MUÑOZ, DE ROJAS Y LA MANCEBÍA

 

 


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Antonio J. Mazón AlbarracínPincha en el nombre para enviar una nota al autor
(Con la imprescindible colaboración de Jorge Belmonte Bas)

Tras los fracasos experimentados en el intento de expulsar a las prostitutas de las ciudades, los poderes públicos decidieron limitar su actuación a espacios acotados dentro del recinto urbano. Para evitar escándalos, los burdeles se circunscribían a determinados barrios situados en las afueras y estos lugares eran llamados mancebías. Este es el origen del nombre de la calle de la Mancebería que también se citó como del Burdel, al igual que el portal que le daba término, nombrado por Bellot con motivo de la construcción de un abrevador junto a él en 1447 .

Arrendado por el propio Consell, el producto de dicho burdel, se destinaba al mantenimiento de la muralla y a otros fines de interés social, quedando prohibido el ejercicio de la prostitución en el resto del término oriolano. A pesar de la voluntad de relegarlo a una zona alejada del núcleo, con la progresiva expansión del arrabal de San Agustín, acabó muy próximo al nuevo centro de la ciudad.

Cada ayuntamiento redactaba su propia normativa en materia de lenocinio y gracias a la descripción que nos ofrece Rufino Gea y que reproducimos textualmente, podemos acercarnos al contenido de dichas ordenanzas en Orihuela:

“El antiguo burdel estaba situado en la antigua calle que se llamó de la Mancebía o Mancebería y hoy de Muñoz, esquina al callejón del Rodeo. Las pecadoras tenían obligación de usar prendas de vestir que las distinguieran de las mujeres honradas, y no podían concurrir a las iglesias con manto, sino con mantilla precisamente de tres palmos; estaban sujetas a reglamento, y a la que faltaba a sus disposiciones o escandalizaba públicamente, era emplumada en la plaza mayor o se le daba una carrera de azotes. Las dejaban en pelota, las embadurnaban la piel de engrudo o cola y las echaban a un largo cajón lleno de plumas, en donde las revolcaban para que les cubriesen todo el cuerpo, obligándolas después a recorrer la plaza y calles, con gran regocijo de la multitud que alborotada las seguía ”.

En el centro de la calle, permanece el callejón llamado del Rodeo, entrada oficiosa utilizada por los que se recataban para acudir al Burdel y llegando hasta la iglesia de San Agustín daban un rodeo, evitando así ser vistos en tan comprometida situación.

La calle de la Mancebería no se terminó de urbanizar con las dimensiones actuales hasta mediados del siglo XVIII. Pasando el callejón se erigía la tapia del huerto de San Agustín hasta que en febrero de 1729, en la sala prioral de dicho convento, reunidos los frailes, “congregados a son de campana tañida como era costumbre”, vendieron al escribano Joseph Bruña 70 palmos de tierra de su huerto que por tramontana miraban a la “Manseveria”, para fabricar ocho casas con puertas a dicha calle, situadas entre las últimas casas y las tapias del Camino de Cartagena y el de Beniel . Seis años después, ante el incumplimiento del promotor que seguía sin comenzar la construcción, recuperaron su terreno y lo vendieron en ocho parcelas, escrituradas individualmente, con la condición de que entre todos rehiciesen la pared del huerto y sus aguas vertieran hacia la “Manseveria” .

Conservó su titulación hasta el año 1879, pasando a llamarse de Muñoz. El 15 de octubre de ese mismo año, tuvo lugar una brutal riada que paso a la historia de nuestras desgracias como la de Santa Teresa. Sus devastadores efectos, se sintieron en toda la Vega del Segura y del Guadalentín, afectando entre otras ciudades a Orihuela, Murcia, Lorca, y Cartagena, provocando numerosas victimas y terribles destrozos en cultivos y viviendas. Y en esas apareció José María Muñoz y Bajo de Mengibar.
Este maduro hombre de negocios, (tenía 68 años) enriquecido por las minas, era natural de Cabezuela, provincia de Cáceres y residía en Alicante en el año 1879. Pasó a la historia de la filantropía al repartir una fortuna entre las familias mas afectadas en diversas localidades. En nuestra ciudad entregó dos millones de reales a cien familias y en Murcia casi tres millones y medio a ciento cincuenta, escogidas entre las más perjudicadas. Pidió como única condición que sus donativos no se mezclasen con ningún otro. El 23 de octubre de ese mismo año, fue nombrado hijo adoptivo de Orihuela y se le otorgó su nombre a nuestra vieja Mancebería. Tres días después llegó acompañado de las autoridades provinciales. Tras una pomposa ceremonia con bandas de música, el obispo repartió el dinero mientras el Sr. Muñoz, saludaba desde los balcones del ayuntamiento a la muchedumbre allí congregada. Nombrado Benemérito de la provincia, un año después el pueblo de Orihuela le tituló héroe de la caridad, colocándole una corona de plata bendecida por el obispo con la inscripción: “Al insigne Sr. Muñoz por su generoso desprendimiento en 27 de Octubre. Orihuela agradecida”.
En Junio de 1886, el Ministro de la Gobernación, a petición de una comisión creada para erigirle un monumento, comunicaba el envío de una estatua. Pronto comenzaron los preparativos para alojarla en un digno pedestal, así que durante todo el verano, el monumento a Muñoz, fue tema de la prensa local:

“Vista la instancia dirigida a este ministerio con fecha 26 de Mayo, se ha puesto a disposición de la municipalidad de Orihuela, una estatua de bronce para perpetuar la memoria del Excmo. Sr. D. José María Muñoz, que tanto contribuyó con su donativo a aliviar la situación de los perjudicados en la inundación del 15 de octubre de 1879..... El ser ingrato es un crimen. La gratitud, es una ley; y nosotros haciéndonos intérpretes del sentimiento público, enviamos al ilustre patricio, el testimonio de nuestra gratitud, en nombre de los pobres que socorrió en aquella terrible y aterradora fecha..... Recibida en la Alcaldía la Real Orden, autorizando al Ayuntamiento para colocar en la Plaza de la Constitución (actual Plaza Nueva) la estatua del Excmo. Sr. Muñoz, la comisión, ha acordado sacar a publica subasta el 29 de los corrientes de 10 a 10 y media de la mañana, las obras de cantería que han de formar el pedestal sobre que descanse la estatua de dicho señor, con arreglo al pliego de condiciones expuesto en la Alcaldía......... Tan pronto como empiecen las obras de colocación de la estatua de Muñoz, se trasladará la farola que hoy existe en la plaza de la Constitución a la Plaza de Monserrate..... La estatua recuerda perfectamente la personalidad del ilustre caritativo, y aun tiene una modesta actitud que cae bien en la figura de aquel venerable anciano. Lo que tiene de extraño lo produce la levita, que es traje sin ninguna condición estética ”.
Por fin en 1887, la estatua de bronce quedó instalada en la Plaza de la Constitución, rodeada de un jardincillo frente al ayuntamiento. Había sido fundida en Santander junto a otras tres idénticas, enviadas a Murcia (instalada en el Malecón), Alicante y Cuevas de Vera. Pero poco a poco se fue enfriando la memoria y antes de terminar la centuria el emplazamiento de nuestro “Campeón de la Caridad”, estaba bastante deteriorado.
“La estatua de D. José maría Muñoz se encuentra en lamentabilísimo estado. ¡Que abandono! Ya no queda ni señal de que allí ha existido un jardincito muy bien arreglado. De la verja que rodea al Sr. Muñoz, han desaparecido la mayor parte de los barrotes. Aquello se ha quedado exclusivamente para que los chiquillos se entreguen a sus entretenimientos inocentes” .
El 29 de Septiembre del año 1900, el ayuntamiento decidió sustituir el monumento por una fuente pública y trasladar al Señor Muñoz a la Plaza de la Pía (actualmente Marqués de Rafal), “sitio conceptuado más a propósito dada la anchura de dicha plaza y que está en el centro de la ciudad”. Pero al llevar a ejecución dicho acuerdo, comprobaron que esa plaza era relativamente estrecha para albergar estatua, pedestal y verja, teniendo en cuenta que en ella se celebraba semanalmente el mercado de aves. Así que en sesión del 10 de noviembre tras considerar inapropiado este emplazamiento, nuestro filántropo acabó en la de Monserrate, “la más capaz de la ciudad, después de la de la Constitución” donde todavía permanece. En su pedestal, pueden leerse las localidades favorecidas con su ayuda.
La última titulación de la popular Mancebería, fue sin embargo para nosotros la más costosa de averiguar. Luis de Rojas era un perfecto desconocido; que sí un falangista, que sí un fusilado... Fue la localización de su hija, que gustosamente nos recibió en su casa de Campello, lo que nos permitió conocer a este efímero personaje oriolano.

Luis De Rojas García, nació en Valencia el 9 de abril de 1903. Segundo hijo del Marques de Algorfa, estudió derecho en Deusto. En sus estancias en Algorfa, conoció a Mercedes Brotons Fraile, hija de un próspero comerciante oriolano, que veraneaba en Montesinos. Se casaron en 1927 y tras un corto periodo en Alicante se domiciliaron en Orihuela, donde fue nombrado Jefe local de los requetés. Residió inicialmente en la Plaza Caturla, trasladándose pronto a la calle Mayor, concretamente al edificio cuyos bajos albergan actualmente la ferretería de Mateo Gil. Aficionado a la historia y la heráldica, apenas ejerció como abogado. El 30 de agosto de 1936 fue detenido en Alicante por una partida de milicianos en una finca llamada “Jardín del Conde”, propiedad de su padre. Secuestrado en un vehículo de la UGT, su cuerpo apareció tiroteado y quemado con gasolina en un paraje situado en la partida del Molar (Elche).

El 15 de Octubre de 1940, con el fin de testimoniar el reconocimiento que Orihuela debía “al elemento civil a Falange, a los tradicionalistas y a los militares que dieron sus vidas por Dios y por España” se acordó llamar entre otras, a la calle de Muñoz, Luis de Rojas.