El
“Circulo Orcelitano”, precursor y germen del actual casino,
se fundó en 1848 quedando inmortalizado en el plano de Coello
que lo cita en su punto 16 localizándolo en la calle llamada
del Ángel (actualmente López Pozas), esquina con la subida
al puente. Concretamente estaba emplazado en el edificio que construyó
Luis Abadía utilizando los terrenos resultantes de la demolición
del viejo Ayuntamiento y que su viuda, Josefa Larranzi se vería
obligada a malvender ese mismo año, para hacer frente a sus múltiples
acreedores. Más tarde se trasladarían a la Puerta Nueva
(actualmente paseo de Calvo Sotelo). Otra sociedad recreativa llamada
“Casino Orcelitano”, se domiciliaba en la casa de Pizana
en 1864 y acabaría sustituyendo a la posada del mismo nombre.
Pero ¿quién era ese Pizana que titulaba casa y posada
?
En 1747, Luis Roca y Moncada había “principiado a construir
y edificar una casa principal, en el sitio que estaban fundadas las
pertenecientes a su mayorazgo, fronteras a las del mayorazgo de Gerónimo
Pizana y Ruiz, posada incluida”. Con el propósito de hermosear
el frontis y dar línea recta al edificio, pidió licencia
al ayuntamiento y “principió el simiento de la fachada”.
Pero el de Pizana, “salió en justicia, poniendo denunciación
de nueva obra”, alegando perjuicios a sus casas.
Para
evitar “costosos litigios, inquietudes y enemistades más
dignas de reparo entre personas ilustres de tan cercano parentesco”,
firmaron una concordia ante el escribano Juan Ramón de Rufete
. En ella, Jerónimo aceptó retirar la demanda, permitiendo
continuar la obra “sin embarazo alguno”. A cambio Don Luis,
demolió una pequeña casa de su propiedad, sita al costado
de levante de las de Pizana, quedando el solar a beneficio de ambas
partes. Además el de Pizana, se comprometió de por vida
a no elevar obra alguna, por encima de la alzada que entonces tenía,
a fin de no impedir las vistas de la nueva y preciosa casa, la misma
que hoy alberga el Hotel Tudemir.
A comienzos del siglo XIX, el mayorazgo de Pizana, estaba en manos
del oriolano Gerónimo Pizana y Muñoz, Coronel de los Ejércitos
Nacionales fallecido en 1820. Le sucedió en el vínculo
Luis Manuel Pizana Ramírez, vecino de Madrid, heredando entre
otras propiedades, la añeja posada y las casas números
2, 4 y 6 de la calle de los Hostales. En diciembre de 1840, compró
a un cura de Lorca dos casas anexas a las suyas . El religioso actuaba
como albacea testamentario de Francisca J. Molina Muro, viuda de Gerónimo
García de Espejo, antes Pizana y Avellán. La primera casa
esquinaba con el callejón y la segunda, muy descuidada estaba
dentro del mismo. Así que a mediados de siglo, la manzana comprendida
entre la calle de los Hostales, la del Puente Nuevo y el callejón
del molino pertenecían a Luis Manuel Pizana. Aclarado un poco
el linajudo origen de este apellido, continuaremos hablando de los casinos.
En
1868, desaparecía el “Círculo Orcelitano”,
fusionado con el “Casino Orcelitano”, pero antes de terminar
la centuria, nacería otra sociedad para el recreo de las clases
dominantes. Si recuerdan el artículo sobre los andenes, publicado
en el número 2 de esta revista, la versión oriolana del
llamado pacto del Pardo entre Canovas y Sagasta, había devuelto
la vara municipal al fusionista Francisco Ballesteros Villanueva a comienzos
de 1886. De mala gana, el partido conservador encabezado por Matías
Rebagliato y Pedro Ramón Mesples cedió el gobierno municipal,
dejando en manos de Ballesteros las importantísimas obras de
ensanche y modernización de la ciudad. Estas disputas políticas
dividieron a la oligarquía oriolana, incapaz de continuar reuniéndose
bajo el mismo techo, circunstancia de la que la prensa se hizo eco.
“ ¡ Lastima grande que la pícara política
invadiéndolo todo, atice todavía la tea de la discordia
y sostenga dos casinos en una población de escaso vecindario
como es la nuestra, quitando a lo viejo, a lo que solo es de Orihuela,
valiosos elementos únicamente separados en círculo aparte
por el apasionamiento de los partidos ¡ ”
Se
referían a un nuevo establecimiento recreativo llamado “Circulo
de la Unión”. El también llamado “casino de
la calle Mayor” , fue inaugurado con banda de música la
mañana del sábado 17 de julio de 1886 , estaba presidido
por el citado político conservador Pedro Ramón Mesples.
A partir de entonces, ambas sociedades rivalizarían por organizar
las más interesantes veladas musicales y las más concurridas
fiestas.
A pesar de que algunos socios jóvenes del “Casino Orcelitano”,
en un gesto de apertura, llegasen a proponer que se invitase a las oriolanas,
para que los domingos por la tarde, después de terminado el paseo
por la Glorieta, concurriesen a sus espaciosos salones , no pudieron
evitar que el nuevo establecimiento, fuese adquiriendo cada vez más
protagonismo, reflejado como es natural en los diarios.
“La fiesta de más grandes alcances celebrada en el domingo
que finó anoche, fue el magnífico y brillantísimo
baile del Circulo de la Unión, primero celebrado en tan elegante
sociedad y digno de figurar en la crónica coreográfica
de Orihuela. Puede estar orgulloso el novel círculo y sus socios
satisfechos de haber llevado a cabo una fiesta cuyo esplendor honra
sobremanera al casino de la calle Mayor”
Como
hemos dicho, adyacente a la casa que albergaba el “Casino Orcelitano”,
estaba el Hospedaje o Posada de Pizana, un añejo edificio que
ocupaba de más de mil quinientos metros cuadrados de superficie,
que el consistorio necesitaba derribar para el ensanche y alineamiento
de la calle del Puente Nuevo, imprescindible para completar esa especie
de arteria que enlazaría la estación con el centro comercial.
Fallecido Luis Manuel Pizana en 1875, el mayorazgo había pasado
a manos de su única hija , María del Carmen Pizana del
Castillo. El 30 de octubre de 1886, Ballesteros se encargaba personalmente
de comprarle la Posada ante el notario de Murcia Juan de La Cierva Soto,
con el fin de que “ la demoledora piqueta del material progreso,
echase al suelo el vetusto edificio, esparciendo las ruinas de pasados
siglos para que sobre sus restos se elevasen modernos edificios más
en armonía con las leyes de la arquitectura moderna y de la urbana
policía”, utilizando palabras de la prensa de la época.
El “Casino Orcelitano”, no desaprovechó la oportunidad
que les brindaba el alcalde y en la junta general celebrada el 21 de
noviembre de aquel año, se decidió por sugerencia de Antonio
Aguilar, la compra del solar resultante y la construcción de
un lujoso edificio que fuese propiedad de los socios, recuperando así
el protagonismo perdido ante los del Círculo.
Dicho y hecho. En febrero de 1887 presentaron instancia en el ayuntamiento,
junto a un bosquejo de proyecto y cuatro meses después, mientras
se anunciaba la venta en pública subasta de los materiales procedentes
de la demolida posada, el “Casino Orcelitano” subastaba
a su vez la construcción del armazón de madera, “para
la cubierta de la primera nevada” de su nuevo edificio . En agosto,
la prensa ya elogiaba las obras proyectadas por Jaime Sánchez,
ejecutadas por su hermano Francisco que había terminado el pórtico
del nuevo casino, restándole tan solo para terminar la fachada,
la colocación de los antepechos de las ventanas, para lo cual
habían traído de Macael un buen numero de balaustres .
El 30 de mayo de 1888, Manuel Roca de Togores y Pérez de Meca,
en calidad de presidente , adquirió ante notario por 10.000 pesetas,
el solar de 966,50 m2, propiedad de Francisco Ballesteros, resultante
de sustraer unos metros al terreno de la derribada posada, utilizados
para ensanchar la antigua calle del Puente Nuevo, retitulada en septiembre
de 1887 como calle de Loazes. En noviembre del mismo año solicitaron
permiso para invadir la acera con una escalinata de mármol blanco
y registraron el edificio ante notario , con una planta de 737 metros
cuadrados y casi 230 de patio, el mismo que actualmente, más
de un siglo después continua en pie y se está restaurando.
En las instalaciones del Círculo de la Unión, se fundaría
en 1928 “El Centro de Caballeros de Nuestra Señora de Monserrate
y San Francisco de Borja”, de orientación ultra-conservadora,
dirigido por el jesuita Pedro Isla.
Para terminar, mencionaremos de pasada el Callejón del Molino
de Cox, que también fue reformado con motivo de estas obras.
Habrán notado, que hasta ahora no habíamos usado el nombre
“callejón del Molino de Cox”, la causa es que dicha
calle no recibió su título completo hasta marzo de 1861,
fecha en que la comisión del nomenclátor, dictaminó
preocupada, que al callejón llamado del Molino se le podría
designar como calle del Molino de Cox para evitar confundirla con otra
calle de igual nombre que existía en el cuartel del Sud . A comienzos
del siglo XIX, el molino harinero con cuatro piedras de moler que le
daba nombre, pertenecía al Marquesado de Melgarejo, cuyo primer
titular casó con la Señora de Cox y en 1876 era propiedad
de Diego Marín Barnuevo, Señor de Cox y de la Condomina.
El título de esta calle, se mantendría hasta que en 1984,
se lo cambiaron por el del propietario del desaparecido Bar Zara, Antonio
Rodríguez Egío “Macando”.