1887 presentaron instancia en el ayuntamiento, junto a un bosquejo de proyecto y cuatro meses después, mientras se anunciaba la venta en pública subasta de los materiales procedentes de la demolida posada, el “Casino Orcelitano” subastaba a su vez la construcción del armazón de madera, “para la cubierta de la primera nevada” de su nuevo edificio . En agosto, la prensa ya elogiaba las obras proyectadas por Jaime Sánchez, ejecutadas por su hermano Francisco que había terminado el pórtico del nuevo casino, restándole tan solo para terminar la fachada, la colocación de los antepechos de las ventanas, para lo cual habían traído de Macael un buen numero de balaustres .

El 30 de mayo de 1888, Manuel Roca de Togores y Pérez de Meca, en calidad de presidente , adquirió ante notario por 10.000 pesetas, el solar de 966,50 m2, propiedad de Francisco Ballesteros, resultante de sustraer unos metros al terreno de la derribada posada, utilizados para ensanchar la antigua calle del Puente Nuevo, retitulada en septiembre de 1887 como calle de Loazes. En noviembre del mismo año solicitaron permiso para invadir la acera con una escalinata de mármol blanco y registraron el edificio ante notario , con una planta de 737 metros cuadrados y casi 230 de patio, el mismo que actualmente, más de un siglo después continua en pie y se está restaurando. En las instalaciones del Círculo de la Unión, se fundaría en 1928 “El Centro de Caballeros de Nuestra Señora de Monserrate y San Francisco de Borja”, de orientación ultra-conservadora, dirigido por el jesuita Pedro Isla.

Para terminar, mencionaremos de pasada el Callejón del Molino de Cox, que también fue reformado con motivo de estas obras. Habrán notado, que hasta ahora no habíamos usado el nombre “callejón del Molino de Cox”, la causa es que dicha calle no recibió su título completo hasta marzo de 1861, fecha en que la comisión del nomenclátor, dictaminó preocupada, que al callejón llamado del Molino se le podría designar como calle del Molino de Cox para evitar confundirla con otra calle de igual nombre que existía en el cuartel del Sud . A comienzos del siglo XIX, el molino harinero con cuatro piedras de moler que le daba nombre, pertenecía al Marquesado de Melgarejo, cuyo primer titular casó con la Señora de Cox y en 1876 era propiedad de Diego Marín Barnuevo, Señor de Cox y de la Condomina. El título de esta calle, se mantendría hasta que en 1984, se lo cambiaron por el del propietario del desaparecido Bar Zara, Antonio Rodríguez Egío “Macando”.